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Un estudio suizo cambia todo lo que sabíamos sobre las personas que viven más de 100 años

100 años
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Científicos de la Universidad de Ginebra y la Universidad de Lausana, en el marco del proyecto «SWISS100» analizaron muestras de sangre de personas de tres grupos de edad (centenarios, octogenarios y adultos de entre 30 y 60 años), y los resultados cuestionan la idea de que el envejecimiento sea un declive constante e inevitable. Los investigadores encontraron 37 proteínas en los centenarios que se asemejan mucho a las halladas en personas más jóvenes, especialmente aquellas relacionadas con un bajo estrés oxidativo.

Algunas de estas proteínas participan en el mantenimiento de la matriz extracelular, mientras que otras podrían ayudar a proteger contra el desarrollo de tumores o regular el metabolismo de las grasas y los azúcares. Los hallazgos, publicados en Aging Cell, forman parte de un proyecto más amplio liderado por Daniela Jopp en la UNIL, que combina sociología, psicología, medicina y biología para comprender mejor la longevidad. La investigación biológica, dirigida por Karl-Heinz Krause, se centra en los rasgos moleculares que distinguen a los centenarios.

El ‘secreto’ de las personas que viven más de 100 años

El estudio incluyó a 39 centenarios (de entre 100 y 105 años, de los cuales el 85 % eran mujeres), 59 octogenarios y 40 adultos más jóvenes (de entre 30 y 60 años). «Los octogenarios permiten un análisis más detallado de cómo evolucionan ciertos marcadores sanguíneos a lo largo de la vida y ayudan a distinguir el envejecimiento normal del envejecimiento excepcional de los centenarios», explica el investigador.

Los científicos midieron 724 proteínas en las muestras de sangre, incluyendo 358 relacionadas con la inflamación y 366 con la salud cardiovascular. «De estas 724 proteínas, 37 arrojaron un resultado realmente notable» afirma Flavien Delhaes. «Entre los centenarios, los perfiles de estas 37 proteínas se asemejan más a los del grupo más joven que a los de los octogenarios. Esto representa aproximadamente el 5 % de las proteínas medidas, lo que sugiere que los centenarios no escapan por completo al envejecimiento, pero que ciertos mecanismos clave se ralentizan significativamente».

Cinco de estas proteínas estaban relacionadas con el estrés oxidativo, un proceso impulsado por radicales libres que puede acelerar el envejecimiento. Los radicales libres suelen surgir de la inflamación crónica, donde las células inmunitarias los producen para combatir amenazas, o de mitocondrias disfuncionales que liberan un exceso de moléculas dañinas.

«¿Los centenarios producen menos radicales libres o tienen una defensa antioxidante más potente? La respuesta es muy clara: los centenarios tienen niveles significativamente más bajos de proteínas antioxidantes que la población geriátrica promedio. A primera vista, esto parece contradictorio, pero en realidad indica que, dado que los niveles de estrés oxidativo son significativamente más bajos en nuestros centenarios, tienen menos necesidad de producir proteínas antioxidantes para defenderse de él».

Menos trastornos metabólicos y menos inflamación

El estudio también reveló que las proteínas implicadas en el mantenimiento de la matriz extracelular presentan niveles más propios de la juventud en los centenarios, mientras que algunas podrían contribuir a la protección contra el cáncer. Las proteínas relacionadas con el metabolismo de las grasas suelen aumentar con la edad, pero este incremento es mucho menor en los centenarios. Los niveles de interleucina-1 alfa, una proteína inflamatoria clave, también son más bajos en este grupo.

Otro hallazgo importante se refiere a la proteína DPP-4, que degrada el GLP-1, una hormona que estimula la producción de insulina y se utiliza en tratamientos para la diabetes y la obesidad. En los centenarios, la DPP-4 se conserva en buen estado. «Al degradar el GLP-1, la DPP-4 ayuda a mantener niveles de insulina relativamente bajos, lo que podría protegerlos contra el hiperinsulinismo y el síndrome metabólico», explicó Delhaes. «Éste también es un mecanismo contraintuitivo, que sugiere que los centenarios mantienen un buen equilibrio glucémico sin necesidad de producir grandes cantidades de insulina».

En general, los resultados sugieren que la longevidad está relacionada con un metabolismo equilibrado más que con una mayor actividad física. A largo plazo, estos hallazgos podrían ayudan a encontrar nuevos enfoques terapéuticos para combatir la fragilidad en la población anciana.

«Por ahora, nuestro estudio subraya la importancia de un estilo de vida saludable, algo que todos podemos poner en práctica. Dado que el componente genético de la longevidad representa solo alrededor del 25%, el estilo de vida durante la edad adulta es un factor clave: nutrición, actividad física y relaciones sociales. Por ejemplo, comer una pieza de fruta por la mañana puede reducir el estrés oxidativo en la sangre a lo largo del día. La actividad física ayuda a mantener la matriz extracelular en un estado más juvenil. Y evitar el exceso de peso también contribuye a preservar un metabolismo saludable, similar al que se observa en los centenarios», concluyen los autores.

Finalmente, cabe señalar que, según un estudio de la Universidad de Boston, que ha seguido a cientos de personas centenarias y a sus familias desde 1995, se ha observado que alrededor del 50% de quienes alcanzan los 100 años deben su longevidad principalmente a factores genéticos, un porcentaje que puede aumentar hasta el 75% en el caso de quienes superan los 106 años.

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