La factura tras el eclipse: más de 300 personas recibieron atención sanitaria en once comunidades
Mientras unos miraban al sol, otros acabaron mirando el fluorescente de un centro de salud

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El eclipse, que convirtió durante unos minutos el cielo en espectáculo nacional y llenó carreteras, playas, pueblos y miradores, dejó también una consecuencia bastante menos fotogénica: al menos 309 atenciones o asistencias sanitarias contabilizables en distintas comunidades autónomas, según el recuento de datos difundidos por diversas comunidades autónomas.
Madrid fue la comunidad con más atenciones –también por tener más población–, con 101, seguida del País Vasco, con 58, y Murcia, con 32. Aragón registró una treintena de asistencias o consultas; Baleares y la Comunidad Valenciana, alrededor de veinte cada una; Asturias y Castilla-La Mancha, 18 respectivamente; Navarra, nueve, y Extremadura, tres. La mayoría de los casos fueron leves, aunque los servicios sanitarios advirtieron de que algunas lesiones oculares pueden manifestarse entre 24 y 48 horas después de la exposición.
Cuando mirar al cielo acabó en Urgencias
El eclipse solar total prometía ser uno de esos acontecimientos que luego se cuentan durante años. España miraba al cielo. Medio país preparó las gafas homologadas, buscó el mejor mirador, consultó aplicaciones astronómicas y se lanzó a la carretera para encontrar el punto exacto desde el que contemplar cómo el día se apagaba durante unos minutos.
Pero, mientras unos miraban al sol, otros acabaron mirando el fluorescente de un centro de salud. Al menos 309 atenciones o asistencias sanitarias contabilizables se registraron en distintas comunidades autónomas a raíz del eclipse, según los datos recopilados las comunidades. Más de 300 personas, en once comunidades, necesitaron atención por molestias oculares, mareos, golpes, lipotimias, ansiedad o consultas relacionadas con el fenómeno astronómico.
La cifra tiene algo de radiografía nacional. El eclipse fue un espectáculo colectivo, pero también lo fue su pequeña factura sanitaria. Porque España puede organizar una observación astronómica, movilizar administraciones, llenar de advertencias las televisiones y repetir durante días que al sol no se le mira directamente. Pero siempre habrá alguien dispuesto a comprobar personalmente si el sol, efectivamente, sigue siendo el Sol.
Balance sanitario
La Comunidad de Madrid encabezó el recuento con 101 atenciones médicas relacionadas con el eclipse hasta las nueve de la mañana del jueves. Mareos, molestias y problemas oculares, además de ciudadanos que acudieron simplemente para resolver dudas sobre los posibles efectos de haber contemplado el fenómeno, formaron parte del balance sanitario de una comunidad que tenía guardias y toda la previsión para ofrecer la mejor sanidad como cada día.
Después llegó el País Vasco. Osakidetza atendió a 58 personas con dolencias oculares, 22 en Atención Primaria y 36 en hospitales. Los casos fueron leves y no se atribuyó ninguna lesión grave al eclipse, pero la cifra demuestra que entre la advertencia y el cumplimiento de la advertencia hay, a veces, la misma distancia que entre la Tierra y el Sol.

Murcia contabilizó 32 personas que acudieron al médico por problemas oftalmológicos relacionados con la observación. Ninguno de los casos fue grave ni requirió ingreso hospitalario o intervención quirúrgica.
En Aragón, el dispositivo especial del 061 registró una treintena de asistencias o consultas telefónicas entre los días previos y posteriores al eclipse. La mayor parte se concentró durante la jornada del fenómeno y estuvieron relacionadas, fundamentalmente, con contusiones y pequeñas curas, todas de carácter leve.
El eclipse también se miró desde el 112
Baleares registró unas veinte atenciones por lesiones oculares en Atención Primaria y hospitales, además de 14 consultas telefónicas al 112. Los responsables sanitarios advirtieron, además, de que no podía descartarse la aparición de nuevos casos, ya que algunas lesiones pueden desarrollarse entre las 24 y las 48 horas posteriores a la exposición.
En la Comunidad Valenciana se produjo también una veintena de atenciones, aunque aquí el eclipse tuvo consecuencias más variadas: tres problemas oftalmológicos leves, once traumatismos o contusiones, cinco lipotimias y un caso de ansiedad.

Es decir, que el gran acontecimiento astronómico nacional tuvo su propia versión terrestre: gente mirando hacia arriba, gente tropezando mientras miraba hacia arriba y alguien que, finalmente, necesitó atención médica por todo aquello que puede ocurrir cuando millones de personas deciden, simultáneamente, dejar de mirar por dónde pisan.
Del calor al ojo
Asturias contabilizó 18 consultas en Atención Primaria que podían estar relacionadas con el eclipse. La cifra llegó después de que 64 pacientes acudieran a sus centros de salud por problemas oculares a partir de las ocho de la tarde.
Castilla-La Mancha registró otras 18 incidencias, principalmente por mareos o malestar general asociados al intenso calor, además de consultas de personas que habían observado el eclipse sin protección. Navarra sumó nueve atenciones, siete oftalmológicas y dos relacionadas con el calor. Extremadura atendió a tres pacientes por alteraciones visuales.
El contraste con Cantabria fue llamativo. Allí las autoridades destacaron la normalidad en la jornada. Hubo más llamadas al 112 y varias incidencias gestionadas desde los puestos de mando, pero ninguna de ellas estuvo relacionada directamente con el eclipse.
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