El 50% de los celiacos no sigue la dieta de forma correcta: éstos son los riesgos para la salud
La única terapia que existe actualmente es mantener una dieta estricta sin gluten durante toda la vida
Este tipo de alimentación requiere un aprendizaje y tiene un gran impacto económico
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La enfermedad celíaca es una patología autoinmune crónica y multiorgánica que afecta al intestino delgado de niños y adultos genéticamente predispuestos y que se desencadena por la ingesta de gluten. Se trata de una enfermedad frecuente en todo el mundo cuya prevalencia ha aumentado de forma significativa en los últimos 20 años, según la guía sobre esta enfermedad de la Organización Mundial de Gastroenterología (WGO, por sus siglas en inglés).
A pesar de ello, un importante porcentaje de pacientes sigue sin diagnosticar. En este sentido, la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) señala que hasta el 75% de los casos no están diagnosticados.
Dificultades para el diagnóstico
Pero, ¿por qué resulta tan difícil diagnosticar la enfermedad celíaca?: Entre los motivos que destaca la WGO figuran la gran variedad de síntomas que puede presentar —intestinales y extraintestinales—, su evolución cambiante a lo largo de la vida e incluso la ausencia de síntomas. A ello se suma, según la FACE, «el desconocimiento de los médicos de atención primaria, que son el primer filtro por el que pasan las personas celíacas».
Los expertos coinciden en que, por el momento, el único tratamiento que existe para esta enfermedad es seguir una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. Desde la WGO indican que incluso cantidades muy pequeñas de alimentos o medicamentos que contengan gluten procedente del trigo, la cebada, el centeno o sus derivados pueden resultar perjudiciales. Y recomiendan contar con el asesoramiento de un dietista-nutricionista experto en este tipo de dieta, especialmente durante el primer año tras el diagnóstico.
La FACE explica en su página web que cuando una persona con enfermedad celíaca consume gluten, se desencadena una respuesta inmunitaria que daña las vellosidades intestinales, estructuras esenciales para la absorción de nutrientes. Al eliminar el gluten de la alimentación, esta reacción desaparece y el intestino comienza a regenerarse.
Detalla que tras una ingesta puntual de gluten, pueden aparecer síntomas como dolor abdominal, diarrea, fatiga, dolor de cabeza, náuseas, vómitos o dermatitis herpetiforme. Sin embargo, el verdadero problema surge cuando las transgresiones de la dieta se producen de forma repetida. En estos casos, la malabsorción mantenida de nutrientes puede dar lugar a complicaciones importantes como anemia ferropénica, osteoporosis, infertilidad, daño hepático, alteraciones neurológicas e incluso determinados tipos de cáncer.
Falta de adherencia al tratamiento
Pese a ello, algunos estudios apuntan a que hasta el 50% de las personas con enfermedad celíaca no siguen correctamente el tratamiento. El doctor Sergio Farrais, experto de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y responsable de la Unidad de Enfermedad Celíaca del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid, explica en un comunicado que la adherencia a la dieta sin gluten puede verse dificultada por múltiples factores, entre ellos su complejidad, el desconocimiento por parte de los pacientes, la ausencia de síntomas digestivos, las limitaciones sociales o el impacto económico que supone.
Farrais argumenta que los errores en la dieta pueden producirse tanto de forma consciente como accidental. «La dieta sin gluten es compleja y requiere aprendizaje: conocer la clasificación de los alimentos, interpretar correctamente el etiquetado o comprender cómo funciona el contacto cruzado, que sucede cuando un alimento sin gluten entra en contacto con otro que sí lo contiene», señala. Como consecuencia, muchos pacientes creen que están siguiendo adecuadamente la dieta cuando, en realidad, continúan expuestos al gluten sin ser conscientes.
Para detectar estas situaciones, existen pruebas capaces de hallar trazas de gluten en heces u orina, recogiendo muestras tras la ingesta en diferentes ambientes o situaciones concretas para identificar en qué contexto o con qué alimentos se han producido posibles transgresiones dietéticas.
Las dificultades para mantener la dieta también tienen un importante componente social. El especialista destaca que la adolescencia es una etapa especialmente delicada, porque la responsabilidad del control dietético pasa de los padres al propio paciente. Además, aquellos adultos que no presentan síntomas digestivos —una situación que puede afectar a cerca del 30% de las personas con celiaquía— suelen percibir menos consecuencias inmediatas tras la ingesta de gluten, lo que puede dificultar el cumplimiento estricto del tratamiento.
A estas complicaciones se suma el coste económico de la dieta sin gluten. Según datos de la FACE, la cesta de la compra de una persona celíaca puede encarecerse en unos 1.000 euros al año.
Hay que tener en cuenta que en la enfermedad celíaca existe una asociación familiar. Sergio Farrais comenta que “cuando hay una persona celíaca en la familia, aumenta la probabilidad de que otros miembros también lo sean”. Y esto multiplica el impacto económico en algunos hogares.
Mitos a desterrar
Aunque la información sobre la celiaquía ha mejorado en los últimos años, siguen existiendo ideas equivocadas sobre qué implica realmente esta enfermedad y cómo debe tratarse. Farrais incide en la importancia de desterrar algunos mitos que pueden dificultar tanto el diagnóstico como el correcto seguimiento del tratamiento. Así, insiste en que la celiaquía no afecta únicamente al intestino, sino que es una enfermedad sistémica que puede comprometer distintos órganos y aparatos. Asimismo, recuerda que la ausencia de síntomas digestivos no excluye la enfermedad.
También subraya que no se trata de una alergia ni de una simple intolerancia alimentaria, sino de una enfermedad autoinmune que provoca daño crónico en el intestino delgado y altera la absorción de nutrientes. Puede aparecer a cualquier edad y, por el momento, no existe ningún tratamiento alternativo a la dieta sin gluten estricta, que, aunque no cura la enfermedad, sí permite controlarla, mejorar significativamente la calidad de vida y, sobre todo, prevenir complicaciones potencialmente graves.
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