Oriente Medio

Irán envía misiles y drones a Siria

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Un miliciano chií de Hashed al Shaabi, inicia la ofensiva oeste sobre Mosul. (AFP)
  • Raúl Redondo | atalayar.com

La República Islámica de Irán transfiere misiles y drones a territorio sirio a través de la frontera oriental entre el país árabe y su vecino Irak. Los servicios de inteligencia iraquíes han señalado que las milicias chiíes de Al-Hashd Al-Sha’abi, también conocidas como Fuerzas de Movilización Popular (FMP), han establecido una red de túneles en la zona de Al-Qa’im en el oeste de Irak para hacer llegar el armamento a Siria, donde la nación iraní está siendo protagonista en el marco de la guerra civil que se lleva a cabo a través de la actividad de las Fuerzas Quds (división de operaciones internacionales de la Guardia Revolucionaria, cuerpo de élite del Ejército iraní).

Un importante integrante de la inteligencia iraquí indicó al medio de comunicación Al-Ain que Al-Hashd Al-Sha’abi (o FMP), bajo la supervisión de las Fuerzas Quds, siguen cavando túneles para transportar misiles hasta la base Imam Ali controlada por la Guardia Revolucionaria y las propias milicias chiíes.

Esta fuente indicó que «el mando responsable de la provisión de municiones, armas y depósitos de misiles en las Fuerzas Quds, el teniente coronel Yar Asrar, llamado Hajj Mirza, adiestró hace un mes a un grupo de integrantes del cuerpo dirigido por Zulfiqar Ali Rasuli, conocido como Hajj Amin, para cavar túneles con equipos especiales modernos”.

Además, reseñó que “en cooperación con milicias chiíes el grupo pudo cavar tres grandes túneles que alcanzan la base del Imam Ali uniéndolos a un grupo de pasadizos que previamente se cavaron en la propia base”. A lo largo del túnel se han podido ir transfiriendo los proyectiles mediante motocicletas con remolques, según estas informaciones. Para proteger estas vías de provisión de armas, las Fuerzas Quds destinaron al oficial Nasser Qadir Sultani.

Al mismo tiempo, según la Autoridad General de Puertos Fronterizos, se sigue desarrollando la entrada continua de iraníes a Irak a través de los medios sujetos a las FMP.

Varias fuentes señalaron que cientos de elementos de la Guardia Revolucionaria iraní ingresaron al territorio iraquí durante los últimos días a través de los puertos adscritos a la Gobernación de Maysan, en el sur de Irak, Zarbatiya en la Gobernación de Wasit y Sumar en Mandali, puntos neurálgicos contralados por agrupaciones muy vinculadas a Muqtada al-Sadr, clérigo chií muy unido al régimen iraní de los ayatolás, y en los cuales el Gobierno iraquí no tiene mucho poder de decisión.

Las FMP, sustentadas por Irán como gran estandarte de la rama chií del islam, prosiguen con su labor de cooperación con el vecino iraní sirviendo de conexión fronteriza para transferir armamento y milicianos dispuestos a actuar y llevando a cabo, por ejemplo, atentados en Irak, que estarían principalmente centrados en objetivos militares estadounidenses radicados en bases utilizadas por la coalición internacional que lucha contra el terrorismo yihadista en la zona.

Continúa de esta forma la pugna del bando chií proiraní contra sus principales enemigos, básicamente Estados Unidos y su gran aliado en Oriente Medio, Arabia Saudí, este como gran representante de la opositora vertiente suní. Irán trabaja profundamente para ampliar su esfera de poder en países como Irak, Siria, Yemen o Líbano a través de grupos armados que sirven de satélites para sus intereses, como son las FMP en Irak, los hutíes en territorio yemení o Hizbulá en Líbano y Siria.

Precisamente, la guerra civil que se vive en Siria desde 2011 continúa su curso con un Gobierno de Bachar al-Asad que justifica la acción armada en virtud de la persecución de grupos terroristas yihadistas; para la cual cuenta con la férrea ayuda de la Rusia de Vladimir Putin.

El régimen oficialista tiene cercada a la oposición que ha batallado contra sus intereses en el reducto de Idlib, último bastión insurgente al noroeste de Siria que todavía persiste en su resistencia a caer ante las tropas de Al-Asad.

El último contendiente que entró en liza en el tablero de juego sirio fue Turquía. El presidente Recep Tayyip Erdogan entró en territorio vecino dentro de la operación de hostigamiento contra los kurdos, etnia a la que acusa de actividad terrorista en el sur del territorio turco, y oponiéndose de esta forma en el camino de Al-Asad.

Cabe recordar que los kurdo-sirios de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG, por sus siglas en turco) colaboraron decisivamente con EEUU en la derrota de Daesh en Siria, pero fueron abandonados a su suerte por el Ejecutivo norteamericano de Donald Trump, quien tomó la determinación de sacar a las tropas estadounidenses de sus puestos en terreno sirio, dejando el camino libre a las fuerzas turcas y rusas para ocupar sus posiciones.

Posteriormente, llegó el pacto entre Recep Tayyip Erdogan y los Departamentos de Defensa y de Estado norteamericanos para establecer una zona de seguridad en la frontera turco-siria, de la que debían salir los kurdos por exigencia otomana.

Ya el pasado mes pasado de febrero hubo contactos entre Ankara y Moscú para llegar a una solución sobre la problemática en Siria, pero Vladimir Putin no accedió a la exigencia turca sobre la retirada de tropas rusas de Idlib.

En este punto, Ankara y Moscú intentaron negociar y firmaron un alto el fuego para proporcionar cierto alivio a principios de marzo. Aunque Al-Asad había reclamado las autopistas M4 y M5 como líneas cruciales de suministro que atraviesan el último territorio controlado por los rebeldes. En este escenario, la última ofensiva contra Hayat Tahrir al-Sham, la antigua filial de Al Qaeda a cargo del enclave, no lo desempeñó el Ejército sirio sino las milicias chiíes apoyadas por Irán. Su participación buscaba permitir a Al-Asad, aliado de Irán en este punto, seguir conquistando terreno y, además, recordar a Estados Unidos y a Rusia la importancia del país iraní como protagonista en la región de Oriente Medio.

La nación persa insiste así en su intención de mantenerse firme ante sus grandes rivales, sobre todo EEUU, y mostrar poderío dentro del escenario regional. Todo ello a pesar del fuerte golpe recibido el 3 de enero pasado con la muerte del comandante de las Fuerzas Quds Qassem Soleimani en una operación con aviones no tripulados ordenada por la Administración Trump en las inmediaciones del aeropuerto de la capital iraquí de Bagdad, en la que también murió Abu Mahdi al-Muhandis, el que era vicepresidente de las FMP.

Esta ofensiva llegó como respuesta norteamericana al ataque contra una base militar de la coalición internacional en la ciudad de Kirkuk, en el que perdió la vida un contratista civil norteamericano y desencadenó una auténtica escalada de violencia con ataques terroristas contra objetivos estadounidenses en infraestructuras castrenses realizados por parte de milicias chiíes; e incluso el asalto a la Embajada de EEUU en Bagdad.

Por su parte, Irak está siendo un punto caliente en estos momentos debido a la gran convulsión que se está viviendo durante los últimos meses, con manifestaciones violentas que acarrearon miles de muertos protagonizadas por una población descontenta con la labor del Gobierno y con la injerencia externa de Irán y Estados Unidos. La ciudadanía iraquí no quiere que Irán maneje los hilos de la nación, ni tampoco que EEUU mantenga el despliegue de tropas en su territorio; a lo que hay que sumar la indignación social existente por la mala gestión económica del Estado, la falta de los servicios más básicos en muchas zonas del país y por la corrupción política existente.

Irán trató de sacar ventaja de esta situación intentando influir en la última conformación de Ejecutivo, pero el presidente de la República de Irak, Barham Saleh decidió confiar el puesto de primer ministro a un hombre que no estaba ligado a los grupos chiíes más próximos al régimen de los ayatolás para así colaborar a no aumentar el enfado social. Adnan al-Zurfi fue designado finalmente jefe del Gobierno iraquí y esto no contentó a las autoridades iraníes, que definieron a este como “el candidato de la inteligencia norteamericana”.

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