La culpa es del votante de Sánchez
El mal gobernante tiene siempre una excusa que justifica los malos resultados de su gestión. Pedro Sánchez puede intentar usar a Óscar Puente como cortafuegos que impida que la responsabilidad por tantas muertes en accidentes ferroviarios llegue hasta él, del mismo modo que el ministro puede intentar que los ojos se dirijan hacia ese otro socialista al que él nombró como presidente de Adif sin otro mérito que el carnet del partido, e igual que este puede tratar de que toda la culpa recaiga sobre el simple operario que hizo mal una soldadura en Adamuz o el otro que se encargó de dar las instrucciones en Urda cuando dejaron de funcionar todos los sistemas de seguridad. Pero todo esto no será más que malas excusas.
El escritor, periodista y político español del siglo XIX, Mariano José de Larra, dejó escrito en un artículo publicado a finales de 1833 en La Revista Española que «las circunstancias, lo mismo que la fortuna», no son más que «palabras vacías de sentido con que trata el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos; las más veces, nada. Casi siempre el talento es todo». Pedro Sánchez no es un gafe al que todo le sale mal. Ni siquiera uno de esos que el gran Alfonso Ussía calificó como sotanillo, a saber, aquel que causa gravísimas desgracias a los demás, sin verse nunca él mismo afectado por su mala suerte. Ni las circunstancias, ni la mala fortuna, ni la suerte tienen nada que ver con la decisión de enchufar a inútiles al frente de los organismos con mayor capacidad de hacer daño, que, a su vez, enchufan a más inútiles por debajo de ellos para que no quede nadie capaz de hacerles sombra ni de someter a buen juicio sus decisiones.
Como dijo Larra, el talento es todo. Y la falta de talento jamás se puede confundir con la mala suerte. Saber gestionar es casi tan importante como querer hacerlo y solo un poco menos fundamental que desear el bien común en vez de perseguir solo intereses propios. Hace ya tantísimo tiempo que los españoles nos dimos cuenta de que Pedro Sánchez era una persona deshonesta y sin principios que siempre iba a anteponer sus intereses personales al bienestar de los españoles, que todos los que han contribuido a mantenerlo en el poder son los auténticos responsables de lo que ha hecho. Hace años que es público que Sánchez es el yerno de Sabiniano, el proxeneta que hizo fortuna con el sudor y las lágrimas de los hombres y mujeres a los que explotaba en sus puticlubs y saunas sexuales. Se sabe que Sánchez es un inmoral que se ha lucrado personalmente de la prostitución y por eso lo llamamos el Saunas. Se conoce desde el principio su tesis doctoral fake y su intento de trampear las primarias del PSOE metiendo votos en una urna escondida detrás de una cortina. No le importa gestionar nada. Solo mira por lo suyo.
Este conocimiento, que es público e indiscutible, hace que la lista de cómplices sea muy extensa. Sin ETA no existiría Bildu y sin ellos Sánchez no estaría en La Moncloa, igual que no sería presidente si al golpista Puigdemont no le conviniera tenerlo ahí. Y exactamente lo mismo se puede decir de los recogenueces del PNV, de Pablo Iglesias, Irene Montero, Yolanda Díaz y toda la purria de extrema izquierda que arrastran detrás. Todos ellos son tan culpables como el Saunas. Pero la última responsabilidad está en quienes introducen en las urnas las papeletas con las que han sido elegidos todos esos representantes públicos. La sangre de los muertos en Urda y Adamuz mancha las manos de la multitud de cuñados que aún hoy siguen sosteniendo que necesitan a Pedro Sánchez para frenar a una derecha que ellos mismos se han inventado como excusa para seguir votando por puro sectarismo a los que tanto daño han causado. Y ya no cabe perdón para los que aún hoy siguen votando a Pedro Sánchez y a sus cómplices. Por justicia, espero que paguen por el daño que hacen, porque sus votantes son los verdaderos responsables de los fracasos del gobierno que han votado.