Las pinturas rupestres más antiguas del mundo: El hallazgo en Sulawesi que cambia la cronología del arte figurativo
El hallazgo en Sulawesi que cambia la cronología del arte figurativo, se las considera las pinturas rupestres más antiguas del mundo.
El arte rupestre y sus tintas
La obra rupestre más antigua de la historia
Descubrimiento rupestre en Kenia

Durante décadas, los manuales de historia del arte han situado en las profundidades de Europa el latido inicial de la creatividad humana. Las cuevas franco-cantábricas, con Altamira o Lascaux a la cabeza, se erigieron tradicionalmente en el canon indiscutible de dónde y cuándo el Homo sapiens comenzó a plasmar su entorno mediante trazos figurativos. Sin embargo, la arqueología contemporánea lleva años demoliendo fronteras geográficas y temporales. El giro más radical a esta narrativa eurocéntrica no proviene de un nuevo descubrimiento en el Viejo Continente, sino de la humedad caliza de las islas del Sudeste Asiático, concretamente en la región de Maros-Pangkep, en la isla indonesia de Sulawesi.
Trabajos con uranio y un importante hallazgo
Allí, en el abrigo rocoso de Leang Karampuang, un equipo internacional de investigadores aplicó técnicas de datación basadas en series de uranio sobre las finas capas de carbonato cálcico, conocidas popularmente como «flourite» o cortezas minerales, que cubren los pigmentos.
El resultado de este análisis dejó perplejos a los especialistas: la pintura rupestre muestra una escena compuesta por al menos tres figuras con rasgos humanos interactuando con un cerdo verrugoso endémico (Sus celebensis). Su antigüedad mínima se fijó en la friolera de 51.200 años.
Una acción humana coordinada en la escena
Este dato no solo pulveriza los registros cronológicos anteriores, sino que transforma por completo nuestra comprensión de los hitos cognitivos de los primeros grupos humanos. No estamos ante meras manos esténciles impresas soplando pigmento sobre la roca, un arte abstracto y geométrico fascinante, pero frecuente en múltiples geografías y milenios más antiguo, sino ante la manifestación más remota de una narración visual compleja.
Representar una historia figurativa, una acción coordinada entre hombres y animales, implica una capacidad abstracta sofisticada: la facultad de proyectar mitos, experiencias de caza o creencias cosmológicas sobre una superficie bidimensional con plena intencionalidad narrativa.
La técnica del momento
Para dimensionar el hallazgo, conviene mirar el contexto técnico. Hasta hace relativamente poco, los métodos para datar el arte parietal dependían del carbono 14 cuando los pigmentos contenían sustancias orgánicas o de estimaciones estilísticas que solían pecar de conservadoras.
El desarrollo de la técnica de ablación láser combinada con espectrometría de masas de relaciones isotópicas de uranio ha abierto una ventana milimétrica al pasado. Los científicos pueden analizar las diminutas estalagmitas y costras que crecen milímetro a milímetro sobre el arte.
Si la capa mineral inferior y la superior acotan temporalmente la roca pintada, el margen de error se reduce drásticamente. Esto obligó a revaluar yacimientos vecinos como Leang Tedongnge, donde otro gran cerdo salvaje superó holgadamente los 45.000 años de datación.
Sorprendentes revelaciones
Lo verdaderamente sugerente de estos abrigos en Sulawesi es lo que revelan sobre la expansión de nuestra especie. Cuando los antepasados de los actuales indígenas australianos y melanesios cruzaron la Línea de Wallace, el exigente canal marítimo que separa Asia de Oceanía, hace más de cincuenta milenios, ya portaban en su equipaje mental una rica tradición simbólica y artística. No aprendieron a pintar al llegar a los confines de la Sonda; ya sabían hacerlo.
El arte rupestre no brotó de manera aislada en una cueva francesa de la Europa glacial, sino que formaba parte del sustrato cultural común de un Homo sapiens que demostró una versatilidad adaptativa y cognitiva prodigiosa en los trópicos húmedos de la actual Indonesia.
Conviene detenerse en las implicaciones antropológicas de esta secuencia. Durante mucho tiempo se asumió un desarrollo lineal del arte prehistórico, donde las formas evolucionaban torpemente desde la simple abstracción hacia un naturalismo cada vez más depurado.
Sulawesi demuestra la falsedad de ese esquema evolutivo simplista. Hace cincuenta mil años, en una isla del trópico asiático, comunidades de cazadores-recolectores ya dominaban composiciones dinámicas con tramas y personajes interconectados.
Duras condiciones para la conservación
La fragilidad de estos tesoros rupestres constituye el reverso amargo de la noticia. Las condiciones climáticas tropicales, caracterizadas por drásticas oscilaciones térmicas, monzones y un alto grado de humedad, están provocando la exfoliación y el deterioro acelerado de la piedra caliza en la región de Maros.
Las sales minerales cristalizan bajo la superficie, disgregando el pigmento milenario. Paradójicamente, mientras la ciencia moderna afina sus instrumentos para desentrañar la cronología exacta de nuestros ancestros, el soporte físico que albergó su legado corre el riesgo de borrarse para siempre bajo el empuje implacable de la erosión ambiental y el cambio climático global.
Reescribir los anales del arte figurativo obliga a despojarnos de cualquier atisbo de eurocentrismo histórico. Los grandes hitos de la mente simbólica humana ocurrieron en múltiples latitudes de forma simultánea o anticipada a los grandes santuarios paleolíticos europeos.
Leang Karampuang nos recuerda que la necesidad de contar historias mediante imágenes es tan antigua como la propia humanidad moderna, un impulso irrefrenable que dejó su huella imborrable en la penumbra de una cueva húmeda de Sulawesi mucho antes de que se alzaran las primeras civilizaciones de Mesopotamia o Egipto.
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- Arqueología