Por qué el Ramadán evitó una tragedia mayor en el edificio incendiado en Londres
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Los musulmanes que viven en Reino Unido han visto cómo en las últimas semanas su imagen se deteriora injustamente tras los atentados de Manchester y Londres, cometidos por asesinos del autoproclamado Estado Islámico de los que esta comunidad se ha desligado en todo momento, condenando todas y cada una de las muertes.
Este miércoles, el país vivió otra desgracia, no ya en forma de terrorismo pero que también se ha cobrado muchas vidas, concretamente 17. La Torre Grenfell, edificio reconocible por los habitantes de la capital, fue pasto de las llamas, que apenas en dos horas lo dejaron apenas en su estructura, con varios de sus ocupantes atrapados.
Los prejuicios -quien los tuviera- han caído con la actitud de los musulmanes que se encontraban allí, cuya actitud heroica ayudó a que el balance de víctimas no fuera sensiblemente mayor. Ellos, que celebran el Ramadán y aprovechan la noche para cargar energías, se encontraban despiertos a la una de la mañana, cuando comenzó el fuego, y se volcaron en ayudar a avisar al resto de vecinos -las alarmas y sistema antiincendios no funcionaron- para un rápido desalojo.
Además, según testigos, proporcionaron abundante comida y ropa para los afectados y una de las mezquinas de la zona abrió sus puertas para acogerlos y asistirlos en lo que pudieran necesitar.