Opinión

El judenrat de los boludos

El judenrat de los boludos
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Es casi parafílico: todo alcalde del cambio que se precie tiene, al menos, un edil latinoamericano. Un petisito con pocas luces para defender los hechos diferenciales. Petiso es como llaman allá a un tipo enano. Debe ser que estos nuevos chicos encargados del reparo, el ornato y la higiene de lo público son más útiles y complacientes con el alcalde cuando llegan escapados de la penuria y la gazuza cocalera y peronista. Y los jefes del cabildo lo saben. Los concejales del cambio son antiguos torsos prietos de gaucho de la pampa transmutados en recaderos fofos. Es la ergonomía del nuevo rico enmantecado por los excesos del asistencialismo. Tremendo. Todos los jefes municipales comunistas quieren a su pequeño Lenin. Una especie de tamagotchi del Soviet que come, bebe, hace caca, escupe a la bandera de España y transgrede la ley por el jefe cuando éste no tiene agallas.

Así conocimos al pequeño Lenin boludo de Colau, Gerardo Pisarello, a quien para estrenarse en el Consistorio barcelonés le incluyeron el agravio a la insignia nacional en su escala de méritos. Era eso o volver a pasar hambre con Kirchner. Otra opción válida hubiera sido acabar de mantero vendiendo DVD´s de ‘Top Gun’, o irse a la Barceloneta a montar hamacas paraguayas para los charnegos del PDeCAT por resistirse a una genuflexión ante Mas y a Alfred Bosch en el balcón de su nueva patria catalana. Carmena tiene, por ejemplo, a Rommy Arce, quien según su autobiografía es una peruana curtidita en los centros sociales, o lo que en retórica pija significa pasar de mearse en los edificios okupados municipales a concejal. Es la Pisarello de Manuela para arrodillar a la Villa frente a la ANC para defender su proyecto rupturista.

“Es intolerable este ataque a los derechos fundamentales”, declaraba Arce sobre la suspensión cautelar del aquelarre independentista de la ANC en Matadero. Las privaciones que sin duda atravesó la de Carmena en su periplo desde Lima hasta los privilegios concedidos por la capital de España no le ayudaron a elaborar una escala de prioridades vitales. Así la luz, el agua, el aire respirado, la salud, el nuevo derecho al placer sexual defendido en conferencias por la alcaldesa de Madrid, la protección de los hijos, la independencia de Cataluña, o el derecho a que el médico de familia te convierta en Gender Queen o transexual están en el mismo nivel de defensa de los derechos humanos para esta troupe de la indigencia mental.

Obsceno. Sólo los nuevos ricos de Carmena a los que les hemos brindado caridad y amparo pueden permitirse banalizar así con la escasez de los demás. Pisarello, Arce, Echenique y el otro podemita con nombre de cantante italiano hortera y apellido de “camisa parda” de pequeña escala —Albano-Dante Fachín— son conversos cual andaluz de ERC con los abuelos de Benalmádena. Por un puñado de cobre defienden a aquellos que les desprecian en cada una de sus proclamas. Todavía recuerdo el mitin de la ANC en el que también participó Ahora Madrid en el que la asociación xenófoba aseguraba que Cataluña no podía ofrecer su casa porque hacía 300 años que la tenía ocupada. Minutos más tarde aseguraba que “los niños que esnifaban pegamento llegaban de Andalucía”. Tras ello Puigdemont aclaró que “la Generalidad de Cataluña buscaba una nueva comunidad humana” y que “su concepto de solidaridad era semejante al de la Alemania de los años 30″. Como en aquel entonces, los chicos de Carmena, Colau e Iglesias, recuerdan al Judenrat alemán, aquel consejo de judíos prominentes que recibían prerrogativas de los nazis por evitar el levantamiento o la desobediencia de los propios. Alienados del nacional socialismo.

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