Los madrileños que mejor comen los fines de semana tienen algo en común: conocen estos restaurantes escondidos en plena Sierra de Madrid
Aprovecha el fin de semana y el puente para visitar algunos de estos restaurantes en la Sierra
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Estamos a punto de comenzar un fin de semana largo, debido al 12 de octubre que este año cae en lunes, de modo que el puente de tres días nos puede servir para infinidad de planes, entre los cuáles está visitar uno de los restaurantes que ahora te descubrimos, los mejores en plena Sierra de Madrid. Y es que en los últimos años varios cocineros han abierto sus propios restaurantes en localidades como Guadarrama, Navacerrada o San Lorenzo de El Escorial, donde conviven las recetas de siempre con platos menos habituales.
Podemos encontrar así establecimientos especializados en caza, pequeños comedores que trabajan con productos de temporada y restaurantes que han conseguido hacerse un nombre sin necesidad de estar en el centro de la capital.También hay tabernas que merecen el desplazamiento por su cocina, aunque estén en pueblos pequeños y alejados de las rutas más frecuentadas. Toma nota entonces, porque estos son ocho restaurantes de la Sierra de Madrid que conviene conocer antes de organizar la próxima escapada.
Los mejores restaurantes «escondidos» en plena Sierra de Madrid
En la calle San Quintín, 4, de San Lorenzo de El Escorial, Ana Lázaro y Jorge Asenjo están al frente de La Yesca, una taberna donde los productos del monte tienen bastante protagonismo. Los dos cocineros conocen bien la sierra y han trasladado esa experiencia a una carta en la que aparecen la caza, las setas y los ingredientes de temporada. Entre sus platos figuran las albóndigas de corzo, el jarrete de ciervo a la brasa y el solomillo de gamo. También preparan elaboraciones menos habituales, como la ensaladilla de perdiz con piparra. El precio medio ronda los 35 euros por persona, según podemos leer en TheFork.
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Otra propuesta interesante la tenemos en Montia, el restaurante de Dani Ochoa, que ha hecho de la naturaleza una parte esencial de su cocina. El establecimiento tuvo que reinventarse después de un incendio en 2021 y hoy ocupa otro espacio en San Lorenzo de El Escorial. Su trabajo gira alrededor de las plantas silvestres, las setas y los productos de proximidad. Este mes de octubre ha presentado Spora, un menú dedicado a los hongos que incluye preparaciones con trompetas negras y otras variedades recolectadas según la temporada. Es una alternativa para quienes prefieren una experiencia gastronómica más elaborada y están dispuestos a dedicar buena parte de la jornada a comer.
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Koma y Malabar Bistró
En Collado Mediano, dentro del hotel La Torre Box Art, se encuentra Koma, un restaurante asesorado por el cocinero Álex Marugán, conocido también por su trabajo en Tres por Cuatro, en Madrid. Aquí las brasas comparten protagonismo con los guisos y los arroces, aunque la carta incorpora técnicas y sabores de otras cocinas. Entre sus propuestas aparecen la trucha ahumada con encurtidos, los torreznos con pico de gallo y distintos arroces. También dispone de dos menús degustación de 75 y 95 euros, según los precios publicados en TheFork. La Guía Michelin lo incluye entre sus restaurantes seleccionados.
En Becerril de la Sierra, Malabar Bistró ocupa un local de la calle Real, 14, con patio exterior y una cocina que cambia según los productos disponibles. Yago Márquez y Cecilia Delpech están detrás de este proyecto, que comenzó en Navacerrada antes de trasladarse a su ubicación actual en 2021. Su carta mezcla ingredientes y técnicas de distintas procedencias: hay bacalao con sake, miso y tupinambo, verdinas con txangurro o una torrija salada con carabinero y tartar de gamba. Una ventaja es que buena parte de los platos se puede pedir en medias raciones, lo que permite probar varias elaboraciones sin necesidad de elegir un único principal.
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Ruge y La Taberna del Alamillo
Junto al embalse de La Jarosa, en Guadarrama, Ruge ofrece una combinación poco habitual de cocina de producto y entorno natural. Rubén Iborra y Jennifer Ini han convertido un antiguo merendero en un restaurante donde se pueden pedir carnes a la brasa, arroces y mariscos. En su carta aparecen las ostras Gillardeau, las marineras murcianas y distintas preparaciones de pescado. El comedor está rodeado de pinos y dispone de una terraza para alargar la sobremesa. Es una opción interesante para quienes quieren aprovechar la mañana caminando por los alrededores del embalse y terminar con una comida más elaborada.
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Y en Alameda del Valle, La Taberna del Alamillo lleva desde 1996 dando de comer a quienes se acercan a esta pequeña localidad del Valle Alto del Lozoya. El restaurante ocupa un antiguo pajar rehabilitado y conserva una cocina muy ligada a los asados. Su especialidad es el cordero lechal de Aranda preparado en horno de leña, aunque también ofrece carnes a la teja, productos de caza, setas de temporada y postres caseros. La información turística de la Sierra Norte sitúa el precio orientativo entre 30 y 40 euros por persona.
La Isla y El Vagón de Beni
Para quienes prefieren comer después de una ruta por la montaña, La Isla, en Rascafría, tiene una ubicación difícil de superar. Está junto al río Lozoya, rodeado de pinares, y para llegar hay que cruzar a pie un pequeño puente desde la zona de aparcamiento. Su cocina es tradicional, con platos como el rabo de toro, los judiones, la caldereta de ciervo y las setas de temporada. El restaurante cuenta con comedor interior y terraza, por lo que resulta especialmente atractivo para una escapada por el entorno de El Paular.
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El último restaurante de esta selección está en Hoyo de Manzanares y tiene una particularidad que lo distingue de cualquier mesón serrano. El Vagón de Beni permite comer dentro de dos antiguos vagones de tren restaurados, uno de 1931 y otro conocido como el vagón de Alfonso XIII. El establecimiento recrea una pequeña estación ferroviaria, con su apeadero y espacios para comidas en pareja, reuniones familiares o celebraciones. Su cocina se basa en productos de mercado y dispone de carta y diferentes opciones de menú. Está en la calle San Macario, 6, y los fines de semana conviene reservar con antelación.
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