CRÍTICA

‘El hijo de la cómica’ con José Sacristán: regalo a la memoria colectiva de un oficio no siempre agradecido

La obra, que se ha representado en el Auditórium de Palma, rinde homenaje a Fernando Fernán-Gómez desde sus memorias

josé sacristán
El actor José Sacristán, protagonista de la obra 'El hijo de la cómica'.

En 2018, José Sacristán estrenó el monólogo Señora de rojo sobre fondo gris, basado en la novela homónima de Miguel Delibes, con fuerte carga biográfica. La intención de Sacristán era retirarse después de la gira que le acercó -entre otros lugares- al Auditórium de Palma. Ha regresado y nada hay de casual en ello. El hijo de la cómica comenzó a fraguarse en 2021, año del centenario del nacimiento de Fernando Fernán Gómez; también de la gira de despedida de los escenarios que pensaba regalarse José Sacristán.

De hecho, El hijo de la cómica nace como una lectura dramatizada y, como tal, se viene representando, solo que con un único intérprete que se desdobla permanentemente. Me gusta pensar que en origen es el trabajo de un autor-director, que presenta en sociedad un trabajo de introspección, antes que ser abiertamente el homenaje de un actor del landismo, que fue a cruzarse en la transición con un icono de la escena que le marcará para siempre. 

La base argumental está en la autobiografía de Fernando Fernán Gómez, El tiempo amarillo, publicada en 1990. José Sacristán se centra en el período 1921-1943, extrayendo de la infancia y primera juventud de Fernán Gómez los rasgos claves que irán definiendo su personalidad, y da la impresión de no descartar ver llegar el día en que El hijo de la cómica suba a las tablas como producción con reparto de papeles.

Por lo tanto, cabe entender que es una suerte de nuevo monólogo, solo que esta vez incorporando un juego de voces, a la manera de pieza coral para un solo intérprete, lo que le permite a José Sacristán, de paso –ahora sí–, despedirse en condiciones, con recorrido testimonial de una época que dibuja el Madrid de la II República e inicio de la dictadura, que en el fondo no deja de ser una mirada crítica de lo vivido.

La llegada de la II República pilló a Fernando Fernán Gómez con diez años y José Sacristán aún tardaría seis años en nacer. Por tanto, hablamos de dos personas con pensamientos de izquierdas a punto de forjarse un futuro en la escena, sin posibilidad alguna de ser protagonistas activos de aquellos días.

El grueso de sus carreras transcurrirá durante la dictadura y la transición, lo que en resumidas cuentas convierte este nuevo monólogo en el homenaje al maestro que Fernán Gómez fue para Sacristán. Un ejercicio de nostalgia ya en las cercanías del final de trayecto, poniendo a flor de piel lo que hicieron y lo que fueron en sus respectivos adentros. Este es el verdadero valor de lo que se cuenta en El hijo de la cómica. Unidos ambos monólogos, con esta confesión de Sacristán: «Si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán Gómez, a escuchar».

Y en sus múltiples desdoblamientos, el actor de Chinchón irá hilando un relato, pausado y sentimental, que también abarca las cuatro décadas que ambos compartieron, especialmente en el cine.

Un ejercicio de arqueología personal, como pocos se han dado. Un regalo a beneficio de la memoria colectiva de un oficio no siempre agradecido.

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