Carta abierta a los hijos de Pablo e Irene

Carta abierta a los hijos de Pablo e Irene
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Estimados Leo y Manuel:

Os doy la bienvenida a este mundo, dejando atrás las discrepancias radicales que mantengo con vuestros padres, o padre y madre, o “progenitor uno” y “progenitor dos”. Es para mí una grata satisfacción la llegada a este mundo de dos nuevas vidas. Un mundo difícil, complejo, a veces ingrato, pero siempre lleno de oportunidades, anhelos y metas. Os deseo una vida plagada de éxitos y a vuestros padres, el ánimo, la cordura y el bien saber de conduciros a ello. Habéis sido merecedores del primero y más importante de los derechos, el derecho a la vida. Muchos concebidos no lo han conseguido. Sin su consentimiento se les ha cercenado su futuro, se ha llevado a cabo un aborto inducido que representa un auténtico genocidio contra los seres humanos más débiles e indefensos. Un crimen contra inocentes, una violación flagrante del derecho a la vida de los no nacidos. Que no os engañen. Considerar que el aborto es un derecho es radicalmente falso. Abortar no es un derecho, no es feminista y no protege socialmente a nadie. No defiende a la mujer y mucho menos es progresista y moderno. Sobre todo, no es libertad pues esta solo brota del respeto a la vida y del sacrificio hacia los demás.

Recordar que con vuestro sudor y trabajo tenéis derecho a la propiedad privada, premio este que permite y premia la satisfacción de las necesidades del individuo desde el esfuerzo y el desarrollo personal sin perjudicar a los demás. Tener en cuenta que si estos no se os respetasen, todos los demás derechos que las democracias más avanzadas defienden y garantizan, desaparecerían de inmediato, como en Venezuela, Corea del Norte o Cuba. Vuestro padre sabe de esto. Estudiaréis cómo las sociedades que más respetan la propiedad privada son las que han logrado un mayor grado de progreso material a lo largo de la historia. No olvidéis que los derechos humanos tienen su base en el derecho de propiedad. Comprobaréis como este genera un mayor grado de progreso, riqueza y la posibilidad de que las personas puedan acceder a más fines y tener más oportunidades en sociedades que prosperan porque lo público no ordena, no dispone, no preceptúa.

Habéis nacido en el seno de una familia y tenéis igualmente derecho a formarla libremente. Que no os confundan. La familia se basa en la unión conyugal de proyecto de vida, de futuro y supone la mejor estructura para vuestro desarrollo, con vocación de permanencia siendo esta la que da a los hijos, os dará la estabilidad personal necesaria que confiere a la institución familiar la dimensión social y, por tanto, institucional y jurídica que históricamente mantiene. Defender la familia es una exigencia esencial pues con ella se defiende la dignidad y la libertad que constituyen el carácter personal e intransferible del hombre. Como en la vuestra, recordar que es necesario defender una columna vertebral sobre la que descansan verdades y derechos universalmente reconocidos.

Tenéis derecho a vivir en una nación libre, próspera y unida. España ha sido la primera nación que ha existido con el sentido que ese concepto tiene hoy en la comunidad internacional. Con sus aciertos y errores, haréis memoria, pero memoria de verdad, sin resentimiento, odio o animadversión. Cerca de 600 años de historia y orgullo contemplan una forma de estructura política a la que se fueron sumando el resto de naciones. Es sencillo. Hacer la vida fácil a los demás y sobre todo que vuestra vida sea útil. Porque como dijo Johann W. Goethe, poeta y escritor alemán: “Una vida inútil equivale a una muerte prematura”.

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