Opinión

Fachosfera contra dictadura

El neologismo «fachosfera» no se lo ha inventado Pedro Sánchez ni tampoco su perro de presa, Óscar Puente. La prensa francesa lleva años hablando de la fachosphère que en Hispanoamérica se tradujo por «fachosfera», término que ha tenido relativo éxito en las redes sociales desde hace más de 10 años. Hasta la Wikipedia tiene una entrada en francés en la que la define como la «extrema derecha en internet» y dice que es el «conjunto de páginas de internet y blogs usados para difundir temas clásicos de la extrema derecha, como la oposición a la inmigración, a la Unión Europea o al matrimonio homosexual». Algo similar al movimiento alt-righ o derecha alternativa, acusada de ser la responsable de llevar a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2017.

La novedad introducida por Óscar Puente fue incluir en ese conjunto a todos los medios de comunicación críticos con el Gobierno, que según él, se caracterizan por «la manipulación grosera de la realidad» y le provocan que «el café, de pronto, me sabe a whiskey». Unos días después, el presidente del Gobierno hacía suyo el concepto en su entrevista a La Vanguardia del pasado domingo y lo extendía a toda la oposición, que dice «están parasitados por la ultraderecha» y pretenden «derrocar a un Gobierno legítimo de dos partidos de izquierdas creando ruido para desmovilizar al electorado y provocar desafección política entre los votantes»; lo que viene a ser, prácticamente, acusarles de estar intentando dar un golpe de Estado contra él.

Tanto Pedro Sánchez como su bulldog tratan de victimizar al PSOE ante cualquier crítica que surja contra el presidente del Gobierno no sólo en manifestaciones de ciudadanos en las calles o en las redes sociales, sino incluso en los medios de comunicación, de la prensa libre y hasta en los políticos de los partidos de la oposición democrática. Cualquiera que se oponga a sus pactos con los comunistas que rodean el Congreso, con los proetarras de Bildu y con los golpistas de Junts y ERC; así como todos los que critiquen sus mentiras, sus indultos, sus cesiones ante ETA y sus amnistías, formamos parte de esa «fachosfera» que intenta dar un golpe de Estado contra Sánchez.

No es ninguna novedad. Nada más proclamarse la Segunda República, el radical izquierdista y anticlerical Manuel Azaña proclamó la Ley de Defensa de la República, una ley de excepción que bloqueaba los derechos fundamentales proclamados por la misma Constitución republicana, otorgando poderes excepcionales al Gobierno para, al margen de la justicia, censurar, sancionar e incluso cerrar medios de comunicación que, a su juicio, cometieran «actos de agresión contra la República». La indefensión llegó a tal punto que el mismo Azaña explicó que «una decisión adoptada por el Ministro de la Gobernación no se va a recurrir ante un juez ni ante el Tribunal Supremo». Hasta el lawfare lo han copiado de lo que la extrema izquierda hizo durante los años previos a la Guerra Civil.

La semana pasada el PSOE envió una carta a las principales asociaciones periodísticas de España solicitándoles su apoyo a la retirada a OKDIARIO de las credenciales de prensa necesarias para poder acceder al Congreso, al Senado y a todos los parlamentos autonómicos; y el lunes hizo esta misma petición ante las Cortes españolas. Dice el PSOE que los periodistas de OKDIARIO son «pseudoperiodistas» que actúan como «activistas» y «amplifican y difunden discursos de odio», por lo que solicitan que sean sancionados. Lo mismo que hizo Azaña en 1931 cerrando el diario monárquico Abc y numerosos diarios católicos, por informar del centenar de edificios religiosos que fueron quemados por las hordas republicanas entre el 10 y el 11 de mayo de 1931.

Para Sánchez, la «fachosfera» es la oposición a sus cesiones ante sus socios comunistas, proetarras y golpistas. Todos los que contamos que eso a lo que él llama «cambios de opinión» son en realidad fraudes electorales, quienes criticamos sus ataques contra la justicia independiente que supone un freno a su ambición personal, y los que informamos de que la amnistía con la que pretende comprar los votos de los golpistas catalanes es completamente inconstitucional, merecemos ser censurados y sancionados, por golpistas y antidemocráticos. El mundo al revés. Los que intentan silenciar a quienes les critican se llaman dictadores y en eso es en lo que se está convirtiendo Pedro Sánchez.