¡En F1 o en patera!
En estos días en Madrid rugen los motores de los fórmula uno. Y rugen los
políticos, de forma más estridente, en un Debate del Estado de la Región de
especial relevancia, por ser el último de la legislatura autonómica, por venir
precedido de una polémica, bastante artificial, alrededor de la torpe y mal
explicada adquisición del ático en Chamberí, y porque coincide con un
momento crítico para España, que tiembla en las inseguras manos de un
debilísimo Gobierno central atornillado, en una situación de zozobra generalizada y permanente, a los últimos meses de su mandato.
Madrid presenta una dualidad administrativa singular: por una parte, el gobierno autonómico (presidido por Díaz Ayuso con mayoría absoluta) con
competencias casi plenas en sanidad, educación, vivienda o transporte
metropolitano; y en la otra, el gobierno central (una coalición PSOE–Sumar
mantenida por las minorías independentistas), que despliega en la región
políticas estatales de inversión, cohesión territorial y derechos sociales, y que
financia y gestiona algunos recursos y servicios como las fuerzas de seguridad o el transporte ferroviario. Ambas administraciones coinciden, por tanto, en tener los mismos administrados, pero es evidente que divergen en prioridades, instrumentos y narrativa política.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero para tomar la medida de lo
bueno o lo malo que es un gobierno viene bien dar un vistazo a lo que hace y a
lo que propone el que tiene al lado. Y en este caso los opuestos
posicionamientos ideológicos facilitan esa comparación: de un lado, libertad
económica y personal, progreso social y solidario basado en el emprendimiento individual y el apoyo institucional, gestión cercana y profesional y, sobre todo, alegría; del otro, intervencionismo y regulación, presión fiscal, clientelismo y distribución asimétrica de los recursos e ingeniería social.
El modelo de Ayuso hace bandera de la baja fiscalidad, la oferta educativa y la
vivienda protegida. El ejecutivo autonómico ha hecho de la reducción de
impuestos (30 bajadas fiscales acumuladas) y del fuerte impulso a la educación y la libertad de elección de centros (con resultados PISA muy por encima de la media española), sus señas de identidad. También destaca la ofensiva en vivienda, con nuevos instrumentos legales y planes plurianuales, que la han llevado a impulsar el 50% de la vivienda pública que se oferta en España. En la recta final de la legislatura y coincidiendo con el debate, Ayuso ha anunciado hasta 100 medidas sectorial y geográficamente transversales: desarrollo industrial, vivienda, atención a la dependencia, sanidad, transporte, educación, natalidad, infraestructuras, refuerzo de cuerpos de seguridad y emergencias, y nuevos planes de inversión y desarrollo para los 179 municipios que conforman la región.
El modelo de Pedro Sánchez y del Gobierno central se apoya en una enorme
capacidad de inversión, con origen en los fondos de cohesión europeos y en una fiscalidad no deflactada que permite año tras año recaudaciones récord, y en el populista objetivo de una aspiracional justicia social basada en ruinosas
políticas de ayudas y en subvenciones no productivas. Sin embargo, y sin
perjuicio de lo ruinoso y trasnochado que resulta ese modelo, la inestabilidad parlamentaria y la debilidad generada por la miríada de escándalos y corruptelas ha tenido paralizada la gestión del ejecutivo central desde prácticamente el comienzo de la legislatura. Como lamentable muestra se puede echar un vistazo al fracaso de la sectaria ley de educación o al cuento de la lechera de los tropecientos planes de viviendas. Sus mayores éxitos se refieren a las políticas clientelares montadas sobre una población empobrecida y una clase dependiente ampliada hasta el infinito con las políticas migratorias.
El rugido en el Madring nos da otra pista sobre la capacidad de gestión, la
estabilidad y el desempeño de ambos ejecutivos. La Comunidad impulsa
proyectos urbanísticos en Campamento o Chamartín, infraestructuras de
comunicación en la A-5 o en la ampliación del Metro y eventos de alcance y
reconocimiento internacional como la Formula 1; el sanchismo, sin embargo,
no consigue aprobar presupuestos, ve como el Congreso rechaza las Cuentas
Generales del Estado de 2024 por la incertidumbre jurídica que generan sus
prácticas, no son capaces ni de asegurar las fronteras ni de mantener las
infraestructuras, y solamente pueden lucir la magnífica organización del eclipse solar.
Con la tremenda competencia de países y economías pujantes, Madrid va a
celebrar, durante al menos 10 años, un gran premio de la competición deportiva tecnológicamente más avanzada; España va perder la Final de un Mundial de futbol cuya organización lidera, ante un país pobre que nos amenaza después de promover una invasión territorial que el Gobierno oculta detrás de una crisis migratoria. ¡Unos quieren ir en fórmula Uno y otros en pateras!