A vueltas con la política monetaria

A vueltas con la política monetaria
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El jueves pasado tuvo lugar la habitual reunión de los jueves del consejo del Banco Central Europeo (BCE). Dicha reunión de alto nivel se esperaba con ansiedad y mucha expectación, pues el mercado descontaba que Draghi iba a impulsar un cambio importante de la política monetaria del BCE, volviéndola contractiva. Tras la inundación de liquidez que lo ha invadido todo desde el último tercio de 2012, todo apuntaba en esa dirección.

Draghi habló y lo hizo para variar levemente su discurso. Ahora bien, más que anunciar una política monetaria contractiva en sentido estricto, lo hizo para asegurar que no se prolongaría el programa de estímulo financiero en ningún caso, de manera que el exceso de liquidez se irá retirando paulatinamente del mercado.

Una vez más, quiero insistir en lo necesario que resulta que el BCE inicie una política monetaria contractiva o, al menos, no tan laxa como la actual, así como que la aplicación de dicho cambio de rumbo venga marcado por la prudencia en la intensidad del movimiento que se le dé, para no afectar negativamente a la economía. Una política monetaria restrictiva no contrae la economía necesariamente; es más, si la credibilidad y confianza en las decisiones del emisor son elevadas, lo más probable es que sea positivo y beneficioso para la economía incluso en el corto plazo.

Posiblemente, fue un error llevar a cabo una política monetaria tan expansiva como la que todavía vivimos, porque ha mantenido a la economía de manera muy artificial, especialmente a la banca, al tiempo que a esta última tampoco le dejaba, por otro lado, margen suficiente para lo que es su negocio recurrente. Ahora bien, insisto en que lo complicado es retirar en estos momentos el estímulo monetario sin generar un perjuicio todavía mayor. Hay que hacerlo, pero debe medir muy bien sus pasos el BCE.

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