Te lo encuentras paseando por el campo pero es una de las 7 especies de flora extremeñas en peligro de extinción
En España la variedad de paisajes y de especies vegetales resulta inmensa, desde encinas centenarias hasta pequeñas plantas que pasan desapercibidas entre caminos y cultivos.
Una de ellas crece en Extremadura, no llama la atención a simple vista y muchos la pisan sin saberlo, pero forma parte de las siete especies de flora extremeña en peligro de extinción y su futuro depende de actuaciones muy concretas.
Esta es la planta en peligro de extinción que puedes encontrar sin darte cuenta en Extremadura
El Garbancillo de Tierra de Barros crece en la provincia de Badajoz y apenas sobrevive en unas pocas zonas muy localizadas de la comarca, donde conserva poblaciones reducidas y frágiles. Los técnicos que trabajan sobre el terreno han identificado sus principales núcleos en municipios como La Parra o Santa Marta de los Barros, separados por pocos kilómetros.
Esta planta, cuyo nombre científico es Astragalus gines-lopezii, pertenece a la familia de las leguminosas y presenta un aspecto discreto. Sus tallos alcanzan entre 20 y 60 centímetros y sostienen hojas compuestas, cubiertas por una fina pelusa. En primavera, entre marzo y mayo, desarrolla pequeñas flores amarillas agrupadas en racimos, el rasgo más visible para quien sabe dónde mirar.
Su fruto recuerda a una pequeña legumbre inflada, similar a un garbanzo, aunque su valor no está en la alimentación, sino en su singularidad. Esta especie sólo existe en esa parte concreta de Extremadura, lo que la convierte en un endemismo muy restringido.
Los censos realizados a lo largo de los últimos años reflejan su situación. A comienzos de la década pasada, los especialistas contabilizaron poco más de 800 ejemplares en todo el mundo. Esa cifra marca el contexto en el que se mueve la especie: cualquier pérdida tiene un impacto directo sobre su supervivencia.
Por qué el Garbancillo de Tierra de Barros está en peligro de extinción
El Garbancillo de Tierra de Barros depende de un hábitat muy específico, con suelos calizos y zonas abiertas de matorral o márgenes de cultivo. Ese entorno coincide con áreas que han sufrido una fuerte transformación agrícola en las últimas décadas.
Los agricultores han convertido gran parte de esos terrenos en olivares o zonas de pasto. El uso de maquinaria pesada, el paso continuo de ganado o la aplicación de herbicidas afectan directamente a las plantas. En muchos casos, los ejemplares jóvenes no llegan a desarrollarse.
La localización tan concentrada agrava el problema. Las dos principales poblaciones se encuentran separadas por apenas unos kilómetros. Un incendio o una obra mal planificada podría eliminar una parte importante de la especie en muy poco tiempo.
A esa presión externa se suma su propia dinámica natural. Los estudios de seguimiento han detectado descensos continuados en el número de individuos en periodos cortos. La regeneración no compensa las pérdidas, lo que obliga a intervenir si se quiere mantener la especie.
Qué actuaciones están en marcha para proteger esta planta en Extremadura
Ante esta situación, la Junta de Extremadura ha puesto en marcha un plan de recuperación con medidas concretas. Los técnicos cultivan ejemplares en viveros especializados y después los reintroducen en su entorno natural para reforzar las poblaciones existentes.
Los equipos de campo también han delimitado parcelas protegidas. Esos vallados evitan el paso de ganado y maquinaria en zonas sensibles, donde las plantas pueden crecer sin interferencias directas. Además, los agentes medioambientales realizan censos periódicos para controlar su evolución.
Además, los investigadores almacenan semillas en bancos de germoplasma, una especie de seguro frente a una posible desaparición en la naturaleza. Y también analizan la variabilidad genética para asegurar que las nuevas plantaciones mantengan la diversidad de la especie.
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