Los que recogen las nueces
Resulta patético que el PNV se haga el ofendidito con los socialistas y haya anunciado que «rompe relaciones» con el PSOE por un fotomontaje en el que se ve a Aitor Esteban tirarse vestido a la piscina. Recordemos que el principal partido clientelar de las Vascongadas es el principal responsable de todas las calamidades que ha vivido España desde 2018. Como buen partido traidor que es, los jeltzales vendieron a Mariano Rajoy y, cuando les interese, intentarán lo mismo con los socialistas, aunque tienen la soga de Bildu demasiado cerca, y quién podría apretar el nudo llevará una insignia con el puño y la rosa.
Al PNV le ha molestado mucho un montaje humorístico en redes sociales, pero no le importó ser el cómplice silencioso de la Ley de Amnistía, una norma que borró delitos a la carta de los separatistas catalanes. Aitor Esteban y los suyos validaron este atropello al Estado de Derecho sin pestañear, demostrando que su ética política termina donde empieza su interés. A fin de cuentas, los golpistas separatistas catalanes han mostrado el camino a los futuros golpistas separatistas vascos. El PNV ha sido, y es, el cómplice necesario para las intentonas de Sánchez de reventar la Constitución, y gobiernan juntos en numerosas instituciones vascas, pero, por si hubiera en unos meses un cambio de ciclo en Moncloa, les conviene distanciarse poco a poco del sanchismo, y en menos de veinticuatro horas han votado en contra del decreto de vivienda y han montado el numerito de la foto de Aitor Esteban.
A lo largo de los dos mandatos de Sánchez, los nacionalistas vascos se han convertido en el respirador artificial de un Gobierno que agoniza entre escándalos y tics autoritarios. No importa el atropello; el PNV siempre ha estado ahí —compitiendo con Bildu como apoyo más fiel del PSOE— para sostener la mano del Gobierno mientras este atacaba —y ataca— a diario la independencia de las principales instituciones del Estado. La toma de control de RTVE, el día después de la tragedia de la DANA, solo fue la punta del iceberg de una deriva que los de Sabin Etxea han contemplado con una mezcla de cinismo y complicidad. El PNV ha permitido que RTVE se haya convertido en pura propaganda del PSOE mediante el pago correspondiente de colocar a su gente en el ente público. No ha sido el único pago recibido: las competencias que han arrancado al Estado a cambio de mantener vivo al sanchismo han sido puro maná.
De ahí que no le haya importado lo ocurrido en el Tribunal Constitucional o en el Tribunal de Cuentas. El asalto a las instituciones encargadas de fiscalizar al poder se ha ejecutado con el beneplácito de un nacionalismo vasco que prefiere un Estado debilitado antes que un Gobierno que cumpla la ley. Al facilitar que Sánchez colocara a sus peones en las altas magistraturas, el PNV no hizo más que seguir con su tradición de erosionar el Estado de derecho en España. Especialmente sangrante fue el silencio cómplice ante la tragedia de Adamuz. Mientras las familias de las víctimas exigían respuestas por un accidente ferroviario envuelto en negligencia, el Gobierno se negaba a asumir responsabilidades políticas con la complicidad del PNV. Si hay una foto que debería haber incomodado a Aitor Esteban y a los suyos es la de los muertos en los trenes, no la de la piscinita.
Los ataques socialistas al poder judicial han marcado un antes y un después en esta legislatura. Desde el señalamiento a jueces hasta las campañas de desprestigio contra quienes investigan la corrupción del entorno presidencial, el PSOE ha cruzado todas las líneas rojas. El PNV, que teóricamente es un partido de orden, ha sido cómplice de este hostigamiento, validando con su apoyo legislativo al sanchismo una persecución política sin precedentes en nuestra democracia. No olvidemos, por escandaloso, la complicidad del nacionalismo vasco en la manipulación continua y obscena del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Bajo la batuta de José Félix Tezanos, el organismo se ha transformado en una oficina de marketing al servicio exclusivo de Ferraz. El PNV conoce perfectamente que los datos están cocinados para favorecer el relato monclovita, pero prefiere ignorar el fraude democrático que supone utilizar dinero público para engañar a los ciudadanos sobre la realidad electoral.
Sánchez no podría haber llegado tan lejos sin la ayuda de unos socios que han vendido su influencia por competencias. El PNV ha sido, y es, el socio necesario de este atropello constante. Su responsabilidad en la degradación de la vida pública española es ya tan grande como la del propio Partido Socialista. El «ofenderse» por la foto de Aitor Esteban en la piscina es una pura memez que demuestra lo bajo que han caído los herederos de Sabino Arana.