Ártico

Un hallazgo en el Ártico obliga a los investigadores a replantearse cómo está cambiando uno de los ecosistemas más frágiles del planeta

Un hallazgo en el Ártico obliga a los investigadores a replantearse cómo está cambiando uno de los ecosistemas más frágiles del planeta

El deshielo del Ártico suele asociarse a la pérdida de hielo marino, el aumento del nivel del mar y las consecuencias del cambio climático. Sin embargo, el retroceso del permafrost también está permitiendo acceder a restos biológicos que permanecieron congelados durante cientos de miles de años. Estos hallazgos ofrecen una oportunidad excepcional para reconstruir ecosistemas desaparecidos y comprender cómo evolucionaron las especies que habitaron el extremo norte del planeta mucho antes de la aparición de las civilizaciones humanas.

Gracias a las técnicas actuales de secuenciación genética, incluso restos considerados poco relevantes pueden convertirse en auténticos archivos del pasado. Uno de los descubrimientos más llamativos procede del territorio del Yukón, en Canadá, donde un equipo internacional ha analizado antiguos coprolitos, es decir, excrementos fosilizados de ardillas terrestres conservados en el permafrost. El estudio demuestra que estos restos contienen ADN ambiental extraordinariamente bien preservado, capaz de revelar información sobre plantas, animales, microorganismos e incluso grandes mamíferos que compartieron aquellos ecosistemas hace cientos de miles de años.

El deshielo del Ártico revela un archivo genético de hace 700.000 años

La investigación abre una nueva vía para estudiar la historia natural del Ártico y pone de manifiesto el enorme valor científico de unos materiales que hasta hace poco apenas despertaban interés fuera del ámbito de la paleontología. El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, se centra en antiguas madrigueras de ardillas terrestres del género Urocitellus preservadas por el frío permanente del Yukón. En su interior permanecían coprolitos depositados durante distintas etapas geológicas, algunos con una antigüedad aproximada de 700.000 años.

Las bajas temperaturas y la estabilidad del permafrost han permitido conservar fragmentos de ADN con una calidad excepcional. Mientras que normalmente el material genético se degrada con relativa rapidez, las condiciones extremas del Ártico han actuado como un gigantesco congelador natural capaz de proteger información biológica durante un periodo extraordinariamente largo.

Según explican los investigadores, estos depósitos constituyen una fuente complementaria al ADN obtenido de huesos o sedimentos, ya que ofrecen una imagen mucho más amplia del ecosistema existente en cada momento.

Mucho más que restos de ardillas

Aunque los coprolitos pertenecían a ardillas terrestres, el análisis genético reveló una enorme diversidad de organismos. Entre los restos identificados aparecieron plantas, insectos, hongos, bacterias y diferentes especies de grandes mamíferos que compartían el paisaje del este de Beringia durante el Pleistoceno.

Los científicos lograron reconstruir múltiples genomas mitocondriales pertenecientes no solo a las propias ardillas, sino también a liebres, bisontes esteparios, caballos y mamuts. Este nivel de conservación resulta especialmente llamativo porque demuestra que los coprolitos funcionan como auténticas cápsulas del tiempo capaces de almacenar información genética de numerosos organismos presentes en el entorno.

Además, el estudio identificó sobre el Ártico refleja un antiguo linaje de ardilla terrestre desconocido hasta ahora, cuya existencia antecede a la diversificación de varios grupos actuales.

Una nueva herramienta para reconstruir ecosistemas

El hallazgo supone un importante avance para la paleogenómica, disciplina que estudia el ADN antiguo con el objetivo de reconstruir la evolución de especies y ecosistemas desaparecidos.

Hasta hace pocos años, gran parte de estos estudios dependía del análisis de huesos excepcionalmente conservados. Sin embargo, la investigación demuestra que otros materiales, como los coprolitos preservados en permafrost, también pueden contener cantidades muy elevadas de información genética.

Los autores verificaron cuidadosamente la autenticidad del ADN mediante diferentes controles, analizando los patrones característicos de degradación molecular y comparando los resultados con otras muestras regionales. Todo ello permitió descartar una contaminación significativa y confirmar que el material genético pertenecía realmente a organismos antiguos.

La Universidad de Copenhague, referente internacional en investigación sobre ADN antiguo, y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva han desarrollado durante los últimos años numerosos trabajos que respaldan el enorme potencial de estas técnicas para reconstruir la historia evolutiva de especies extinguidas y comprender mejor los cambios ambientales ocurridos durante el Cuaternario.

Qué relación tiene con el deshielo del Ártico

Paradójicamente, muchos de estos descubrimientos solo son posibles porque el calentamiento global está alterando el permafrost. A medida que el suelo helado pierde estabilidad, algunos de los restos permanecen expuestos durante un tiempo limitado antes de comenzar a deteriorarse rápidamente.

Esto convierte el trabajo de los investigadores en una auténtica carrera contra el tiempo. Recuperar las muestras antes de que sufran daños irreversibles resulta fundamental para conservar una información científica única. Al mismo tiempo, los especialistas recuerdan que el deshielo representa una grave amenaza ambiental. La liberación de carbono almacenado durante milenios, la alteración de ecosistemas árticos y la pérdida de biodiversidad continúan siendo algunas de las principales consecuencias del aumento de las temperaturas.

La capacidad de recuperar ADN de hace 700.000 años cambia la forma en que los científicos estudian la historia natural del planeta. Estos archivos biológicos permiten reconstruir comunidades enteras de organismos, seguir la evolución de distintas especies y conocer cómo respondieron los ecosistemas a antiguos cambios climáticos.

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