Sorpresa colosal en la arqueología española: descubren en Burgos una cocina del Imperio romano intacta después de 21 siglos con hornos, ollas y morteros
El Ayuntamiento y un equipo de arqueólogos llevan diez años excavando un yacimiento en la provincia de Burgos, uno de los más activos de Castilla y León en los últimos tiempos. Allí, bajo los cimientos de un pueblo actual y a mediados de septiembre, apareció una cocina del Imperio romano que ha dejado a los investigadores sin palabras por su nivel de conservación.
Lo llamativo, desde luego, es el estado casi intacto en el que ha llegado hasta nuestros días. Ollas, morteros y restos de hornos aparecieron prácticamente donde los dejó la familia que los usó por última vez, como si el tiempo se hubiera detenido de golpe hace veintiún siglos, en nada más y nada menos que plena época del emperador Augusto.
¿Dónde queda exactamente la cocina del Imperio romano en Burgos y qué se ha encontrado en ella?
El hallazgo se produjo en el solar de La Era, un terreno cedido por una vecina al Ayuntamiento junto a la iglesia de Santa María la Real, en el municipio de Sasamón. Por un lado, lo primero a remarcar es que aquel punto exacto coincide con el trazado de la antigua ciudad romana de Segisamo.
Por otro lado, e igual de importante, cabe señalar que la excavación está codirigida por José Manuel Costa García, de la Universidad de Salamanca, y Jesús García Sánchez, del Instituto de Arqueología de Mérida (CSIC).
Entre los restos recuperados hay ollas, jarras y morteros de cerámica, además de grandes recipientes de almacenaje conocidos como dolia.
También aparecieron fragmentos de un clibanus, un pequeño horno portátil que se usaba para cocer pan, y sartenes con un recubrimiento de engobe rojo pompeyano, una técnica decorativa típica de la vajilla de cocina romana.
Como si lo ya mencionado fuese poco, inclusive se documentaron restos de un posible horno, con capas de cenizas y carbones que aún marcaban dónde ardió el fuego.
La «cocina de la abuela turmoga»: el detalle que sorprende a los arqueólogos
Uno de los aspectos que más ha llamado la atención del equipo es la mezcla de culturas que refleja la vajilla encontrada. Junto a la cerámica terra sigillata itálica, de clara influencia romana, aparecieron piezas de tradición turmoga, el pueblo prerromano que ya habitaba la zona antes de la llegada de Roma.
En este sentido, los propios investigadores han descrito el hallazgo como una especie de «cocina de la abuela turmoga».
Y por su parte, el propio José Manuel Costa García explicó que «rara vez en espacios domésticos encontramos mosaicos y paredes pintadas», ya que se trataba de una vivienda modesta, con muros de adobe levantados sobre un zócalo de piedra.
Ese detalle confirma que la cocina pertenecía a una familia corriente y no a una élite romana, algo poco habitual en los hallazgos que suelen protagonizar los titulares de arqueología.
¿Qué dice la datación exacta de esta cocina del Imperio romano hallada en Sasamón?
Los análisis sitúan el uso de esta cocina del Imperio romano en Burgos entre finales del siglo I antes de Cristo y comienzos del siglo I después de Cristo, coincidiendo con los reinados de Augusto y Tiberio.
Es decir, los utensilios llevan más de dos mil años bajo tierra, un periodo en el que Roma consolidaba su presencia en la meseta castellana y transformaba por completo la vida cotidiana de sus habitantes.
Cabe aclarar que precisar tanto la fecha no es habitual en yacimientos domésticos, donde los restos suelen aparecer más revueltos por la ocupación continuada del terreno.
En este caso, la estratigrafía se conservó con una claridad excepcional, lo que ha permitido a los investigadores fechar la cocina con un margen de apenas un siglo, algo poco frecuente fuera de yacimientos monumentales.
¿Qué fue Segisamo, la antigua ciudad romana bajo el actual Sasamón?
Para quienes no estén al tanto, Segisamo no era una ciudad cualquiera. Los textos clásicos ya situaban este enclave como un punto de referencia en el territorio de los turmogos, y su nombre ha llegado hasta hoy prácticamente intacto en el topónimo de Sasamón.
En este marco, el proyecto que dirigen la Universidad de Salamanca y el Instituto de Arqueología de Mérida lleva una década estudiando cómo se organizaba el poblamiento romano en toda la comarca, no solo dentro del casco urbano actual.
Siguiendo esta línea, bajo los estratos romanos aparecieron restos previos de la Edad del Hierro, y por encima, una necrópolis del siglo XIX con una decena de tumbas que nadie esperaba encontrar en ese punto exacto.
Así, con drones, georradar y magnetómetros, el equipo ya ha detectado nuevos asentamientos rurales romanos e incluso un posible poblado prehistórico en los alrededores, material suficiente para varias campañas más.