Qué ha pasado con Clubhouse: de fenómeno viral a app de nicho
Clubhouse llegó a arrasar con su audio en directo, pero hoy su presencia es muy distinta
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- Nacho Grosso @grosso_nacho
- Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.
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Clubhouse llegó a parecer imparable. Durante meses fue una de esas aplicaciones de las que todo el mundo hablaba, sobre todo en plena pandemia, cuando las conversaciones en directo y el formato solo audio encontraron un terreno perfecto para enganchar a miles de usuarios. Entrar era casi un privilegio, porque funcionaba con invitación, y eso ayudó a disparar aún más la curiosidad. De repente, periodistas, emprendedores, famosos y todo tipo de perfiles se pasaban horas entrando en salas para escuchar, intervenir o simplemente dejarse ver.
Sin embargo, esa sensación de fenómeno inevitable duró bastante menos de lo que muchos imaginaban. Lo que parecía la próxima gran red social acabó perdiendo fuerza a gran velocidad, hasta el punto de que hoy mucha gente ni siquiera sabe si sigue existiendo. Y esa es precisamente la parte interesante de la historia: Clubhouse no cerró, pero sí dejó de ocupar el lugar que llegó a tener en la conversación digital.
Qué hizo tan grande a Clubhouse en tan poco tiempo
Para entender qué ha pasado con Clubhouse, hay que volver a 2020 y 2021. La aplicación apareció Estados Unidos en un contexto muy concreto, millones de personas estaban en casa, había hambre de conversación, de compañía y de formatos más espontáneos que el vídeo. El audio encajó muy bien porque permitía escuchar o participar sin exponerse con cámara, algo que resultaba más cómodo y menos exigente que una videollamada.
A eso se sumó el componente aspiracional. No todo el mundo podía entrar desde el primer día, y esa barrera de acceso convirtió a Clubhouse en una especie de sala VIP digital. Cuando una plataforma mezcla novedad, exclusividad y la presencia de perfiles influyentes, el crecimiento suele acelerarse. Durante un tiempo, entrar en Clubhouse daba la sensación de estar donde estaba pasando algo.
El problema es que esa misma fórmula tenía fecha de caducidad. Una vez desaparece el efecto novedad, lo que queda es el hábito. Y ahí es donde muchas apps se la juegan de verdad. Clubhouse funcionó muy bien como fenómeno, pero no tanto como costumbre diaria para una mayoría de usuarios.

Por qué dejó de usarse como antes
La principal razón de su caída tiene bastante lógica, cambió el contexto. El tirón de Clubhouse estuvo muy ligado a los meses de pandemia y posteriores y a una forma de consumir redes sociales marcada por más tiempo en casa y más disponibilidad para entrar en salas de audio largas. Cuando la vida volvió a acelerarse, ese formato empezó a perder parte de su atractivo.
También apareció un problema habitual en muchas redes, la saturación. Lo que al principio parecía fresco terminó llenándose de salas repetitivas, debates eternos, autopromoción y conversaciones que no siempre justificaban el tiempo invertido. En una app basada casi por completo en escuchar a otros hablar, el nivel del contenido marca la diferencia. Cuando esa calidad baja, el usuario se marcha rápido.
El momento en que Clubhouse asumió que algo iba mal
La señal más clara de que la situación se había complicado llegó en abril de 2023, cuando la compañía anunció el despido de más de la mitad de su plantilla. Sus fundadores hablaron entonces de un reinicio para adaptarse a la etapa posterior al boom pandémico, una expresión que, traducida a lenguaje menos amable, venía a reconocer que el crecimiento inicial ya no sostenía la estructura del proyecto.
Cuando una empresa tecnológica que había generado tanta expectación recorta de esa forma, lo normal es interpretar que el producto necesita algo más que pequeños ajustes. Necesita encontrar un nuevo sitio. Y eso fue precisamente lo que intentó hacer Clubhouse unos meses después.
En septiembre de 2023 presentó un giro con el que buscaba recuperar interés. La app introdujo “Chats”, un formato más asíncrono y más cercano a la mensajería de voz, alejándose parcialmente de aquella idea original centrada en salas en directo. Era una forma de reconocer que el producto inicial ya no bastaba para volver al centro del mapa social.

Entonces, ¿Clubhouse sigue viva?
Sí, pero en un sentido muy distinto al de su etapa dorada. No estamos ante una red social muerta. pero tampoco ante una plataforma que siga marcando tendencia. Lo más exacto sería decir que Clubhouse continúa como una app de nicho, con una comunidad más pequeña y con un perfil mucho menos masivo.
Eso explica por qué mucha gente tiene la sensación de que desapareció. En realidad, no desapareció del todo; desapareció del foco. Y en internet, perderlo equivale a dejar de existir para el gran público. Lo que antes era conversación constante en medios, redes y círculos tecnológicos hoy apenas genera atención fuera de quienes todavía la usan o la siguen de cerca.
La propia descripción actual de la app en las tiendas mantiene la idea de encontrar comunidad, unirse a salas de audio en vivo y conectar con otras personas a través de la voz. Es decir, la esencia no se ha borrado. Lo que ha cambiado es la escala de su relevancia.

Lo que deja la historia de Clubhouse
El caso de Clubhouse sirve para recordar algo que se repite una y otra vez en internet, no basta con pegar fuerte durante unos meses. Mantenerse es mucho más difícil que explotar. La app encontró el momento perfecto, supo aprovechar un contexto irrepetible y se benefició de una curiosidad enorme alrededor del audio social. Pero cuando el entorno cambió, quedó claro que el fenómeno no era tan sólido como parecía.
También deja una lección interesante sobre las modas tecnológicas. A veces una plataforma no fracasa por hacer algo mal desde el principio, sino porque el momento que la hizo grande no dura para siempre. Clubhouse fue muy hija de una época concreta, y cuando esa época pasó, tuvo que reinventarse para seguir respirando.
Hoy, por tanto, la respuesta es sencilla. Clubhouse continúa, pero ya no es aquella app que parecía destinada a cambiar las redes sociales. Sigue ahí, con soporte y actividad, aunque convertida en una herramienta mucho más discreta. Y quizá eso, más que un cierre, sea el mejor resumen de lo que le ocurrió, pasó de fenómeno viral a rincón especializado de internet.
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