Del Foro España a los cortes de la Meridiana

Del Foro España a los cortes de la Meridiana

El jueves pasado tuve el placer de asistir a la entrega de premios que organizaba la asociación Foro España en Madrid. Este Foro es el resultado de la buena labor del arquitecto catalán Mariano Gomá, ex presidente de Sociedad Civil Catalana y responsable de algunos de los mejores momentos de la plataforma anti independentista. Es un producto de su visión de generar puntos de encuentro entre ciudadanos de todo el país para fomentar esa idea de unidad que representa el valor fundamental de nuestra convivencia.

No sólo estar con un buen amigo y participar del evento de una asociación tan admirable me llevó a Madrid. De los muchos y merecidos premios que se dieron esa noche hubo dos que me tocaban directamente al corazón. Uno se entregaba al sobresaliente ex presidente del Parlamento de Bruselas Antonio Tajani. Este político italiano recibió el encargo de presidir la gran institución europea a principios del 2017, cuando se producía, a media legislatura, una alternancia de presidencias. Y no podría haber sido más providencial para una catalana como yo. Por desgracia, aquel mismo año, se sucedieron en España un súmmum de situaciones peligrosas que pondrían en peligro el equilibrio de uno de los estados más importantes de Europa y de la propia Europa. Especialmente durante los meses de septiembre y de octubre del 2017, Antonio Tajani fue una gran bendición para eso que algunos califican despectivamente como “unionismo”. Gracias a él, los españoles nos sentimos arropados y comprendidos y no le vimos desfallecer ni un momento ante las feroces embestidas de la izquierda sin valores ni criterio y las de los separatistas. Antonio Tajani tiene un gran conocimiento de España y es el primer admirador de su desempeño como democracia moderna y homologada entre las mejores del mundo. Por eso tenía que estar yo en Madrid, pues durante unos años tuve la satisfacción de tener al italiano como máxima y querida autoridad para una eurodiputada rasa como era yo.

Pero no acababa ahí mi desfile de insignes. Se le otorgaba un premio a mi conciudadano catalán Óscar Tusquets. Fue muy emotivo verle en el estrado, agradeciendo el premio y dirigiendo unas palabras sensibles y agradecidas a los organizadores. Pero lo mejor fue su sencillez y humanidad al reconocer los motivos añadidos que daban un plus a su trayectoria profesional. “Yo sé por qué me habéis concedido este premio”, decía. Y no tuvo necesidad de añadir nada más porque sus “¡somos más de dos millones!” fue entendido y celebrado perfectamente por los asistentes, que le dedicaron unos aplausos tan sentidos y cómplices como los que mereció Antonio Tajani.

Sí, somos más de dos millones y los asistentes lo sabían y le acompañaban. Eso fue lo mejor del acto. Por suerte hay quien reconoce el papel tan positivo y ejemplar que realizan los catalanes valientes e independientes, la base que permitirá que ni Cataluña ni España ni Europa se fragmenten en islitas de egoísmos que compiten entre ellos. En un mundo de cabezas de ratón, personas del Arte, de la Cultura, de la mejor política y de la intelectualidad se unen a los decididos y conscientes ciudadanos de a pie para plantar cara a quienes destruyen la convivencia en mi tierra.

Qué contraste este ambiente de reconocimiento, de proyecto conjunto de hermandad entre iguales con lo que sigue pasando en el submundo de la reivindicación frívola y obsoleta, lamentablemente atendida por el poder frívolo y obsoleto del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat. Sufrimos aquí a grupos de vándalos que intentan sin éxito engañarnos con etiquetas a medida como esa de “antifascistas” que se colocan sin sonrojo. Con ese pretendido escapulario exculpatorio se atreven a cortar arterias vitales del centro de Barcelona como la Meridiana noche tras noche desde hace meses. Y la clase política (y, lamentablemente, parte de la civil, incluso de los perjudicados) no es capaz de ofrecer una respuesta decidida y firme. Algunos partidos montan casetas diurnas y desaparecen cuando el sol se pone y salen los gamberros de donde estén resguardados. Y nadie, salvo algún heterodoxo como el periodista Xavier Rius, es capaz de hacerles frente y cantarles las verdades mientras recibe amenazas e improperios. Todo delante de unas fuerzas del orden, Mossos y Guardia Urbana, que no son capaces de ordenar nada en ninguno de los dos sentidos. Y, lo que es peor, en su absurdo marco mental son capaces de atribuir una injustísima “provocación” a quienes señalan y se oponen a los auténticos provocadores. Paradojas de la vida española.

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