Bombardier quiere quedarse con el montaje del avión espía europeo que ha comprado la OTAN
La OTAN comprará hasta diez GlobalEye en una operación de unos 4.500 millones de dólares y Bombardier decidirá la ubicación de su planta canadiense a principios de 2027
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El GlobalEye es uno de los aviones de vigilancia más codiciados del momento y lleva dentro un avión privado canadiense. La OTAN se ha comprometido a comprar hasta diez unidades en una operación de unos 4.500 millones de dólares, y ahora el fabricante del fuselaje quiere un trozo más grande del pastel.
Bombardier fabrica el Global 6500, el reactor ejecutivo sobre el que Saab monta todos los radares y sistemas del GlobalEye. Hasta ahora su papel terminaba al entregar el avión desnudo. La idea que baraja su consejero delegado es encargarse también de la parte que de verdad deja margen.
Qué es exactamente el GlobalEye
Se trata de un avión de alerta temprana. Vuela alto, lleva un radar enorme sobre el fuselaje y es capaz de vigilar a la vez lo que ocurre en el aire, en el mar y en tierra dentro de un radio de cientos de kilómetros.
La base es un Global 6500, el mismo reactor de largo alcance que usan las grandes empresas para cruzar océanos. Saab lo desnuda, lo refuerza y le instala su radar Erieye ER junto a las consolas de operadores. El resultado se parece poco al avión original, igual que ocurre con los sistemas de detección que Europa intenta desarrollar por su cuenta.
Suecia lo fabrica, Emiratos fue el primer cliente y desde entonces la lista no ha parado de crecer. Francia encargó unidades, Canadá abrió negociaciones y la OTAN lo eligió para relevar a sus veteranos AWACS.
Dónde está el negocio que le interesa a Bombardier
Vender un avión vacío deja un margen razonable. Convertirlo en una plataforma militar deja bastante más, porque ahí entran el cableado, la integración de radares, las antenas y toda la certificación posterior.
Éric Martel, primer ejecutivo de Bombardier, ha explicado que la compañía quiere abrir en Canadá una planta dedicada a esa transformación. Sería un calco de lo que ya hace en Wichita, en Estados Unidos, donde sus aviones reciben el equipamiento que los convierte en aparatos de misión especial.
La decisión sobre la ubicación llegaría a finales de este año o a principios de 2027, y dependerá sobre todo de dónde haya mano de obra cualificada suficiente. Martel ha dejado caer que la fábrica podría servir después para otros programas militares.
Por qué esto importa en Europa
Canadá ha elegido el GlobalEye dentro de una estrategia clara de reducir su dependencia de los contratistas estadounidenses. Montar en casa la parte militar encaja con ese discurso y da argumentos políticos al proyecto.
Para Saab la pregunta es cuánto está dispuesta a ceder. El montaje de misión es justo la parte donde la empresa sueca aporta su tecnología propia, así que repartirla no es un trámite menor.
Mientras tanto los pedidos se acumulan. En un continente que está reforzando su vigilancia aérea a toda velocidad, como se ha visto en los últimos despliegues en el Flanco Este, la capacidad de producción vale casi tanto como la tecnología.