Una región de Ecuador pierde 16.000 hectáreas de bosque cada año, pero quiere reforestarlo con hierba y apps móviles
La provincia de Manabí, en Ecuador, atraviesa una emergencia ecológica crítica tras perder 16.035 hectáreas de bosque al año entre 2020 y 2022. Para combatir la deforestación y el riesgo de inundaciones, las autoridades locales han implementado el Plan de Reforestación Provincial 2025-2030.
Este programa destaca por integrar bioingeniería con pasto vetiver y aplicaciones móviles para monitorear la supervivencia forestal.
Manabí busca recuperar sus bosques mediante bioingeniería y herramientas digitales de seguimiento
La pérdida de cobertura arbórea en la región supera en un 40% el promedio histórico registrado desde 1990, según datos del informe oficial de la Prefectura.
Esta degradación responde principalmente a la conversión de tierras forestales en pastizales para la ganadería extensiva y la agricultura. En el año 2000, los pastizales ocupaban solo el 3,88% del territorio manabita, una cifra que escaló hasta el 23,72% en 2020.
Entre 2001 y 2024, este proceso de deforestación generó más de 52 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) en la provincia. Walter Intriago, director en la Prefectura, advierte que el suelo ha perdido su capacidad de absorción de agua, lo que aumenta el riesgo de deslizamientos e inundaciones.
Por ejemplo, las inundaciones de 2024 en Chone generaron daños por 13 millones de dólares. Para hacer frente a esta situación, impulsan un modelo de corresponsabilidad donde la institución entrega las plantas y las comunidades se encargan del mantenimiento, logrando tasas de supervivencia del 78%.
¿Cómo puede el pasto vetiver estabilizar el suelo erosionado?
El uso del pasto vetiver constituye uno de los ejes más innovadores del plan provincial para frenar la erosión hídrica. Esta especie destaca internacionalmente por su capacidad para contener la degradación y estabilizar taludes en sectores críticos como la quebrada Buenavista.
El vetiver desarrolla raíces profundas que alcanzan hasta un metro y medio de profundidad en el suelo, formando una malla natural que mantiene compacta la tierra incluso bajo lluvias intensas.
Además de su resistencia física (capaz de soportar el peso de una persona de 90 kilos sin desplazarse), esta gramínea reduce significativamente los costes de mantenimiento. Encuentra agua con rapidez y requiere menos riego que otras especies utilizadas habitualmente en proyectos de restauración ambiental.
La Prefectura prioriza actualmente la siembra de estas especies nativas junto al vetiver:
- Caoba y cedro: son valoradas por su captura de carbono y adaptabilidad
- Ceibo y ébano: se trata de especies adaptadas perfectamente al ecosistema costero.
- Guachapelí: es utilizada como barrera viva para reducir la erosión hídrica en un 40%.
¿Qué papel juega la tecnología móvil en la protección del ecosistema de Ecuador?
La Dirección de Innovación y Tecnología de la Prefectura desarrolla una aplicación móvil para rastrear cada árbol entregado por el Vivero Matriz, el cual produce hasta 70.000 plantas anuales.
El sistema permite georreferenciar cada ejemplar y registrar reportes fotográficos que los beneficiarios envían desde sus teléfonos móviles. Con esta herramienta, las autoridades verifican que las especies lleguen realmente a las zonas definidas para la restauración ambiental.
El plan contempla una segunda etapa basada en incentivos digitales. Este modelo, inspirado en experiencias de reforestación comunitaria en África, busca acreditar monedas digitales a los ciudadanos que cumplan con el seguimiento de sus plantas.
Estos créditos podrán canjearse por saldo para el teléfono móvil, motivando la creación de redes de vigilancia ecológica comunitaria.
Esta estrategia responde también a las proyecciones del cambio climático. Estudios oficiales advierten que el centro-sur de Manabí podría enfrentar hasta 30 días adicionales de temperaturas extremas superiores a los 35 grados hacia el año 2040.
La reforestación con especies nativas en Ecuador, capaces de reducir la temperatura del suelo entre dos y cuatro grados, es importante para la resiliencia de la región.