Política: tan bueno como valga tu palabra

Política: tan bueno como valga tu palabra
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Estamos viviendo unos tiempos de ponzoña, desilusión, angustia, en los que todo está manchado, todo es mentira, todo se piensa que es posible con dinero, no existen valores pues son una carga, no existen posibilidades de crecer y, así, todos nos roban. De cuando en vez, alzas la voz y te miran como si estuvieses loco, cuando pides solvencia, rigor, paciencia, humildad y trabajo, te consideran un extraterrestre que sueña con quimeras inalcanzables. Cuando el PP de Aznar alcanzó el poder lo hizo con la bandera de la regeneración política por la mugre en que había convertido el patio público el PSOE que, ahora, no quiere recordar. El problema es que no cumplió su promesa, nos sacó de la crisis económica pero no higienizó y, hoy, la inmundicia del PP nos ahoga sin piedad y no vemos alternativa, no vemos quién tiene un proyecto de futuro en común que resulte atrayente e ilusionante.

La canalla ya está identificada y ya no engañan más que a aquellos que no quieren ver, según tocan chicha se les caen las lorzas; mientras los grandes han manchado el calzón con los años, estos mangarranas, según se acercan o tocan poder, cubren de hedor su poltrona. Eso sí, con engreimiento no sólo no reconocen su error, sino que pretenden reescribir nuestra historia los que vienen de fuera, hablar de nuestro pasado los que ni siquiera lo conocen y negar que han sido expulsados de la universidad con cara de no haber roto un plato.

El problema está en lo que han querido denominar la “neoderecha” de “centro” “socialdemócrata” de Ciudadanos –como si pudiesen estar en un totum revolutum—, que ni suben, ni bajan, ni se quedan paraos, pues nacieron como un partido de la socialdemocracia luchadora contra el catalanismo secesionista con un chaval que con tal de salir en la foto se puso en pelota picada. Se presentaron como la regeneración democrática del muchacho de las pelotas y cayó bien, resultó atractivo y consiguió hacer un hueco electoral con una caterva de ganapanes, inconsistentes que venían a la política a conseguir un bollo que hasta ese momento se les había negado. Vamos, que no venían a regenerar, sino a regenerarse. Tenemos, muchachitos/as que no han desarrollado un proyecto solvente de vida al margen de la política, que no tienen ni terminada la carrera que habían comenzado o son contratados, sorprendentemente, en instituciones al poco de alcanzar su posición política y que se casan por tener un sueldo fijo, como si su dedicación a lo público fuese a ser perpetua o le diese derecho a una “puerta giratoria”, es decir, vienen a lo mismo que critican.

Señores de Ciudadanos, PP, PSOE, amigos de la política, no olviden nunca que un partido es tan bueno como valga su palabra y los “perritos sin alma” solo respetaremos a ese tipo de planteamiento y, más pronto que tarde, se lo haremos saber; mientras que, ustedes, no hacen más que dedicarse a que, hoy, defendemos que la mentira debe de ser castigada en política, pero, mañana, encubrimos al compañero que afirma lo que no es verdad, igual que defendemos blanco y negro a la vez, la prisión permanente revisable y su derogación, salimos en las “mareas blancas” por la sanidad y las criticamos, decimos que es preciso el 155 pero sólo un poquito y un ratito, no vaya a ser… queremos regenerar pero venimos a realizar lo que criticamos, nuestros principios son estos, pero si no te gustan los cambiamos… Aclárense, todavía pueden.

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