Sánchez, el antisemita fracasado
El nuevo líder de lo peor de la extrema izquierda populista mundial, Pedro Sánchez, ha vuelto a evidenciar su irrelevancia en el tablero internacional. Su antisemitismo oportunista ha vuelto a recibir el rechazo de nuestros socios comunitarios, que no han comprado su enésimo intento de erigirse en el faro mundial contra los judíos, su penúltima cortina de humo para que olvidemos los escándalos que envuelven a su esposa y a su hermano, a su partido y a su Gobierno. Sánchez usa a Israel como tapadera y como elemento de cohesión de su coalición progresista, formada por lo peor de la política española, por los amigos de las dictaduras venezolana y cubana y por los herederos de la banda terrorista ETA.
Tras semanas de retórica sanchista inflamada contra Israel, los ministros de Exteriores de la Unión Europea cerraron su último encuentro sin aplicar las medidas de presión que pudieran satisfacer el ansia de protagonismo del líder del PSOE. La estrategia del ruido de Moncloa se ha estrellado frontalmente contra la realidad de los Veintisiete, que no están para aventuras que beneficien a uno de los regímenes más siniestros y totalitarios del mundo, el iraní. El ídolo de los ayatolás, Sánchez, se ha quedado con un palmo de narices. No sería de extrañar que la dictadura persa acabe retirando las fotos de Mr. Handsome de sus misiles.
El monaguillo de Sánchez, José Manuel Albares, llegó a Bruselas con la exigencia de suspender el acuerdo de asociación con el Gobierno de Benjamín Netanyahu. El jefe más siniestro de la antaño prestigiosa diplomacia española pretendía liderar una ofensiva que pocos en Europa están dispuestos a secundar. Para el PSOE, la política exterior es sólo un apéndice de su propaganda interna, pero en Europa las relaciones internacionales son una cosa seria. Así que el sanchismo se quedó sin conseguir lo que hubiera sido un gran triunfo propagandístico. Mientras Sánchez convertía el fin de semana, durante la cumbre progresista en Barcelona, en un mitin contra Israel, en Bruselas ya se sabía que la propuesta antisemita de Moncloa no llegaría a ninguna parte.
Pero como a Sánchez la realidad no le estropea una buena cortina de humo, ha seguido dando la matraca hasta que los ministros de Exteriores le han dado calabazas. Y es que la unidad europea no se construye con eslóganes, sino con consensos que España ha sido incapaz de tejer. Alemania e Italia han encabezado un rechazo que diplomáticos de otros países han seguido. Recordemos que en el país germano los partidos comunistas están prohibidos por la Constitución, mientras que en España forman parte del Gobierno. Así que es bastante complicado que Merz haga seguidismo de un Sánchez totalmente en manos de lo más radical de la política europea, y menos aún para estigmatizar a Israel. En Alemania deben tener muy presente cuando el líder del PSOE agitó a las masas para reventar el final de la Vuelta Ciclista a España con una horda que insultaba a los judíos.
La falta de peso diplomático de nuestro país es evidente cuando las propuestas de Madrid nacen muertas antes de entrar en la sala de reuniones. Le pasó con sus burdos intentos de imponer el catalán y el euskera como lengua oficial en la Unión Europea y le pasará con todas sus propuestas que tengan tufillo a cesiones hacia sus socios separatistas, exterroristas y populistas de extrema izquierda. El análisis de Bruselas es claro: antes de suspender acuerdos globales, hay que estudiar opciones realistas. La Comisión Europea y los gobiernos comunitarios prefieren la cautela y la legalidad frente a la propaganda antisemita que intenta exportar el PSOE. La diplomacia europea se mueve por intereses estratégicos, no por las necesidades electorales de un Gobierno acorralado.
El fracaso en Bruselas demuestra que la política exterior de Sánchez está desconectada de las potencias que realmente mandan en la Unión. Mientras el presidente busca titulares fáciles, la UE sigue sin contar con España para nada. En apenas tres años, España ha perdido el peso que tenía en las instituciones comunitarias, con un Sánchez que es visto como un caudillo populista al estilo bolivariano, acechado por todo tipo de escándalos económicos. Su intento de capitalizar el No a la guerra no le ha servido de nada ante las principales potencias del continente, y los grandes partidos de izquierdas en Francia, Italia, Alemania e incluso de la extracomunitaria Gran Bretaña, ignoraron la cumbre populista que el PSOE celebró en Barcelona el pasado fin de semana. Sánchez no pinta nada a nivel internacional, y a medida que avancen las investigaciones judiciales aún pintará menos.
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