Las bases de Podemos huyen de Iglesias

Las bases de Podemos huyen de Iglesias

Hace pocos años, la palabra momentum se puso de moda para referirse a esa confluencia de factores que hace que a una persona o institución todo le salga bien. Unidas Podemos vivió su momentum en 2015, cuando el desgaste de la crisis, la irrupción de casos de corrupción y ciertas ayudas mediáticas facilitaron que por unos meses pareciese que la formación de Pablo Iglesias podría robarle al PSOE la hegemonía en la izquierda española. Mucho ha llovido desde entonces. El resultado lo conocemos de sobra: Pedro Sánchez es Presidente del Gobierno y Unidas Podemos languidece entre luchas internas ante la indiferencia de la ciudadanía.

Esto no quiere decir que los populistas de extrema izquierda vayan a desaparecer de un día para otro de la opinión pública, pero su camino conduce hacia el regreso de su lugar de partida; ser una Izquierda Unida del siglo XXI; los representantes de ese millón y medio de votantes que el comunismo puro y duro tiene en España.

La desafección que genera Unidas Podemos, no ya entre los votantes, sino entre sus propios militantes, es tal que sólo 15.000 personas, menos del 3% de los inscritos, se han apuntado para votar su programa electoral de cara a las próximas elecciones europeas. Este desinterés tiene lógica. Los electores de izquierdas han visto que el voto útil para su opción ideológica continúa siendo el PSOE, y las clamorosas incoherencias vitales de Pablo Iglesias –la compra de su casoplón en Galapagar, su papel de ‘macho alfa’, su formas dictatoriales…- hacen que sea la persona menos adecuada para representar los valores que afirma defender. Iglesias se ha revelado como un aceptable táctico, pero como un pésimo estratega. Su culto por la demagogia es lo que le ha propiciado victorias en el corto plazo, pero esa misma actitud es lo que está haciendo que en el medio-largo plazo salga esquilmado.

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