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Muchos historiadores no lo saben pero la villa medieval mejor conservada del mundo no está en Francia ni Alemania si no que es española

villa medieval
Blanca Espada

Ahora que se acerca el otoño, uno de los mejores planes de fin de semana es hacer una escapada por alguno de los pueblos medievales de España. Y lo cierto es tenemos donde elegir. De hecho, para pasear entre murallas y edificios con siglos de historia no tenemos que viajar hasta la francesa Carcasona o la alemana Rothenburg ob der Tauber sino que en España tenemos una amplia variedad y uno de ellos está muy conservado y además, tiene la distinción de ser uno de los pueblos más bonitos de España.

Se trata de la villa medieval de Pedraza, en Segovia de la que buena parte de su pasado todavía se conserva, y continúa a la vista. De hecho nada más llegar hay algo que llama la atención, y es que para entrar al casco antiguo hay que cruzar la Puerta de la Villa. A partir de ahí, el recorrido discurre entre calles de piedra, casonas antiguas y fachadas con escudos. Incluso se conservan también restos de la muralla. Y por encima de todo ello, el castillo.

Pedraza, la villa medieval mejor conservada del mundo

Pedraza es pequeña, por lo que una mañana puede ser suficiente para recorrer su casco histórico. Sin embargo, el hecho de que tenga unas dimensiones reducidas no significa que haya poco que ver. De hecho, sorprende encontrarse tantos edificios y rincones históricos concentrados en apenas unas calles. Su valor se reconoció oficialmente hace ya más de siete décadas: en 1951 su casco histórico fue declarado Conjunto Monumental. Aunque la Pedraza que vemos hoy tiene siglos de historia a sus espaldas, sus orígenes son todavía más antiguos.

De hecho, junto al castillo aparecieron restos de cerámica que se han relacionado con la presencia de población celtibérica hacia el siglo IV a. C. También existen evidencias de ocupación romana. Sin embargo, buena parte de la configuración que hoy identificamos con Pedraza comenzó a desarrollarse después de la Reconquista. La villa quedó integrada entonces en las comunidades de villa y tierra con las que se organizaron y repoblaron los territorios castellanos.

Más adelante, Pedraza estuvo vinculada a los Velasco, una de las familias más importantes de Castilla. Y ese pasado todavía se ve al caminar por Pedraza. En algunas de sus casas siguen presentes los antiguos escudos y blasones de quienes vivieron en ellas.

Cuando las ovejas merinas hicieron rica a Pedraza

Resulta difícil imaginarlo al verla hoy, pero Pedraza tuvo una importante actividad económica. Su gran época llegó durante los siglos XVI y XVII y tuvo mucho que ver con la ganadería. La protagonista fue la oveja merina. La lana castellana tenía entonces una enorme demanda y llegaba a importantes centros textiles europeos. La riqueza generada por aquel comercio atrajo a ganaderos y familias acomodadas, que levantaron muchas de las casonas que todavía pueden verse al pasear por sus calles.

Después llegaron tiempos peores. Con la crisis de la ganadería llegó también el declive de la villa y muchas de sus casas terminaron vacías. La situación empezó a cambiar en los años 60. Fue entonces cuando algunas de aquellas casas abandonadas encontraron nuevos propietarios, muchos llegados de las ciudades, que las restauraron para pasar allí fines de semana y vacaciones. Aquello terminó siendo decisivo para el pueblo. En 1996, Europa Nostra reconoció la recuperación de Pedraza y la rehabilitación respetuosa de sus antiguos edificios.

 

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La Plaza Mayor y el castillo

Todas las calles parecen acabar llevando hasta ella. La Plaza Mayor de Pedraza no tiene el trazado perfectamente regular de otras plazas históricas españolas y posiblemente ahí esté parte de su encanto. La rodean soportales y antiguas casas de los siglos XVI y XVII. Puedes ver balcones, fachadas de piedra y escudos que delatan el pasado noble de algunos de sus propietarios.

La Plaza Mayor tiene además una función bastante curiosa. Cuando Pedraza celebra sus fiestas patronales en septiembre, se prepara para acoger los tradicionales festejos taurinos, una costumbre que viene de siglos atrás. A pocos pasos está la iglesia de San Juan y, algo más arriba, espera el castillo.

De hecho el castillo de Pedraza se levanta en uno de los puntos más altos de la villa y el edificio que vemos ahora es fruto de distintas reformas realizadas con el paso de los siglos. En 1926, el pintor Ignacio Zuloaga decidió comprarlo y por aquel entonces, su interior no se encontraba precisamente en buenas condiciones. Restauró una de sus torres e instaló allí su taller. Con el tiempo, el edificio quedó estrechamente ligado a la figura del artista y llegó a albergar un museo dedicado a su obra.

Una villa a la que se entraba por una sola puerta

La Puerta de la Villa era el acceso al interior del recinto amurallado. Sobre ella continúa visible el escudo de los Fernández de Velasco, señores de Pedraza durante varios siglos. Justo al lado se encuentra la antigua cárcel que se puede visitar y permite conocer cómo funcionaba una prisión castellana siglos atrás. También quedan partes de la muralla y otros elementos defensivos, entre ellos el Pozo de las Hontanillas.

Y después de la visita toca comer. En Pedraza y sus alrededores mandan los platos castellanos, con tres nombres que destacan especialmente: judiones, cochinillo y lechazo asado. A todo ello se suma otro reconocimiento: Pedraza entró en 2014 en la lista de Los Pueblos Más Bonitos de España. Su aspecto actual es el resultado de siglos de historia y de un largo proceso de recuperación de edificios que estuvieron incluso cerca de desaparecer. Quizá por eso la sensación al entrar es tan particular.

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