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Ninguna familia sin alimentos: la otra batalla de esta crisis sanitaria y social

Ninguna familia sin alimentos: la otra batalla de esta crisis sanitaria y social

Alma, la red social es una nueva manera de hablar de lo social. Con actitud y optimismo. Desde la diversidad y a partir de las historias de Fundación la Caixa”. Encuentra y lee otras noticias como ésta aquí.

Es en las más maduras cuando las personas sacamos lo mejor de nosotros para ayudar a los más vulnerables. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido ante la llamada de socorro de los bancos de alimentos de nuestro país, cuyas existencias y capacidad para distribuir productos básicos se han visto gravemente afectadas por la situación actual. La solución, dicen, está principalmente en las donaciones, que les permitirán seguir adquiriendo alimentos esenciales como la leche, el aceite o las conservas para las más de 300.000 familias que acuden al Banco de Alimentos cada año. Por eso, la Fundación ”la Caixa” y CaixaBank han impulsado la campaña solidaria Ningún hogar sin alimentos, que ha recaudado ya un millón de euros.

La alimentación no es algo que se pueda posponer. Es como respirar, algo básico, inaplazable y fundamental para la vida. Y esta es la razón de ser de los 54 bancos de alimentos que hay en nuestro país, organizados bajo el paraguas de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL): que nadie se quede sin comer, por muy difíciles que se pongan las cosas. Según la FESBAL, el año pasado repartieron 145 millones de kilos de alimentos básicos a 1.100.000 personas, lo que se traduce en un 2,3 % del total de la población. Y lo hicieron a través de 7.216 ONG, que son las entidades que se encargan de adjudicar la ayuda y de distribuir los alimentos.

Sin embargo, la crisis de la COVID-19 ha despojado a muchas personas de un plato de comida caliente y ha provocado un incremento de las solicitudes de ayuda para comprar alimentos. “Cuando estalló la crisis nos pilló en un buen momento de existencias”, dice Ángel Franco, director de Comunicación de la FESBAL. En la última gran campaña de recogida, celebrada en noviembre, habían recogido 21 millones de kilos de alimentosy en febrero les llegaron 16 millones más, procedentes del Fondo de Ayuda Europea para las Personas Más Desfavorecidas. No obstante, cuando se decretó el estado de alarma distribuyeron gran parte de ellos. “Ahora nos hemos quedado bajo mínimos, fruto, por una parte, de tener suspendida la captación presencial de alimentos en las grandes superficies, que representa el 30 % de lo que distribuimos anualmente; y por la otra, de un incremento importante de la demanda”.

Lo confirman los datos de los principales bancos de alimentos de España: en Madrid reciben unas 450 llamadas diarias para pedir ayuda y en Barcelona dicen que han llegado a triplicar la distribución de alimentos en días puntuales. “Antes, repartíamos un promedio de 50 toneladas diarias. Ahora, hay veces que llegamos a las 150”, dice Roser Brutau, presidenta de la Federació Catalana de Bancs d’Aliments y del Banc dels Aliments de Barcelona. “Las entidades están teniendo una avalancha de peticiones de personas que no estaban registradas en sus listados, y eso lo vemos reflejado en la cantidad de alimentos que distribuimos”.

A estas dificultades, se suma una más: el 95% de los voluntarios son personas mayores jubiladas y, por lo tanto, personas de riesgo. “Les hemos dicho que se queden en casa. Hay ciudades que han encontrado gente joven dispuesta a ayudar y están funcionando muy bien, como Madrid, Barcelona o Córdoba, pero hay otros bancos que están en servicios mínimos o han cerrado”, explica Ángel Franco.

Ante esta situación tan límite, los bancos de alimentos han empezado a moverse y a colaborar con otras entidades, preocupados por la previsión de que el número de personas que necesiten atención supere el millón y medio, los números de los peores años de la crisis económica del 2008. “La mejor manera de ayudar, ahora mismo, es a través de las donaciones. Por eso campañas solidarias como la que ha impulsado la Fundación ”la Caixa”, Ningún hogar sin alimentos, son imprescindibles en este momento. Esperamos mucho de ella”, dice Ángel Franco. Y, apenas cuatro semanas después, la iniciativa ha superado ya el millón de euros para paliar los efectos de la crisis del coronavirus.

Y si algo nos caracteriza en este país es que, ante las dificultades, respondemos rápido y bien. Por eso, además de esta campaña solidaria, están surgiendo multitud de iniciativas de varios colectivos y empresas, algunas de alcance mundial, como la ONG World Central Kitchen, impulsada por el cocinero español José Andrés. Esta organización está elaborando menús en obradores de varias ciudades españolas para que a las personas más vulnerables no les falte de comer. Uno de estos obradores está en Terrassa (Barcelona). El Banc dels Aliments de la Ciudad Condal se encarga de recogerlos y de entregarlos a las ONG para su distribución. “Estamos repartiendo 1.000 menús diarios y sabemos que quieren abrir más restaurantes para llegar a los 5.000. Hay que pensar que esto creará, además, puestos de trabajo”, dice Roser Brutau.

La actitud sensible y la respuesta solidaria de empresas, organizaciones y personas individuales es, para los bancos de alimentos, un faro de esperanza ante un futuro incierto. “Estamos en un túnel, sabemos que hay una luz, un final, pero todavía no lo vemos. También estamos inquietos ante la magnitud de la grieta que habrá provocado esta crisis en nuestra economía. Para entonces, confiamos en que la capacidad solidaria de los españoles se mantenga”, concluye Ángel Franco, de la FESBAL.

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Texto: Bárbara Fernández
Fotografía: Rita Puig-Serra

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