El tercer golpe de Estado

El tercer golpe de Estado

Ni siquiera Planeta, la primera editorial de ensayos y autobiografías políticas de este país, puede atribuirle la cualidad de la resistencia a quien aporta en su currículum, como cosa más parecida a un trabajo, la coautoría en una de las mayores estafas bancarias de la historia de España en su etapa de carterista político de Caja Madrid. Resistentes, y no por emulación Che Guevarista, sino por lucha y necesidad vital, fueron los miles de pequeños ahorradores a los que llevó a la ruina este timador de ancianas, jubilados, discapacitados y analfabetos por 1.300 euros al mes en dietas por rubricar el fraude con la misma celeridad con la que este martes transcribe los 21 puntos de Torra y Puigdemont con la pulsión de aquella becaria sin escrúpulos que hizo historia en el oval de Clinton.

Con su rúbrica en el documento que Torra ha exigido para apoyar los Presupuestos Generales 2019, Sánchez se convierte en el artífice del tercer golpe de Estado y la subversión de nuestro Estado de derecho defendido por jueces como Llarena, a costa de su exilio y también el de sus hijos. El de Moncloa está seguro de que no pierde su dignidad con este pacto, porque no es con la suya con la que está comerciando, sino con la nuestra. Por ello, cabe dar un paso más en la descripción que, el 1 de octubre de 2016, le brindó El País, su propio instrumento editorial, al catalogarle de “insensato sin escrúpulos” y “fracasado”, porque lo cierto es que la ciencia que el socialismo suele enterrar con la ingeniería cultural y filosófica, demuestra que estamos gobernados por un sociópata desde el pragmatismo más inequívoco.

Un individuo que por incapacidad de adaptación o por satisfacción de sus intereses particulares trata de cambiar las normas sociales, las leyes y los derechos individuales, algo que es su caso, gracias a un poder político sin límites usado para satisfacer a los totalitarios. No obstante, no es la primera vez que el PSOE se presta a esta infamia del uso de los “mediadores y relatores” para repartirse el pastel con los fanáticos: los socialistas estuvieron en la “pomada” de los “telepredicadores internaciones” que, en 2011, vinieron a avalar a ETA . El PSE envió una delegación a aquella trama batasuna que los progres llamaron “Conferencia de Paz” y que trasladaron al palacio de Aiete de la ciudad donostiarra donde la banda terrorista había asesinado a más de 100 personas y sometido al resto al terror de las pistolas. Los socialistas dijeron entonces que “en Euskadi se libraba la última confrontación armada de Europa”, aún sabiendo que compañeros como Joseba Pagaza y Fernando Múgica no formaban parte de una milicia, sino que llevaban un paraguas, un periódico y la cartera el día en que fueron asesinados.

Si quedara alguien decente en el PSOE, abandonaría la militancia y su escaño hoy mismo. Pero sus diputados, ministros, concejales y ejecutiva son sujetos dispuestos a recibir con resignación el mismo gargajo que aceptó Borrell por parte de aquella llama de ERC conscientes de que morirían de inanición fuera de la política, los consejos y las empresas creadas ad hoc para garantizar su subsistencia. En cuanto a la oposición, Casado y Rivera tienen una oportunidad única de recuperar la iniciativa promoviendo una moción de censura contra la indigna batasunada castellana que integra el PSOE y los alfeñiques pasantes de Maduro, antes de que Abascal arrase en las instituciones y se erija como banderín de enganche del Partido Popular y Ciudadanos. Sánchez es mil veces más peligroso que Otegi o Torra porque, al contrario que ellos, es un fanático homologado como demócrata gracias el mero formalismo y el consenso político. Un fanático que ha convertido a todos los racistas patrios, capaces de deslegitimar nuestra nación, nuestras libertades y nuestro Estado, en máxima autoridad para decidir cómo debemos dirigir nuestra democracia y constituir nuestra convivencia.

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