Yolanda, la encubridora
¿Cuántas veces habrá pronunciado Yolanda Díaz en su vida las palabras «feminista», «machista», «progresista», «igualdad», “agresor sexual” y mierdas lingüísticas como «empoderamiento»? ¿Cien mil? ¿Un millón? ¿Dos tal vez? Visto lo visto, le han cundido poco. Ella fue junto a ese mal bicho tonto que es Irene Montero la que alumbró una barbaridad conocida como «Ley del sólo sí es sí», que puso en libertad o rebajó la condena a no menos de 1.300 violadores, pederastas y abusadores. A la mayor escoria de esta sociedad.
He colado la apostilla del «no menos» porque en un momento dado el Ministerio de Justicia prohibió facilitar nuevos datos de los agresores sexuales agraciados por el que teóricamente era el sector más feminista del Gobierno socialcomunista y del mundo-mundial. La censura y la falta de transparencia de este Gobierno autocrático ha impedido conocer la verdadera dimensión de un disparate legislativo que no costó ipso facto el puesto a la pareja de ese delincuente que es Pablo Iglesias, es más, se mantuvo de ministra de Igualdad hasta el final de la anterior legislatura. Conclusión: Sánchez premió estas rebajas penales, circunstancia inaudita en una democracia de calidad, donde una ministra tan consciente o inconscientemente torpe hubiera durado en el machito menos que un caramelo a la puerta de un colegio.
La desahogada de Yolanda Díaz no sólo fue colaboradora necesaria en este inesperado regalo legal a los depredadores sexuales que atestan nuestras cárceles. Habría de pasar tiempo hasta que todos conociéramos fidedignamente su rostro oculto: el de encubridora de los más viles violadores y pederastas. Lo conocimos tarde porque en Sumar opera una omertà que ya les gustaría a los capos de la ‘Ndrangheta o la Cosa Nostra.
El 24 de octubre de 2024 su suerte cambió definitivamente para siempre. Ya nada sería igual para ella. La periodista y activista Cristina Fallarás quitó abruptamente la careta a esta panda de jetas que se lucran con la palabra feminismo al revelar públicamente que en Sumar se habían hecho los suecos ante una cascada de acusaciones por agresión sexual contra un Íñigo Errejón que 24 horas antes estaba sentado en su escaño del Congreso a pocos meses de la jefa de la banda, Yolanda Díaz.
Lo conocimos tarde porque en Sumar opera una ‘omertá’ que ya les gustaría a los capos de la ‘Ndrangheta o la Cosa Nostra
El niño bonito de la extrema izquierda, el simpático, tolerante e inteligentísimo Errejón, había abusado de una chica en el festival de música Tremenda Fem Fest en Castellón en el verano de 2023. La cogió de la cintura y le tocó el culo. Peor aún si cabe fue la reacción de las acompañantes del entonces diputado y aspirante a ministro. Loreto Arenillas, por aquel entonces diputada regional de Más Madrid y ex jefa de gabinete del susodicho, se presentó a la víctima como «mediadora» y le instó a no denunciar. Ironías de la vida, era un evento que se autodefine como «transfeminista».
Llovía sobre mojado. Sumar ya conocía cómo se las gastaba este tipejo porque dos años antes había propinado una patada en el vientre a un jubilado enfermo de cáncer de colon cuyo único delito fue aproximarse a él para pedirle un selfie en pleno centro de Madrid. Errejón estaba claramente excitado, quién sabe si drogado o borracho o ambas cosas a la vez. OKDIARIO reveló en exclusiva el suceso pero, entre el juez y los medios de comunicación, que se pusieron cuasiunánimemente del lado del agresor, se hizo luz de gas y el pájaro quedó retratado en el imaginario colectivo cual mártir de la Fachosfera.
Arenillas hizo de diablo en la agresión sexual del festival de música castellonense pero también jugó el rol de ángel. Puso los hechos en conocimiento de «la secretaria de la formación política y de la responsable de Feminismos [sic]» que no sólo no expedientaron al agresor sexual, incumpliendo una elemental obligación ética y legal, sino que echaron toneladas de tierra sobre el incidente. Yolanda Díaz hizo bueno el españolísimo «pelillos a la mar» y se negó a poner el escándalo en manos de los órganos disciplinarios del partido.
El #MeToo contra Errejón registró su primer hito el 24 de octubre de 2024 con las primeras denuncias y la dimisión del desalmado con cara de niño. No habían pasado ni veinticuatro horas cuando Elisa Mouliaá lo denunció por otra brutal agresión sexual en la cual relataba un auténtico infierno en el que el ultraizquierdista impuso un sádico y cruel «sí es sí». «Vas a hacer lo que yo diga porque sí», era su leit motiv, La actriz acabó retirando la denuncia por las gansteriles presiones de una izquierda que dice una cosa en público y hace otra bien distinta en privado. Los problemas no habrían de terminar ahí porque otra mujer le denunció hace cinco meses por haberla violado en 2021.
Diez mil veces más grave y repugnante ha sido su encubrimiento activo o pasivo de varios casos de pederastia cometidos por tres colaboradores
Con todo, lo peor para Yolanda Díaz no es un caso Errejón en el que se pasó por el arco del triunfo la legalidad y un feminismo que para ella sólo atesora valor si sirve para cazar votos y permanecer viviendo a costa del contribuyente. Diez mil veces más grave y repugnante ha sido su encubrimiento activo o pasivo de varios casos de pederastia protagonizados por tres colaboradores. Yo siempre digo que el peor delincuente del mundo no es un terrorista o un asesino en serie sino aquél que abusa de un menor al que jode la vida para siempre o aquéllos que se deleitan contemplando pornografía infantil. Mentes degeneradas a los que yo castraría químicamente o físicamente porque carecen de capacidad alguna de reinserción o regeneración.
Cómo se las gasta la todavía número 3 del Gobierno quedó meridianamente claro en 2016 cuando Ramiro Santalices, asesor suyo en Izquierda Unida en Galicia, fue detenido en una operación contra la pornografía infantil. Llevaba años entrando en webs pedófilas, concretamente, desde que era asesor de Yolanda en el Ayuntamiento de Ferrol. Cuando varios concejales le alertaron en 2009 de las asquerosas costumbres de Santalices, Yolanda Díaz los purgó con un argumento tan cínico como peregrino: «Los vídeos pedófilos han llegado a los ordenadores de Ramiro por un virus». Lo cierto y verdad es que acabó condenado a un año de cárcel y la caudilla de Sumar no dijo ni mu.
Santalices es un delincuente sexual pero su conducta está a años luz de la de otros dos de los colaboradores yolandistas. Lo de Martiño Ramos y Xabier Ron es nivel dios de maldad. El primero, fundó mano a mano con Díaz En Marea en 2015; el segundo fue diputado en el Parlamento gallego de Alternativa Galega de Esquerda, coalición liderada por nuestra protagonista.
Martiño Ramos, profesor de música en su vida privada, agredió sexualmente durante cuatro años a una niña de 12. Este hijo de perra preguntaba a la desdichada menor, como a otras de las que abusó, si usaba «vibradores». Sus frases preferidas lo dicen todo acerca de su catadura: «Quiero morderte, comerte y luego ponerte encima de la mesa del profe». Este ejemplar hombre de izquierdas se fugó al paraíso cubano inmediatamente después de ser condenado a 13 años y medio de cárcel. La Justicia española hubo de recurrir a la extradición para meterlo entre rejas. Ojalá se muera en la trena.
Yolanda Díaz continúa subida al coche oficial trincando todos los meses y, lo que es peor, impartiéndonos a los demás lecciones de ética
Xabier Ron es igual de malnacido que Martiño Ramos. También era maestro y aprovechó esta situación de prevalencia para violar a una de sus pupilas de 12 años a la que, para más inri, le contagió de sífilis. Esta semana se conoció su pena: nueve años de prisión. Poco me parece para alguien que arruinó la existencia a una chiquilla que, por muchas terapias a las que se le someta, jamás se recuperará y vivirá el resto de sus días traumada.
Mientras, Yolanda Díaz continúa subida al coche oficial, rodeada de una legión de escoltas, trincando todos los meses un sueldo que no se merece, asentando sus reales sobre una poltrona que no se ganó en las urnas y pisando la mullida moqueta que le pagamos todos. Y, lo que es peor, impartiéndonos a los demás lecciones de ética y regalándonos estética con esos atuendos glamurosos a la par que prohibitivos para el común de las mortales. Su actividad encubridora le habría costado la expulsión del Ejecutivo en Francia, Alemania, Reino Unido, Suecia o Noruega y le supondría también como mínimo una imputación y la consiguiente muerte civil. Aquí, no, aquí la izquierda tiene bula papal. Anteponen el sectarismo a la realidad de unos hechos incontrovertibles, encubren delitos gravísimos que representan la antítesis del feminismo y continúan circulando por la vida bajo palio. Si son violadores pero de los míos, seguro que se trata de una inventada de la denunciante. Las cosas de un sanchismo que golea en machismo al franquismo y en violencia sexual a los salvajes homínidos de Atapuerca.