invasión a Ceuta

La Sanidad de Mónica García: 11.000 marroquíes siguen en Ceuta y Urgencias sólo recibe dos médicos y dos enfermeras

El resultado es que la espera de los ciudadanos de Ceuta ha aumentado en un servicio que ya soportaba una elevada carga asistencial

La Sanidad de Mónica García: 11.000 marroquíes siguen en Ceuta y Urgencias sólo recibe dos médicos y dos enfermeras
Mónica García en el Senado.
Diego Buenosvinos

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El Hospital Universitario de Ceuta afronta entre 300 y 400 urgencias diarias mientras sus profesionales denuncian que el primer refuerzo ante la llegada masiva de inmigrantes fue de sólo cuatro sanitarios. Dos médicos y dos enfermeras. Ese fue el refuerzo con el que contó inicialmente el Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE) el jueves 30, primer día de la llegada masiva de inmigrantes a la ciudad.

Frente a ellos, una crisis de dimensiones extraordinarias. Las estimaciones manejadas por las autoridades locales sitúan en 80.000 las personas que habrían invadido Ceuta, una cifra que ni siquiera puede considerarse definitiva porque buena parte de ellas no ha sido contabilizada. Ceuta tiene alrededor de 84.000 habitantes. La magnitud de la llegada equivaldría, por tanto, a cerca del 90% de la población habitual de la ciudad. Pero las peores cifras son ahora, al permanecer en la ciudad autónoma más de 11.000 marroquíes, que están suponiendo una presión asistencial sobre el sistema sanitario y de seguidad de primer nivel.

Y la respuesta inicial para uno de los principales servicios de entrada al sistema sanitario fue sumar dos médicos y dos enfermeras.

El contraste resulta difícil de explicar desde dentro de Urgencias. Mientras la ministra de Sanidad, Mónica García, asegura que los servicios sanitarios no están tensionados, en el hospital se están atendiendo, según denuncian los profesionales, entre 300 y 400 urgencias al día, a las que se ha añadido una situación excepcional que no ha desaparecido tras los primeros momentos de la crisis y un incremento de dos médicos.

Detrás de las cifras hay pacientes ceutíes

Heridos durante el cruce, personas con hipotermias, fracturas, ahogamientos y lesiones de diversa consideración son algunas de las muchas atenciones de las que no se habla y que han relegado a los problemas de salud de las habitantes de Ceuta. Pero también llegan pacientes con heridas que se han complicado e infectado, personas con enfermedades crónicas descompensadas, como diabéticos que llevan tiempo sin recibir insulina, víctimas de agresiones y reyertas y otros casos que requieren una atención inmediata.

Y, mientras todo esto ocurre, los habitantes de Ceuta siguen enfermando. La regla que Sanidad no cuenta es una urgencia para los recién llegados y otra para los habitantes. La presión ha obligado a reorganizar la asistencia de la única competencia que tiene en Sanidad, Mónica García, junto a Melilla. Sin embargo, aún no se ha trasladado a estas ciudades.

Según relatan los sanitarios, se han habilitado circuitos diferenciados para atender la llegada masiva de inmigrantes y, al mismo tiempo, tratar de mantener la atención de los pacientes habituales de la ciudad. Los casos más leves se intentan canalizar mediante un sistema de atención rápida, mientras que los cuadros más graves requieren ingreso en el circuito general de Urgencias.

El resultado es que la espera de los ciudadanos de Ceuta ha aumentado en un servicio que ya soportaba una elevada carga asistencial. Y el problema no se limita a la demora. Cuando un sistema funciona permanentemente cerca de su límite, cualquier acontecimiento extraordinario puede convertir la tensión en saturación.

Los médicos de otras especialidades han tenido que colaborar en la medida de sus posibilidades. «Todas las manos son pocas», resumen los profesionales.

Y es precisamente ahí donde aparece una de las contradicciones que más indignación está provocando entre quienes trabajan en el hospital: la crisis ha vuelto a demostrar que, cuando las administraciones llegan tarde o no llegan, el sistema se sostiene gracias a que los sanitarios cubren los huecos.

El hospital también atiende embarazos de alto riesgo

Entre los casos que han llegado al HUCE durante estos días figuran numerosas mujeres embarazadas que habían cruzado la frontera para recibir asistencia.

Algunas presentaban embarazos que no habían sido sometidos a controles médicos previos y llegaron al hospital en condiciones que exigían una atención inmediata. Entre ellas, según el testimonio de los profesionales, hubo incluso un embarazo gemelar que terminó requiriendo una cesárea urgente.

No se trata, por tanto, únicamente de atender a personas con heridas producidas durante el cruce o cuadros de hipotermia.

Una llegada masiva implica una demanda sanitaria mucho más compleja: enfermedades crónicas sin tratamiento, patologías agudas, problemas obstétricos, infecciones, traumatismos y pacientes que requieren seguimiento hospitalario.

La emergencia no termina cuando alguien consigue atravesar la frontera. En muchos casos, es entonces cuando comienza la atención sanitaria. También ha habido casos de tuberculosis y de sarna, que es muy contagiosa.

La pregunta incómoda: ¿cómo no va a estar tensionado? Los profesionales rechazan el mensaje de que la asistencia sanitaria en Ceuta no haya sufrido una presión extraordinaria.

La cuestión es sencilla: ¿cómo se puede hablar de normalidad cuando un servicio que atiende entre 300 y 400 urgencias diarias debe asumir, además, una crisis migratoria de una magnitud sin precedentes con un refuerzo inicial de solo dos médicos y dos enfermeras?

La ministra de Sanidad, Mónica García, ha defendido públicamente que los servicios sanitarios de Ceuta no están tensionados. Pero desde dentro del hospital, el diagnóstico es radicalmente diferente.

No se trata de una discusión semántica

Tensión significa tener que reorganizar espacios, redistribuir profesionales, abrir circuitos específicos y aumentar la carga de trabajo para responder a una demanda excepcional. Significa que médicos de otros servicios tengan que «arrimar el hombro» porque el personal disponible en Urgencias no basta.

Y significa, sobre todo, que la capacidad de respuesta depende una vez más del esfuerzo adicional de los profesionales. La pregunta, por tanto, no es si los médicos y enfermeras han sido capaces de atender a los pacientes. Lo han hecho. La verdadera pregunta es a qué precio y durante cuánto tiempo puede mantenerse ese esfuerzo, porque Mónica García ni siquiera ha visitado la ciudad.

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