Comunismo o libertad. Valencia o Madrid

Al presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, no le gusta el eslogan “comunismo o libertad” que Ayuso y su equipo han elegido para la campaña electoral en Madrid. Dice que no le gusta porque es “tratar a los ciudadanos como idiotas”. Lo dice el campeón autonómico en cerrar empresas, hundir el turismo, acabar con la hostelería y provocar largas y largas colas del hambre no ya en los barrios más humildes de la Comunidad Valenciana, sino en las zonas incluso más acomodadas.
¿Puede enseñarnos el señor Puig los informes científicos que avalen sus políticas que han acabado con la hostelería, el sector turístico y miles de autónomos? Claro que no, porque no los tiene. Lo más que tendrá son cuatro papeles como los de Sánchez y su comité de expertos, que no era más que un grupo de amiguetes (con carné) reunidos para hacer ensayos de ingeniería social. Los resultados son evidentes. España está entre los países con más muertos del mundo por coronavirus, y la Comunidad Valenciana, la región española que más muertos acumula en lo que llevamos de año.
De las más de 7.000 víctimas valencianas de la pandemia, la mitad (3.500) se han producido en apenas dos meses y medio. ¿Ha salido Ximo Puig a disculparse por su nefasta gestión? ¿Ha tenido el decoro el señor Puig de dar la cara y dar explicaciones con luz y taquígrafo de las medidas adoptadas? Por supuesto que no. ¿Ha aparecido Mónica Trola, conocida en los ambientes de la extrema izquierda catalanista como Mónica Oltra, a rendir cuentas por los 2.000 muertos en residencias? Menos aún.
Su gobierno sí que ha tratado verdaderamente a los ciudadanos como a idiotas, diciendo no sólo a qué horas podían ir a comprar o quedarse en casa, sino lo más grave, diciendo que ciudadanos tienen derecho a prosperar o no, diciendo quiénes pueden abrir su negocio o tienen derecho a trabajar. Ximo Puig y su compañera de baile, Mónica Oltra, se han cargado de un plumazo el principio de igualdad de oportunidades necesario en cualquier sociedad libre. A todos los que han castigado, los han maltratado, les han expropiado sus modos de vida sin ofrecerles alternativas.
El ‘comunismo de amiguetes’ que practican Puig, Oltra y Dalmau (el de Podemos) está llevando a la Comunidad Valenciana a la ruina. A su época más oscura en décadas. ¿Se imagina un madrileño una cola del hambre en el Santiago Bernabéu? Pues en Valencia, camareros, cocineros, entrenadores deportivos, recepcionistas de hoteles, dependientes de comercios, relaciones públicas de discotecas, trabajadores del ocio, acomodadores de salas de cines, carritos de bebés se alinean frecuentemente en el estadio Mestalla para poder alimentar a sus familias en una de las colas del hambre más impactantes de la ciudad.
Esa es la estampa del tripartito socialcomunista en la Comunidad Valenciana. Y, por ello, tanto le molesta a Puig que haya un modelo alternativo que conjuga libertad de movimiento, libertad empresarial, libertad para prosperar con la protección de la salud de los ciudadanos como existe en la Comunidad de Madrid.
Quienes hemos tenido la oportunidad de estar recientemente en Madrid hemos notado la diferencia desde el momento en que sales del AVE en Atocha. En circunstancias normales ningún agente de la policía te para, te pregunta o duda de ti. En Valencia, uno se siente secuestrado, asfixiado, casi en la soñada Venezuela socialcomunista. Así se lo hice saber a un agente policial que cumplía con su trabajo, pero que no por ello no dejaba de ser surrealista. Uno tiene que estar justificando en Valencia unos derechos y libertades que ya vienen de antemano en la Constitución para muchos de sus movimientos. En Valencia son todo prohibiciones, limitaciones, restricciones.
Claro que hay dos modelos evidentes de enfrentar la pandemia por parte de los gestores públicos. O trabajar para que todos tus ciudadanos tengan el derecho a prosperar, o la política sectaria de decir quiénes pueden o no prosperar. Dicho en otras palabras, el modelo de la Comunidad de Madrid o el modelo de la Comunidad Valenciana. Y lo ocurrido en esta última región es un buen ejemplo de lo que podría pasarle a la Comunidad de Madrid si la izquierda llega al poder el 4 de mayo: miseria, pobreza y ruina. Y, por supuesto, la pandemia causando estragos.