según un estudio

¿Cuánta agua necesitan realmente los mayores durante una ola de calor?

Las personas mayores de 65 años aumentan su renovación diaria de agua corporal en unos 640 ml durante el verano

agua
Una mujer bebiendo agua.

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Las altas temperaturas del verano modifican la forma en que el organismo de las personas mayores regula el agua. Un estudio publicado en Scientific Reports concluye que los adultos de 65 años o más necesitan renovar una mayor cantidad de agua corporal durante los meses más calurosos, incluso aunque reduzcan su actividad física y su gasto energético.

«Los adultos mayores son especialmente susceptibles al impacto del calor extremo. Una ingesta adecuada de agua es esencial para prevenir la deshidratación en ambientes cálidos. Por lo tanto, es importante comprender el recambio hídrico (RH) y la ingesta de agua». Así arranca el estudio publicado este año bajo el título ‘Hidratación, requerimientos de agua y balance energético de primavera a verano en adultos mayores que viven de forma independiente: un estudio con agua doblemente marcada’.

En este estudio se analizaron los cambios fisiológicos en 26 adultos japoneses de entre 66 y 83 años entre primavera y verano. Los resultados mostraron que, durante el verano (con temperaturas más elevadas), el gasto energético total (GET) disminuyó significativamente, mientras que el agua trans (pérdida de agua por evaporación) aumentó en 640 mL/día.

Hay que beber más agua

Estos hallazgos sugieren que el aumento en la pérdida de agua es una respuesta adaptativa al clima cálido en esta población. En este sentido, los autores, liderados por HK Kim,. Y. Nakayama y T. Yoshida, consideran que estos cambios representan una adaptación fisiológica al calor y subrayan la importancia de reforzar la hidratación en una población especialmente vulnerable a las temperaturas extremas.

Concretamente, para el estudio se utilizó la técnica del agua doblemente marcada, considerada el método de referencia para medir el gasto energético y el recambio de agua corporal en condiciones de vida real.

Durante el verano, con una temperatura media cercana a los 29 ºC y máximas de 35 ºC, la renovación diaria de agua aumentó 640 mililitros, mientras que el agua corporal total también se incrementó de forma significativa.

En el transcurso del trabajo se observó un descenso del gasto energético diario, que pasó de 2.271 a 2.123 kilocalorías, acompañado de una reducción de la actividad física. Los investigadores atribuyen este comportamiento a una estrategia de adaptación frente al calor, ya que las recomendaciones sanitarias aconsejan a las personas mayores evitar los esfuerzos físicos durante las horas de mayor temperatura.

Los autores recuerdan que el envejecimiento reduce la sensación de sed, la capacidad de sudoración y otros mecanismos que ayudan a regular la temperatura corporal. Esta combinación aumenta el riesgo de deshidratación, trastornos electrolíticos, insuficiencia renal, golpe de calor y otras complicaciones cuando se producen episodios de calor intenso, cada vez más frecuentes como, según atribuyen, consecuencia del cambio climático.

Además, el trabajo apunta que los participantes que consiguieron mantener una mayor actividad física durante el verano también registraron un mayor recambio de agua corporal. Aunque esta respuesta puede ser beneficiosa para afrontar el calor a corto plazo, los investigadores advierten de que una reducción mantenida de la actividad física durante los veranos cada vez más cálidos podría favorecer el deterioro funcional y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas en la población de mayor edad.

La cantidad se mide de forma individual

Con todo, ¿cuánta agua necesitan realmente las personas mayores durante una ola de calor? Aunque no existe una cantidad única que sirva para todas las personas, ya que depende de factores como la edad, el peso, el estado de salud, la medicación, la actividad física o la intensidad del calor, durante una ola de calor las necesidades de hidratación aumentan porque el organismo pierde más agua a través del sudor.

Puesto que los mayores de 65 años incrementan su renovación diaria de agua corporal en torno a 640 mililitros durante el verano respecto a la primavera, se puede concluir que es recomendable beber agua de forma regular, sin esperar a tener sed, y adaptar la ingesta a las circunstancias individuales, especialmente en personas con enfermedades crónicas o mayor riesgo de deshidratación.

Eso sí, la advertencia que nos deja sobre la mesa: un posible deterioro funcional y aumento del riesgo de enfermedades crónicas si el descenso de la actividad física se mantiene durante veranos cada vez más calurosos.

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