Otra fiscal general que se vende al sanchismo y tira su prestigio por la borda
A través de un decreto, la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, ha resuelto que la condena penal firme del Tribunal Supremo contra Álvaro García Ortiz, su antecesor en el cargo, por revelar datos reservados de la pareja de Isabel Díaz Ayuso, no implica la apertura de ningún expediente disciplinario en el seno del Ministerio Público. El argumento es un atentado a la igualdad de los miembros de la carrera, porque, según Peramato, el fiscal general no está sujeto a la inhabilitación que una condena de esa naturaleza hubiera causado en cualquier otro fiscal. A eso se agarra Peramato, quien a la vez ha inadmitido los recursos presentados por Alberto González Amador, la víctima de la filtración, por considerar que este no tiene legitimación activa en el expediente gubernativo.
Vamos a ver: la justificación jurídica de la fiscal general es una aberración, se mire por donde se mire, porque eso de que «la persona titular de la Fiscalía General no está sujeta al régimen disciplinario de los miembros de la carrera fiscal» supone blindar a cualquier titular de la Fiscalía General, aunque haya mediado una condena de los tribunales como es el caso. Cualquier otro fiscal —García Ortiz lo es— habría sido expulsado, lo que significa que estamos ante un trato de favor inexplicable y atentatorio contra los más elementales principios de igualdad. González Amador, la víctima de la filtración de sus datos tributarios cuya divulgación motivó la condena de García Ortiz, había solicitado el 23 de enero de 2026 que se le reconociese la condición de interesado en el expediente gubernativo. Además, había formulado dos recursos de reposición —uno principal y otro subsidiario— y una denuncia contra García Ortiz y contra la fiscal Pilar Rodríguez Fernández. En el recurso subsidiario pedía expresamente que se declarase la incapacidad de García Ortiz para el ejercicio de sus funciones fiscales e, incluso, la pérdida de su condición de fiscal por aplicación del artículo 46.1 e) del EOMF. Peramato ha escuchado la voz de su amo, Pedro Sánchez, y parido un engendro que no hay por dónde cogerlo.
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