El mejor estímulo que podría recibir la economía global: la paz comercial entre EEUU y China

Donald Trump, presidente de EEUU @EP
Donald Trump, presidente de EEUU @EP
  • Francisco Coll Morales

A esperas de conocer una fecha exacta para la nueva toma de contacto entre Estados Unidos y China, siendo el fin el de tratar las continuas represalias que ambos mantienen por la guerra comercial, el Fondo Monetario Internacional ha comenzado a alertar sobre los efectos que está teniendo esta batalla arancelaria en la economía.

Una guerra comercial que ya incide en los crecimientos, proyectando los mismos a la baja, de acuerdo con los nuevos reajustes que el informe WEO -proyectado eventualmente por el FMI- recoge en su reciente, y última, publicación.

La guerra comercial es un fenómeno que, como he dicho en numerosas ocasiones, incide gravemente en nuestra economía. No debemos olvidar que hablamos de un conflicto comercial entre los dos principales bloques económicos que integran la economía global y, por lo tanto, se está paralizando gran parte de los flujos comerciales que concurren en el planeta. Con un 57% sobre el PIB, el comercio mundial sigue siendo uno de los mayores agregados al crecimiento del PIB mundial, por lo que, ante una paralización del mismo, el crecimiento mundial se está viendo resentido.

Tan resentido que las últimas proyecciones de crecimiento que ha lanzado el organismo prevén un crecimiento para el PIB Mundial cercano al 3,2%, pudiendo experimentar un ligero repunte en el 2020 que lo situaría en el 3,5%. Si observamos los crecimientos que el mismo informe ha registrado de años anteriores, podemos observar claramente como la tendencia, en sí misma, muestra una subyacente desaceleración económica, dado el escenario económico que presenta la economía global. Diversos factores están incidiendo con más fuerza, deteriorando así la economía.

Un deterioro que comienza por el balance de riesgos a nivel global. La incertidumbre se ha apoderado de la economía a nivel global. Las tensiones de Brexit en Reino Unido y que dificultan la buena marcha de la economía europea; las tensiones entre Estados Unidos y China; el peor comportamiento de determinadas economías emergentes; los altos niveles de deuda que presenta la economía en su conjunto, son algunos de los riesgos latentes. Muchos factores que impiden que la economía fluya con la normalidad que la misma precisa; pues cabe recordar que, como suelen decir los economistas, todos los flujos, en economía, están, directa o indirectamente, conectados.

Existen diversos factores que están provocando un mayor deterioro de la economía a nivel global. Aunque estemos acabando, como bien se ha dicho en numerosos artículos de carácter económico, una fase expansiva de la economía, la economía ha comenzado a desacelerarse de una forma más acelerada que a priori. Grandes economías, como puede ser la de Estados Unidos, China o Alemania, están perdiendo ese dinamismo del que gozaban en los crecimientos del PIB, viéndose lastrados, en el caso de China y Alemania, principalmente por las exportaciones y el carácter puramente exportador que, estructuralmente, caracteriza a dichas economías.

En el caso de Estados Unidos, aunque la economía se está viendo afectada por la guerra comercial, para el país, este suceso incide en menor medida por el menor peso de las exportaciones y el sector exterior en su economía. Sin embargo, la producción industrial y la fuerte caída que experimenta la demanda externa está provocando que, junto a la desaceleración generalizada que vive la economía en su conjunto, modere los crecimientos en el país, incitando al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a recordar a la Reserva Federal que estimule nuevamente la economía con más bajadas en los tipos de interés. Unos tipos de interés que, para el presidente, siguen asfixiando el crecimiento de la economía en el país, impidiendo cosechar un crecimiento más robusto que el que presenta en estos momentos.

Sin embargo, en última instancia, el presidente de los Estados Unidos ha dado el campanazo sobre la mesa, retrasando la última batería arancelaria que, a priori, pretendía aplicar a los productos de origen asiático. Unos productos que, si observamos los aranceles que impone Estados Unidos al país asiático, se encuentran sobre el 96,7% de los productos que tienen como origen a China. Según los registros, el mayor deterioro que vive la relación comercial entre ambos países desde la Smoot-Hawley Tariff Act, de 1930.

Este campanazo del que hablamos abre la posibilidad de que, tras la relajación en la postura del país asiático y esa retirada arancelaria que ha comenzado a realizar en las últimas semanas, pueda abrir una nueva vía de negociación que ponga fin a esta tortuosa negociación que ambos países han mantenido, sin éxito alguno en las continuas reuniones que se han celebrado. La guerra comercial sigue siendo el epicentro de la incertidumbre global y la resolución de la misma podría aportar un fuerte respiro de aire fresco a una economía que sigue moderándose con el paso de los días.

Estas moderaciones las recogen todos los organismos, así como todo el consenso de economistas. Por muy optimista que sea el argumento, la realidad de la economía en los indicadores macro pone de manifiesto que la economía sigue desacelerándose y, por la actuación que están tomando los bancos centrales, entre ellos el BCE, confirma lo que aquí decimos. Las últimas declaraciones de Mario Draghi confirman ese deseo de aplicar nuevos estímulos para tratar de revertir la situación, devolviendo a la economía un mayor dinamismo del que, a priori, ahora carece. Una medida polémica, dada la continua aplicación de estímulos y la baja incidencia de los mismos en la economía europea, pero que nace con el fin de una necesidad de estímulo real.

En resumen, se espera una buena marcha en las negociaciones comerciales entre China y Estados Unidos. Un posible fin de la guerra comercial, como decía, podría significar un gran estímulo para la economía; un estímulo incluso más incidente y real que los propios estímulos monetarios que trata de inyectar el Banco Central Europeo o, en el caso de que lo hiciese, la Reserva Federal.

Estamos a la espera de esas negociaciones y, como es obvio, no podemos saber como confluirán; sin embargo, significaría, sin lugar a dudas, el mejor estímulo que podría recibir la economía, habiendo contrastado que las políticas de los distintos bancos centrales no han resultado ser tan efectivas como, a priori, se consideraba.

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