Prioridad nacional, sentido común
La falta de formación léxica y semántica en las escuelas de España, consecuencia del adoctrinamiento perpetrado por décadas de leyes socialistas educativas, provoca que gran parte de la población apenas maneje unas decenas de vocablos y no sepa definir con propiedad términos precisos, que confunden al albur de la propaganda política de turno. Con el concepto prioridad nacional, introducido con pericia en el debate público, se tergiversa su propia raíz definitoria y también su pretensión a la hora de enmarcarlo en una narrativa política determinada.
Unos manipulan lo que se ha querido decir con objeto de que su aborregada militancia obedezca a la víscera antes que a la razón y siga votando en consecuencia. Y otros, haciendo gala de su ignorancia de partido, se lanzan a criticar lo que desconocen hasta en la semántica, como iletrados mediáticos en cabestrillo o pagafantas buleros del régimen. En ellos se determina lo que Wittgenstein denominó vacaciones del lenguaje. Hacen de la claridad un malentendido, para incrementar así su propia confusión mental. Para esta tropa bien remunerada, y para quienes destinan su conocimiento al exabrupto por encima de la lógica y el sentido común, va destinado el presente artículo.
Priorizar es primar, poner por delante, preferir y en el caso que nos ocupa, que es la propuesta de Vox respecto al caos migratorio fomentado desde el Gobierno y sus patrocinadores globalistas (Soros, Gates, etc.), otorgar preponderancia a las demandas, necesidades y derechos de quienes, con su trabajo e impuestos, mantienen el sistema y el sueldo de quienes hacen las leyes, por muy totalitarias y corruptas que sean. Prioridad no significa exclusividad, sino predominio. Y apela a una situación excepcional, coyuntural, motivada, en este caso, por la chapuza regulatoria de un gobierno destinado sin remedio a la autocracia. Si los españoles no queremos ser los próximos emigrantes de nuestra propia nación, es preciso revertir, combatir y oponerse de manera urgente a cuanto el socialismo miserable proponga y ejecute. Y meter dos millones de personas en el sistema de golpe, convendremos en que es una estrategia encaminada a destrozar esa koiné (lo común) que tanto costó levantar, también por quienes llegaron de manera regular a España para contribuir a su progreso y bienestar.
De hecho, los primeros que rechazan este proyecto de invasión migratoria decretada bajo la excusa de normalizar a la minoría ya residente son aquellos inmigrantes que llegaron y se integraron en España, tiempo ha. Los que, tras años de esfuerzo y dificultades, arraigaron y se constituyeron en ciudadanos de derecho, carta jurídica fundamental que reconoce también obligaciones, y por tanto, la capacidad de poder acceder a derechos y prestaciones. Ahora ven como los que llegan, adquieren por vía del interés político, lo que a ellos les costó tantos años conseguir. Como ya sucedió en Estados Unidos, los inmigrantes de primera generación en España no elegirán a quienes han vendido tan barato su sueño por unos votos amañados. Porque ellos también pagarán la estafa sociológica de Sánchez en el continuado y nunca revertido saqueo fiscal que vivimos.
Prioridad nacional no significa prioridad al nacional, sino atender primero las necesidades de quienes ya están aquí, cotizan y mantienen el sistema, entre ellos, esos inmigrantes ya arraigados y nacionalizados. Bajo el concepto que Vox y PP deben defender al alimón, tendrán más prioridad aquellos nacionalizados que cotizan que los españoles del otro lado del Atlántico, beneficiarios de la abyecta Ley de Memoria Histórica, que son españoles pero no han cotizado un sólo día a la Seguridad Social. Se llama sentido común, virtud que se encuentra en quienes se oponen a una medida ilógica e irracional que sólo interesa a los que viven de las intenciones que denigran sus hechos y la propaganda que mantiene su vidorra de privilegios y escaños amamantados. También al periodista de subvención fija y continua, palmeros oficialistas cuyo beneficio depende de la intensidad con la que siguen lamiendo las botas del poder.
¿Saben ustedes quién hace de la exclusividad y el racismo su política? Los que hicieron a Sánchez presidente, sus socios y amigos, de los que depende para seguir en el poder. Los que exigen el catalán o el euskera para poder trabajar en España ya están priorizando la exclusión, esos mismos que llaman al resto de españoles «ñordos» y gritan «español el que no bote» o imponen sanciones a negocios que rotulan en castellano. Los que dan golpes de Estado contra la Constitución y lideran el terror callejero con violencia y permisividad gubernamental son los que llevan la etiqueta prioritaria para el PSOE, como secuaces del socialismo trincón y delincuente.
Por ende, las administraciones del Partido Popular, funcionarios y personal de las mismas, deben paralizar, en huelga de manos caídas, este real decreto ley que Sánchez, evitando al Parlamento, impone manu militari por sus narices de trilero. Si es imperativo categórico desobedecer las leyes que consideramos injustas, es una obligación moral boicotear este desatino político ilegal que busca adulterar el censo electoral, colapsar los servicios públicos y enfrentar a ciudadanos. Todo ello con la única intención de permanecer de manera ilegítima e ilegal en el poder, en esa diatriba divisiva contra la democracia en la que el felón de Moncloa se puso manos a la obra desde que amañó las primarias de su partido con la aquiescencia de sus conmilitones.
Ahora ya es tarde para la Plataforma Sanchista de Obedientes Embusteros, antes PSOE, pero no para España. La prioridad nacional empieza por defender a quienes te dieron la vida, te protegen en el núcleo familiar, y mantienen el sistema con su trabajo e impuestos. Quienes deciden vivir y venir a costa de los que producen, la prioridad debe ser otra, sin complejos, con el verbo afilado y la cabeza bien alta. Porque la solidaridad que se impone no es solidaridad, la humanidad que se decreta tampoco, y porque yo decido en mi casa quién entra a vaciar la nevera que mi trabajo ha contribuido a llenar.