La ley del más fuerte
La historia de Ascensión y Claudina demuestra hasta qué punto las libertades y derechos individuales están siendo acosadas por un Gobierno que no admite las críticas. El delito de estas dos mujeres imputadas por desobediencia -el juicio será hoy mismo- fue negarse a identificarse y cruzar el perímetro de seguridad del chalé de Iglesias y Montero, según recoge la denuncia. Es cierto que hicieron oídos sordos a las recomendaciones de los agentes de la Guardia Civil, pero el incidente se enmarca dentro de un contexto que parte de la decisión del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, de convertir los alrededores de la vivienda de la pareja gubernamental en una zona de exclusión vedada al tránsito, en una especie de coto privado.
El atestado señala con toda claridad que ambas mujeres se negaron a identificarse mientras “llevaban banderas España”, “hacían sonar el himno de España” y criticaban el dispositivo de la Guardia Civil en Galapagar.
Textualmente reza así: «Siendo las 17:23 horas del presente día [29 de junio] aparecen un grupo de personas conformado por cuatro individuos de sexo femenino, que las mismas se han bajado de unos vehículos y se han dirigido hacia la zona del perímetro de seguridad de la casa, cita esta en el lugar descrito anteriormente y que es la residencia del vicepresidente del Gobierno don Pablo Iglesias y la ministra del Gobierno Doña Irene Montero”.
Los agentes cumplieron con su obligación. Su actuación fue correcta y respetuosa en todo momento. Es cierto que las mujeres se mostraron reacias a acatar el requerimiento de los guardias civiles, pero el problema de fondo, más allá del incidente concreto, es que el Ministerio de Interior ha impuesto en la zona una suerte de estado de excepción, un dispositivo exagerado y desproporcionado.
La vigilancia del chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero es comprensible, pero el despliegue de efectivos en las inmediaciones y el bloqueo de una vía pública resulta incomprensible. Unas cacerolas y unas banderas de España no representan ninguna amenaza para la pareja gubernamental. Comparadas con los escraches que ellos practicaban -su «jarabe democrático»- lo de estas dos mujeres, Ascensión y Claudina, resulta una broma.
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