Gobierno de coalición

Sánchez asciende a De la Rocha para asegurarse el reparto de los fondos europeos sin trabas de Podemos

La Secretaría General de Fondos Europeos tendrá la última palabra sobre los 140.000 millones que llegarán a España

Sánchez de la rocha
Manuel de la Rocha y Nacho Álvarez.

Con los Presupuestos Generales del Estado ya aprobados, empieza el baile en el Palacio de La Moncloa. Pedro Sánchez ya avisó a Pablo Iglesias hace unas semanas que tras este hito iba a «cambiar cosas». Y así va a ser. El presidente del Gobierno ha puesto en marcha un refuerzo importante de su gabinete técnico con el único objetivo de hacer de contrapoder a sus socios de Podemos. Manuel De la Rocha, uno de los hombres de confianza de Sánchez, que le acompañó al Consejo Europeo del reparto de los fondos económicos, es el primer alto cargo que se mueve para ocupar ahora uno superior: secretario general de Fondos Europeos, con rango de subsecretario de Estado. Sánchez entrega así a De la Rocha la capacidad de plantar cara a los podemitas en las negociaciones de segundo nivel para evitar que trasciendan a la opinión pública.

El nuevo secretario general de Asuntos Económicos será el encargado de lidiar con el responsable económico de Podemos, Nacho Álvarez, en los asuntos que afectan al conjunto del Gobierno. Ahora, este hijo de históricos socialistas madrileños, que ha acompañado a Sánchez desde su llegada a La Moncloa, tiene el encargo y beneplácito del jefe del Ejecutivo para evitar nuevas polémicas entre los socios de la coalición.

Además, Manuel De la Rocha también será el responsable de la comisión del reparto de los fondos europeos, que contará con 23 representantes del PSOE frente a los seis de Podemos, entre los que se incluyen los ministros de ambos partidos. Cualquier transferencia deberá ser validada antes por De la Rocha. Por encima suyo, en la concesión de las ayudas, únicamente estarán el presidente e Iván Redondo, el auténtico número dos del Gobierno en la sombra.

Aumentan las tensiones

Tras medio año en el poder, y superada la primera ola de la gestión de la pandemia, los desencuentros entre los socios empezaron a tensionar una relación que en el PSOE califican de «necesaria por supervivencia». Aunque en julio Sánchez pretendía hacer una remodelación de su Gabinete, aprovechando las posibles salidas de Arancha González Laya, Pedro Duque o incluso Salvador Illa para ocupar otros cargos, este mes de diciembre esa crisis ha quedado aparcada.

El miedo a esa eventual reforma en el Consejo de Ministros, opinan en Ferraz, es lo que ha provocado los pulsos y las salidas de tono del vicepresidente segundo en más de una ocasión, especialmente a lo largo de las últimas semanas. Sus socios opinan que «el temor a ser cesado, consciente de que tras la aprobación de las cuentas públicas su peso es mínimo, le ha llevado a marcar un perfil propio para diferenciarse de nosotros, llegando a hacer oposición a su propio Gobierno». Una estrategia que ha enfurecido aún más a los socialistas.

Sin cambio de ministros

Sin cambios de ministros por el momento -aunque «no se puede descartar que se pueda producir en el primer trimestre del año», añaden en el PSOE- el presidente del Gobierno limitará el poder de Podemos con un mayor marcaje. Todo deberá pasar un doble filtro. Además, si fuera necesario, se les limitarán también los recursos. Por eso Pedro Sánchez ha incorporado nuevos cargos de confianza en los Departamentos de Comunicación con los Ciudadanos, Análisis y Estudios y la Oficina de Prospectiva y ha reforzado a algunos de sus colaboradores más cercanos, como  De la Rocha.

En el Gabinete presidencial, que dirige el todopoderoso Iván Redondo, hay «una voluntad firme» de reforzar los departamentos que analizan el comportamiento de los ciudadanos y la comunicación con ellos. Por eso los de Análisis, Estudios y Prospectiva, encargados de anticiparse a las necesidades del país para dar respuesta lo antes posible, y el de Comunicación, mejorando la presencia del presidente y el Gobierno en los medios y estableciendo mecanismos de comunicación directa con los españoles, son el foco principal de estos cambios.

Posible reconfiguración

Aunque no habrá ni entrada ni salida de ministros a corto plazo, como han dejado claro en Moncloa, lo que sí está estudiando el presidente es una reconfiguración de las áreas que dirige cada uno. Aseguran que de producirse sería «para lograr una mayor eficiencia» en su equipo de colaboradores. En concreto, apuntan en el entorno de Sánchez, se produciría una modificación de las funciones que asume cada ministro o alto cargo gubernamental, con la intención de crear un equipo «más homogéneo y unido».

El líder del PSOE también quiere asegurarse una mayor confianza con sus ministros, ante los pulsos, desafíos y desplantes de los últimos meses, de cara a afrontar unos años cruciales para la transformación del país. En el complejo presidencial hay quien asegura que «ahora, en enero, es cuando comienza de verdad el camino de este Gobierno de coalición». Con las cuentas ya aprobadas Sánchez «puede actuar sin tener las manos atadas».

Malestar del PSOE con Podemos

La actitud de los ministros y dirigentes podemitas, sobre todo en los últimos dos meses, ha agotado la paciencia de gran parte de los barones y altos cargos del PSOE. Denuncian que «les falta experiencia para gobernar» y que «en muchas ocasiones actúan más como oposición que como Gobierno». Los desplantes, acusaciones o apropiación de ciertas medidas, por parte de los representantes morados en el Ejecutivo, han obligado a Sánchez a mover ficha.

Tras la declaración del estado de alarma, la tensión llevó a varios ministros del PSOE a poner su cargo a disposición del presidente. En Ferraz vienen presionando a su líder para que frene a Iglesias y sus secuaces. Pedro Sánchez, que al inicio desoía a sus colaboradores más cercanos, manteniendo una buena relación con Iglesias y paralizando las principales discusiones, ha pasado a la acción y, sin necesidad ya de los votos morados para sobrevivir, ha optado por pararles los pies.

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