El Circo de Sol
Han vuelto las tiendas de campaña. Qué nostalgia.
La Puerta del Sol recupera el atrezo de las grandes ocasiones: sacos de dormir, pancartas, asambleas y esa inconfundible estética de revolución subvencionada que España conoce demasiado bien. Dicen que esta vez es por la vivienda. Y la vivienda, desde luego, constituye un problema dramático. Precisamente por eso sorprende que quienes llevan años recetando intervencionismo pretendan curar ahora al enfermo aumentando la dosis.
El espectáculo tiene incluso franquicia mallorquina. El Sindicat de Llogateres ha llamado a trasladar a la Plaza de Cort la solidaridad con los acampados madrileños. Era cuestión de tiempo. En Mallorca nunca falta quien importe la última causa de la izquierda peninsular y la adapte al paisaje local.
Pero Mallorca no necesita una sucursal de Sol. Necesita viviendas. Conviene recordar algo elemental: los pisos no brotan de las pancartas. Tampoco de una asamblea. Ni aparecen por generación espontánea después de declarar solemnemente que la vivienda es un derecho. Para que haya viviendas, alguien tiene que construirlas, rehabilitarlas, financiarlas o ponerlas en alquiler.
Y para eso hacen falta suelo, seguridad jurídica, menos burocracia y propietarios que no teman convertir el alquiler de su vivienda en una aventura judicial.
Hay además un elefante dentro de la tienda de campaña. Mallorca es una isla. El territorio es limitado. Los recursos también. Sin embargo, mientras se denuncia la saturación turística, se evita cuidadosamente hablar de crecimiento demográfico y de la presión que una población creciente ejerce sobre vivienda, sanidad, educación, transporte o servicios sociales.
Curiosa ecología política: el territorio tiene límites para unas cosas, pero parece adquirir propiedades elásticas cuando conviene hablar de otras.
Durante años nos explicaron que el problema era el turismo. Después fueron los pisos turísticos. Luego los propietarios. Después, los fondos de inversión. Siempre aparece un culpable nuevo. Lo que rara vez aparece es una pregunta bastante sencilla: ¿qué políticas nos han conducido hasta aquí?
Porque quienes ahora protestan contra la imposibilidad de acceder a una vivienda deberían mirar también hacia los gobiernos que prometieron solucionarla.
Intervenir precios no construye un solo piso. Hostigar al propietario no aumenta la oferta. Multiplicar trámites tampoco. Y convertir la ocupación del espacio público en representación teatral permanente puede proporcionar magníficas fotografías, pero difícilmente entregará las llaves de una casa a una familia.
El derecho de manifestación merece todo el respeto. La escenografía revolucionaria, ninguno especial. Así que tenemos función. Madrid pone la Puerta del Sol. Mallorca, la Plaza de Cort. Hay tiendas, consignas, asambleas y culpables cuidadosamente seleccionados.
Solo falta lo fundamental: viviendas. Pasen y vean. Ha vuelto el Circo de Sol.
- David Gil de Paz es portavoz adjunto de Vox en el Consell de Mallorca.