Opinión

Nuevo curso político: las mismas asignaturas pendientes

Nuevo curso político: las mismas asignaturas pendientes
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Comienza septiembre. Nuestros políticos, después de un verano anodino —porque no ha permitido descanso entre la contienda catalana y los recientes atentados—, retoman las tareas pendientes. No hay asignaturas nuevas para este curso en el Congreso. El asunto catalán es el primer punto en la agenda para el Gobierno. No he dicho que sea el más importante para la ciudadanía. Ojo. Digo que lo es para este Gobierno que, tras haber politizado los atentados de las Ramblas de Barcelona, se aleja casi hasta el infinito del pueblo. Enquista los problemas; los magnifica, acelera la metástasis. Pero, eso sí, mientras tanto, empaña los cristales que nos muestran la corrupción que realmente inunda Génova. El Pacto Antiyihadista será la primera asignatura sobre la mesa. Política pura y dura. Por mucho que se empeñen en decir que el pacto debe perseguir precisamente lo contrario.

En este documento no se hablará sobre la necesidad de esclarecer la responsabilidad —directa o indirecta— del Estado español en la venta de armas a países como Arabia Saudí o Qatar, ni sobre la compra de petróleo a países como Turquía. No se hablará de quién ha montado este tinglado que hoy es el DAESH, ni se airearán las relaciones que la banda terrorista pueda tener con las estrategias norteamericanas, israelíes o británicas. No. Se propondrá endurecer el código penal que nos aplicarán a todos los españoles. Y punto. Lo demás parece ser que no es importante. Pero no habrá debate, o si lo hay no lo oiremos con claridad. Porque el 11 de septiembre es la Diada en Cataluña. Y muy próximo será el 1 de octubre. Veremos la reacción del Ejecutivo cuando la convocatoria de la consulta sea oficial. Hagan sus apuestas sobre la aplicación o no del artículo 155 de la Constitución Española.

Rajoy deberá comparecer ante el Hemiciclo para dar las explicaciones en relación a la corrupción del PP. Cuestión de máxima importancia pero que, como ya imagina el lector, quedará sumida en la lejanía y prácticamente nada sabremos: primero porque no esperamos grandes aclaraciones por parte de Mariano; y segundo, por el ruido que se generará con Cataluña. Es lo que hay. Sería lógico pensar que tras las declaraciones de Rajoy en el Congreso, tras la celebración de la consulta catalana y la desproporcionada respuesta que tendrá por parte del Ejecutivo central, sumado a la soberana cacicada de la modificación del Código Penal a través de un supuesto “pacto Antiyihadista”, se produzca una moción de censura. El pulso, por si lo dicho no fuera suficiente, se tomaría en la aprobación de los presupuestos para 2018: de no salir adelante, tendremos elecciones de nuevo el próximo año.

Dirán que se sigue creando empleos —no dirán que son precarios—, dirán que la economía avanza viento en popa —no hablarán del caos que está previsto que se genere a finales de 2017 y comienzos de 2018— dirán que hemos salido de una crisis gracias a las duras medidas que no ha habido más remedio que aplicar —no dirán que esto ya estaba preparado desde hace diez años, que hasta los Comisarios Europeos como Almunia anunciaban en 2007 que vendría una crisis de la que no saldríamos hasta 2018 y que estaba todo milimétricamente calculado). Dirán que el PSOE ha girado hacia la izquierda —pero se hará fotos con Rajoy pactando modificaciones del Código Penal, como siempre); dirán que Podemos está aquí para desbloquear el bipartidismo —pero seguirá apuñalando por donde pueda a los socialistas—; dirán que todo mejora —pero no volveremos a tener los derechos que hace diez años parecían eternos—, y la incertidumbre se irá a dormir con nosotros cada noche.

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