oncología

¿Hay personas inmunes al cáncer?: estos son los tres perfiles con menos riesgo

El envejecimiento es uno de los principales factores de riesgo para el cáncer

¿Hay personas inmunes al cáncer?: estos son los tres perfiles con menos riesgo
Un hombre mayor pensativo.
Diego Buenosvinos

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No existe un ser humano inmune al cáncer, pero la ciencia ha encontrado tres perfiles extraordinarios: personas con trisomía 21, centenarios y portadores de mutaciones de alto riesgo que permanecen libres de tumores. El cáncer parece tener una regla sencilla: cuanto más envejecemos, más oportunidades tiene de aparecer. Nuestras células acumulan daños, el ADN sufre mutaciones y los mecanismos que mantienen bajo control la proliferación celular pierden eficacia. Sin embargo, la naturaleza humana está llena de excepciones.

Hay personas que llegan a los cien años sin haber sufrido un cáncer clínicamente diagnosticado. Hay individuos que nacen con una alteración genética que multiplica su riesgo de padecer tumores y, aun así, permanecen libres de cáncer durante décadas. Y existe un grupo humano con una particularidad genética que parece protegerle frente a muchos de los tumores sólidos que afectan al resto de la población.

No son personas inmunes y, por lo tanto, tampoco existe una fórmula que permita garantizar que nunca desarrollarán un tumor. Pero sus organismos plantean una pregunta que lleva décadas intrigando a los investigadores: ¿por qué algunas personas parecen ser mucho más resistentes al cáncer que otras?

La respuesta podría encontrarse en los genes, en la reparación del ADN, en el sistema inmunitario, en la capacidad de eliminar células dañadas o incluso en la forma en que los tejidos envejecen.

1. Personas con trisomía 21: una protección sorprendente frente a muchos tumores sólidos

El primer caso parece, a primera vista, paradójico. Las personas con síndrome de Down tienen una copia adicional del cromosoma 21. Esta alteración genética está asociada a determinadas enfermedades y, de manera muy particular, modifica radicalmente el mapa de riesgo del cáncer.

No significa que las personas con síndrome de Down estén protegidas frente a cualquier cáncer. De hecho, a veces se han detectado algunos tumores hematológicos: el riesgo de determinadas leucemias, especialmente durante la infancia, es considerablemente mayor. Pero cuando se observan los tumores sólidos, el patrón cambia.

Una revisión publicada en Frontiers in Oncology analizó las razones por las que las personas con trisomía 21 parecen estar protegidas frente a numerosos tumores sólidos. Entre las posibles explicaciones aparecen la sobreexpresión de genes supresores tumorales, alteraciones del metabolismo, modificaciones de la angiogénesis —la formación de nuevos vasos sanguíneos que necesita un tumor para crecer—, aumento de la apoptosis, cambios inmunitarios y determinados microARN.

La evidencia epidemiológica se ha reforzado recientemente

Un estudio sueco publicado en British Journal of Cancer a finales de 2025 siguió a 9.742 personas con síndrome de Down, comparándolas con 50 personas de características equivalentes por cada individuo de la cohorte. El resultado mostró que el riesgo de tumores sólidos era considerablemente menor en los adultos con síndrome de Down: el hazard ratio fue de 0,52, lo que supone aproximadamente la mitad del riesgo observado en el grupo de comparación.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que reunió 34.561 personas con síndrome de Down y más de 452.000 personas-año de seguimiento, encontró una incidencia de tumores sólidos significativamente inferior a la de la población general, con un índice estandarizado de incidencia de 0,69. Para algunos cánceres las diferencias fueron todavía mayores: el índice fue de 0,35 para cáncer de mama y de 0,10 para cáncer de pulmón. La explicación podría estar escrita, en parte, en el propio cromosoma 21.

2. Los centenarios: personas que han sobrevivido al tiempo y, en muchos casos, al cáncer.

El segundo grupo es todavía más desconcertante: las personas que alcanzan los cien años. A primera vista, debería suceder justo lo contrario. El envejecimiento es uno de los principales factores de riesgo para el cáncer. Cuanto más tiempo permanece una persona viva, más divisiones celulares acumula y más oportunidades existen para que se produzcan alteraciones capaces de desencadenar un tumor.

Sin embargo, las estadísticas empiezan a dibujar una curva peculiar cuando se llega a edades extremas. Una revisión publicada en Critical Reviews in Oncology/Hematology analizó la literatura disponible sobre cáncer en centenarios y encontró que la incidencia y la mortalidad por cáncer disminuyen aproximadamente tres veces después de los 90 años, llegando algunos análisis a situar la incidencia entre el 0 y el 4% después de los 100 años. Los autores también observaron menos metástasis y un comportamiento aparentemente más indolente de los tumores diagnosticados en esta población.

Pero hay que interpretar estas cifras con cautela. Una parte de la explicación puede estar en el llamado efecto de selección de los supervivientes. Para llegar a los cien años, una persona ya ha demostrado que posee una combinación extraordinaria de factores biológicos, ambientales y conductuales que le han permitido evitar —o sobrevivir a— numerosas enfermedades.

Además, el cáncer puede estar infradiagnosticado en las edades más avanzadas porque se realizan menos pruebas diagnósticas, algunos tumores crecen más lentamente y determinadas autopsias revelan lesiones malignas que nunca llegaron a producir síntomas.

3. Personas con una mutación que debería aumentar enormemente su riesgo y que no desarrollan cáncer.

El tercer grupo es probablemente el más sorprendente desde el punto de vista de la genética. Se trata de personas que portan mutaciones hereditarias relacionadas con un riesgo extraordinariamente elevado de cáncer y que, aun así, permanecen sin desarrollar la enfermedad durante largos periodos de su vida.

Uno de los ejemplos más estudiados es el síndrome de Li-Fraumeni. Estas personas pueden portar una variante patogénica en TP53, un gen fundamental para la defensa frente al cáncer. La proteína producida por TP53, conocida como p53, actúa como una especie de sistema de vigilancia: cuando una célula sufre daños en el ADN, puede detener su división y, si el daño es demasiado importante, activar mecanismos que conducen a la muerte celular.

Por eso TP53 es conocido como uno de los principales genes supresores de tumores. Cuando una persona hereda una variante patogénica de TP53, el riesgo de desarrollar cáncer puede ser muy elevado. Sin embargo, no todos los portadores enferman a la misma edad ni desarrollan necesariamente un tumor.

Una gran base de datos internacional de personas con variantes germinales de TP53 estudió más de 3.000 individuos. Entre ellos se identificaron portadores que permanecían sin cáncer, incluidos portadores no afectados y portadores sin antecedentes de cáncer.

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