¿Bronceado sin sol? Los claroscuros de los autobronceadores bajo la lupa dermatológica

¿Bronceado sin sol? Los claroscuros de los autobronceadores bajo la lupa dermatológica
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Llega el buen tiempo y, con él, la eterna búsqueda de un tono dorado en la piel. Durante años, los dermatólogos han repetido hasta la saciedad que las cabinas de rayos UVA son un peligro y que tumbarse bajo el sol de mediodía es comprar papeletas para el envejecimiento prematuro y el cáncer de piel. Ante este panorama, los autobronceadores emergieron como el milagro definitivo: un bronceado exprés, embotellado y, supuestamente, sin riesgos.

Sin embargo, en el mundo de la cosmética, el término «100 % seguro» suele requerir algún que otro asterisco. Para entender qué hay de real y qué de mito tras estos productos, hablamos con la Dra. María Calvo, jefa del Servicio de Dermatología y Medicina Estética de Olympia Quirónsalud.

Una alternativa al sol, pero con matices, pero con matices

La primera duda es obligatoria: si un paciente decide cambiar las jornadas de sol por el bote de crema, ¿está tomando la decisión correcta? La Dra. Calvo lo tiene claro: “Siempre me parece mejor opción el autobronceador a la exposición solar o a las lámparas de rayos UVA”. En su opinión, el problema no es el producto en sí, sino las falsas certezas que genera en el consumidor.

Existe la falsa creencia de que verse moreno equivale a estar protegido. Al vernos con color, bajamos la guardia con el protector solar, y ahí es donde empiezan los problemas. “El matiz de 100 % seguro siempre debe tratarse con cuidado y personalizando, más en un producto que puede dar falsa sensación de protección frente al sol, al verse ya «moreno» y que puede dar problemas en personas susceptibles”, advierte la especialista.

De hecho, la Unión Europea ha estrechado el cerco sobre estos productos recientemente, limitando la concentración máxima de su ingrediente estrella, la dihidroxiacetona (DHA). No es que saltaran las alarmas por toxicidad inmediata, sino que, como explica la doctora, “el estándar de seguridad, la protección al consumidor y el rigor científico son mayores con el paso del tiempo y se van haciendo estudios para garantizarla al máximo”.

¿Qué pasa realmente en nuestra piel?

El funcionamiento del autobronceador es puramente superficial. La DHA reacciona con los aminoácidos de las células muertas de la piel (la capa córnea), «tiñéndolas» de un tono tostado. Al ser un proceso superficial, el color desaparece a los pocos días con la descamación natural.

Aun así, existen estudios que sugieren que esta reacción química podría liberar radicales libres (los responsables del envejecimiento celular) si nos exponemos al sol justo después de aplicarlo. ¿Debemos preocuparnos? La Dra. Calvo rebaja el alarmismo: “Es verdad que existen estudios en revistas dermatológicas de impacto donde se observa que pueden aumentar el número de radicales libres y, por tanto, el daño oxidativo, especialmente si existe exposición solar, pero estos estudios no concluyen que esto pueda suponer ningún daño para la salud ya que esta reacción se limita a la capa córnea y no penetra a las células vivas más profundas”. Las investigaciones actuales concluyen que no existe evidencia de absorción interna o sistémica del producto.

Eso sí, la ciencia todavía no lo sabe todo. Al ser preguntada por los efectos a largo plazo de un uso diario y prolongado en el tiempo, la dermatóloga reconoce que “de momento los estudios son limitados y la evidencia es escasa”. Por ello, su postura es de cautela: “Por eso de momento la recomendación debe ser su uso con moderación y siempre con protección solar para evitar el estrés oxidativo”.

Quiénes deberían tener cuidado (y el peligro de los sprays)

Aunque el producto sea seguro para la población general, la piel no es un lienzo idéntico en todas las personas. Quienes tengan la barrera cutánea debilitada deben andarse con ojo. “Es verdad que el riesgo de absorción profunda siempre será mayor en pacientes con la barrera cutánea alterada como en casos de dermatitis atópica, psoriasis, infecciones cutáneas y, por supuesto, en aquellos con alergias a cualquiera de sus componentes”, señala Calvo. De momento, la evidencia disponible sobre absorción profunda es limitada, aunque la especialista recomienda especial precaución en estos pacientes.

Otro punto crítico es el formato. En los últimos años se han popularizado los aerosoles domésticos y las cabinas de pulverización en centros de estética. Aquí el principal motivo de precaución es la posible irritación de las mucosas asociada a la exposición a productos en aerosol. “Todos los productos en aerosol tienen riesgo de irritar las mucosas, por lo que se debe evitar su exposición directa y priorizar los productos en crema”, aconseja contundente la experta.

¿Y en el caso de las embarazadas o mujeres en periodo de lactancia? La respuesta es tranquilizadora, aunque mantiene la línea de la prudencia: “No ha demostrado especial daño en embarazadas, por lo que recomendaría mismas precauciones que con el resto de los pacientes”, es decir, “uso con moderación, evitar inhalaciones y usar estrictamente protección solar”.

El manual de uso definitivo

Para quienes opten por utilizar autobronceadores, la clave está en el sentido común y en cambiar ciertos hábitos de aplicación.

A modo de hoja de ruta, la Dra. Calvo resume lo que el consumidor todavía no termina de asimilar, pero que debería grabar a fuego en su rutina de belleza: “Lo más importante es entender que siempre mejor usarlos de manera puntual, evitar la exposición solar al menos 24 horas tras su aplicación, usar fórmulas fiables al ser posible en formato cremas y siempre con el uso de protección solar”.

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