Parece sacado de las 1000 y una noches y es uno de los mercadillos mas bonitos de España: está en Granada y lo tienes que visitar
Si visitas Granada esta Semana Santa no puedes dejar de ir a La Alcaicería
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Si visitas Granada esta Semana Santa seguro que no olvidarás visitar La Alhambra y los jardines del Generalife, así como su Catedral y La Capilla Real, pero lo cierto es que esta ciudad ofrece también uno de los mejores mercadillos que se pueden visitar en toda Andalucía y que parece sacado de los relatos de las 1.000 y una noches. Un mercadillo que fue algo muy distinto siglos atrás y que no te puedes perder.
Se llama La Alcaicería y, aunque hoy está lleno de tiendas de recuerdos, durante siglos fue como decimos, algo que nada tenía que ver con ser un simple mercado. De hecho, fue uno de los espacios comerciales más importantes de la ciudad cuando la seda movía gran parte de la economía. Todo pasaba por aquí: se controlaba, se vendía y, en cierto modo, también se protegía, y aunque hoy queda otra cosa, sí, pero la base sigue ahí. En concreto, ahora funciona como un pequeño bazar abierto todos los días, normalmente de 10:00 a 21:00 horas, y es uno de esos sitios que acaban formando parte del recorrido casi sin planearlo y uno de esos mercadillos que debe visitar, sí o sí, si estás por Granada estos días.
Uno de los mercadillos mas bonitos de España está en Granada
Mucha gente piensa que La Alcaicería es una calle concreta, pero en realidad es un conjunto de varias. La principal empieza en Plaza Bib-Rambla, pero luego se ramifica en otras como Ermita u Oficios, que completan ese pequeño entramado, lo que pasa es que todo está bastante concentrado, entre calles estrechas, tiendas una al lado de otra, escaparates cargados. De este modo, no es el típico paseo amplio, más bien al contrario. Y eso también tiene su gracia, porque obliga a ir despacio, y a tener la oportunidad de mirarlo todo con detalle.
En cuanto a lo que podemos encontrar en este mercadillo, pues son productos y cosas que suelen estar en este tipo de lugares, como piezas de cerámica (en especial la de Fajalauza, muy ligada al Albaicín) bolsos o tejidos y souvenirs, pero también madera trabajada o faroles y todo ello con aire artesanal que por otro lado, no se encuentra en cualquier sitio. El nombre, por cierto, viene del árabe al-qaysariya, que hacía referencia a mercados especializados. No era un término cualquiera, sino algo bastante concreto.
El origen de este mercado
Si retrocedes unos siglos, la imagen cambia bastante. La Alcaicería se fundó en el siglo XIV, en época de Muhammad V, y estaba junto a la Mezquita Mayor. En ese momento era un recinto cerrado, con varias puertas que se cerraban por la noche. Dentro no se vendía cualquier cosa, sino que se concentraban productos caros: seda, plata, tejidos, objetos de cierto valor. De hecho, no se podían vender fuera de este espacio, lo que dice bastante de la importancia que tenía. En concreto, la seda era el gran negocio. Llegaba en bruto, se marcaba para los impuestos y después se vendía.
Por la noche el lugar quedaba completamente cerrado. Se vigilaba, había guardias, incluso rondas para evitar robos. No era un mercado abierto como los de ahora, sino más bien un espacio protegido, pero con el paso del tiempo, sobre todo a partir del siglo XVII, empezó a cambiar. La seda fue perdiendo peso, aparecieron otros productos, y poco a poco el lugar se transformó. Ya en el siglo XVIII algunas tiendas estaban vacías y el modelo original había desaparecido casi por completo.
Aquí todavía se negocia (y bastante)
Hay algo curioso que se mantiene, y es el tema del precio. En bastantes tiendas se puede negociar, sobre todo si compras más de una cosa. No siempre, claro, pero es bastante habitual. Los vendedores están acostumbrados y no suele ser una situación incómoda, sino que podemos decir que forma parte del ambiente, igual que en muchos mercados tradicionales,
Dónde está y cómo llegar
Está en pleno centro histórico, así que llegar es fácil. En concreto, se encuentra la Plaza Bib-Rambla, muy cerca de la Catedral y de la Capilla Real. Así que si estás por la zona, lo normal es acabar entrando casi sin darte cuenta. Y si estás más lejos, también hay autobuses que paran cerca, en Gran Vía, pero sinceramente, si estás en el centro, se llega andando en nada.
En definitiva, La Alcaicería no es sólo un sitio para comprar algo típico, sino que tiene ese punto de lugar histórico que sigue funcionando, que no se ha quedado como museo. Y quizá por eso llama la atención. Porque mezcla lo que fue con lo que es ahora sin demasiado esfuerzo. Y eso, en una ciudad como Granada, encaja bastante bien y además nos permite que en apenas un espacio reducido nos topemos con uno de los mercadillos que existen en España y uno de los que más encanto (e historia) tiene.