Naturaleza

Los árboles son maravillosos, pero quizá no tanto: investigadores de EEUU dicen que quizá almacenen menos CO2 del que se pensaba

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Recreación de un científico realizando mediciones forestales en un bosque de gran valor ecológico.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Investigadores de la Universidad de Columbia han publicado un estudio que cuestiona una de las premisas centrales de los modelos climáticos actuales: que los árboles almacenan carbono en proporción directa a su fotosíntesis.

El trabajo, publicado el 12 de junio de 2026 en la revista Science Advances, analiza ocho especies de robles norteamericanos y concluye que los bosques podrían almacenar menos CO2 a largo plazo del que se proyectaba.

Durante décadas, los modelos del sistema terrestre han asumido que más fotosíntesis equivale a más crecimiento en madera y, por tanto, a más carbono almacenado. El equipo liderado por Mukund Palat Rao, ecoclimatólogo del Observatorio Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, demuestra que esa relación no es tan directa.

Por qué los árboles pueden absorber CO2 sin almacenarlo

El estudio parte de un hallazgo concreto: los robles siguen haciendo fotosíntesis hasta octubre o noviembre, pero su crecimiento en madera se detiene a finales de julio. Durante ese intervalo de dos a cuatro meses, los árboles absorben CO2 de la atmósfera pero no lo convierten en madera, que es el tejido que almacena carbono durante décadas o siglos.

En lugar de eso, ese carbono va a procesos de corta duración como la producción de hojas, la respiración o las reservas de almidón, que devuelven el carbono a la atmósfera en plazos mucho más breves.

Los investigadores analizaron 137 sitios con datos de anillos de árboles y cuatro estaciones de monitoreo de alta resolución repartidas entre el este de Estados Unidos y California. Los datos muestran que entre el 26 y el 36 % de la fotosíntesis anual de los robles ocurre después de julio, cuando el crecimiento en madera ya ha cesado.

El clima de ese periodo tardío, por caluroso y seco, no influye en el grosor de los anillos anuales, lo que confirma que fotosíntesis y crecimiento siguen calendarios distintos.

La causa principal es la aridez atmosférica. El crecimiento celular en el cambium, la capa que genera nueva madera, requiere presión de turgencia en las células. Cuando la temperatura y la demanda evaporativa del aire suben, esa presión cae y el crecimiento se detiene, aunque las hojas sigan fotosintizando con normalidad. «Ahora mismo, la mayoría de los modelos asumen que si hay fotosíntesis, hay crecimiento. Nosotros encontramos que eso no es así», señala Rao en el comunicado del estudio.

Por qué este hallazgo obliga a revisar el papel de los bosques en el clima

Los modelos del sistema terrestre que proyectan la evolución del clima calculan el carbono almacenado en los bosques a partir de la fotosíntesis. Si fotosíntesis y crecimiento en madera están desacoplados, esos modelos sobreestiman el carbono que los bosques retienen a largo plazo.

El estudio apunta que esta desconexión se intensifica con la variabilidad interanual en la aridez atmosférica, y que el cambio climático, al aumentar la frecuencia e intensidad de las olas de calor y las sequías, podría acentuar ese desacople en las próximas décadas.

Los autores no afirman que los bosques dejen de ser sumideros de carbono, sino que su capacidad real podría ser menor de la que reflejan las proyecciones actuales. La incertidumbre que introduce el estudio obliga a revisar los presupuestos de carbono sobre los que se apoyan buena parte de las políticas climáticas que cuentan con los bosques como herramienta de mitigación.

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