Los otros chicos del PREU: un recuerdo para 2º de Bachillerato

Los otros chicos del PREU: un recuerdo para 2º de Bachillerato
  • José María Rotellar García

Aunque seguro que la inmensa mayoría de lectores la conocerán, para los más jóvenes, por si nunca la han visto, “Los chicos del PREU” es una película española de 1967, dirigida por Pedro Lazaga, en la que participan distintos actores y cantantes, como Emilio Gutiérrez Caba, Karina, Camilo Sesto, María José Goyanes, Alberto Closas, Rafaela Aparicio, José Luis López Vázquez o Mary Carrillo, entre otros muchos. Narra las aventuras de un grupo de jóvenes en su último año previo a la universidad, entonces conocido dicho curso con el nombre coloquial de PREU (curso Preuniversitario).

Son jóvenes de diecisiete años que viven el reencuentro tras el verano haciendo la matrícula para el PREU -por cierto, el edificio que alberga las aulas en la película es el querido centro de Económicas del CEU y todo el entorno del Colegio Mayor San Pablo-; aprenden en las clases, pero también hablan de sus aventuras en ellas e incluso en alguna se aburren; salen por la noche y se divierten; viven sus primeros amores; sufren desengaños y enseñanzas en la vida; sueñan con su futuro; gozan de su fiesta de graduación acompañados de sus padres y profesores; y se esfuerzan, presentándose a los exámenes para acceder a la universidad -con distinto éxito, porque la vida, aunque bonita y maravillosa, no siempre es de color de rosa-.

Es decir, hacen lo que todos los chicos de su edad que hayamos cursado dichos estudios hemos hecho al atravesar esa etapa: estudiar y comenzar a vivir de manera autónoma, que conlleva mucha responsabilidad. Todos los alumnos de ese curso, ya fuese el PREU, COU -el que cursó mi generación- o el actual 2º de Bachillerato, siguen ese mismo patrón. Es más, todos ellos, además de su graduación y cena y fiesta posteriores, tienen su viaje de fin de curso, para el que se preparan durante todo el año vendiendo loterías, rifas, o entradas de discoteca. Viaje por Europa, más didáctico y cultural, o a Mallorca, más festivo y desenfrenado, son planes que todo estudiante ha hecho realidad como viaje de fin de curso en esa etapa de su vida.

Pues bien, este año, la promoción que cursa actualmente 2º de Bachillerato se está perdiendo la magia de ese curso. Toda mi vida profesional me he dedicado -y me dedico- a la actividad económica y financiera, generalmente en el sector privado, pero cuando he desempeñado una responsabilidad pública también ha sido en dicha actividad. Desde hace casi veinte años tengo la suerte de compatibilizar esa ocupación principal económica y financiera en el mundo de la empresa, sector público o en la banca, con la docencia universitaria, pero además, por casualidades de la vida, me brindaron, hace dos cursos, la oportunidad de impartir también docencia de Economía a nivel escolar, principalmente en Bachillerato. Por tanto, soy consciente de primera mano de lo que estos muchachos están pasando, de lo que se están perdiendo, de la angustia añadida por la situación en un año tan importante para sus vidas.

El diez de marzo, martes, a las once menos diez de la mañana, nos despedimos. Ellos albergaban la esperanza de un pronto reencuentro. Yo no quise quitarles su ilusión, pero conociendo como conozco un poco la política en España, mucho me temía que ese día estaban sentándose por última vez en los pupitres de su colegio. El Gobierno les ha negado la posibilidad de hacer sus últimos exámenes globales del curso en sus aulas, al no permitir a Madrid reincorporar una semana antes de la fase II a los alumnos de 2º de Bachillerato, así que salvo en futuras clases de repaso antes de celebrarse lo que conocíamos como Selectividad y después PAU (ahora, EVaU o EBAU, pues con ambos acrónimos podemos referirnos a la prueba de acceso a la universidad), ya no volverán en el curso ordinario.

De repente, se han dado cuenta de que su último día en sus clases fue hace más de dos meses; que la meta de los exámenes de acceso a la universidad -que tendrían que tenerla durante esta semana de junio- se la movían un mes hacia delante, e incluso con un último día de propina adicional para evitar aglomeraciones -que ya hace la espera agobiante, sin saber ya ni el qué repasar-; que con el calor de julio tendrán que realizar la prueba con mascarilla y quién sabe si con guantes también -esperemos que no-; que sus últimos exámenes los realizarán, como todos los que vienen haciendo desde el cierre de la actividad presencial, a través de las distintas plataformas que existen para videoconferencias -igual que sus compañeros universitarios, que también tienen el mismo gran mérito-; que su graduación -más allá de una virtual, no se ha producido; y que su viaje a las islas -o al resto de Europa- se ha esfumado. En definitiva, que un curso irrepetible, con todas sus sensaciones, vivencias y sentimientos, se lo han extirpado de raíz.

Y todos lo han asumido, aunque con pena interior, con una sonrisa, con espíritu de sacrificio y con esfuerzo. Con resignación ante la circunstancia, pero con determinación para superar los exámenes que les habrán de abrir el paso a otra etapa preciosa, la universitaria.

Por tanto, no puedo hacer otra cosa, porque creo que es de justicia, que acordarme de todos los alumnos de 2º de Bachillerato de España. Yo lo simbolizaré en aquellos muchachos que conozco porque tengo el honor de darles clase de Economía día tras día, en el magnífico Trinity College de Boadilla, como son Paloma, Alicia, Lucía, Pablo, Laura H., Alejandra, Ángela, Elisa, Ignacio, Rodrigo M., Diego, Emigdio, Rodrigo S.R., Laura S. y Nadia, y también en aquellos otros a los que no doy clase, pero que pese a mi breve estancia en el colegio debido a mis otras ocupaciones, los veo por el pasillo, en algún cambio de clase, como son Diego A-C., Alejandro, Virginia, Ana, Diego de M., Mario y Jaime, pero que, como digo, es extensible tanto a sus compañeros de dicho nivel tanto en su centro hermano de San Sebastián de los Reyes como a todos los alumnos que cursan 2º de Bachillerato este curso en nuestro país. Mi recuerdo y ánimo a todos ellos en estas circunstancias tan adversas.

Es cierto, no los voy a engañar, que han perdido muchas vivencias de este año y que ya nunca volverán, pero también es cierto que tienen todo el futuro por delante; un futuro que es suyo. Son el porvenir, las nuevas generaciones que han de hacer más grande la economía desarrollada que somos y la prosperidad de la que hemos gozado hasta ahora. Este mal tiempo pasará y remontaremos. Para empezar, les deseo a todos una magnífica buena suerte en los exámenes de acceso a la universidad. En ese futuro, van a comenzar, de momento, la universidad, una etapa fantástica donde, además de aprender, también podrán vivir momentos irrepetibles, que espero que les resarzan de los instantes perdidos este curso por la pandemia. Suyo es el futuro, suya es la oportunidad y suyo puede ser el éxito. Ojalá que lo consigan. ¡Ánimo!

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