España
25 ANIVERSARIO DE MIGUEL ÁNGEL BLANCO

Mayor Oreja: «El chantaje fue una formalidad, nos dieron 48 horas pero a Miguel Ángel lo iban a matar»

Jaime Mayor Oreja, ministro del Interior cuando en 1997 ETA secuestra y asesina al concejal del PP en Ermua (Vizcaya) Miguel Ángel Blanco, recibe a OKDIARIO cuando se cumplen veinticinco años del crimen que hizo despertar las conciencias de millones de españoles ante la barbarie terrorista.

PREGUNTA.- ¿Cómo recuerda aquellos días de 1997 cuando ETA secuestra y asesina a Miguel Ángel Blanco?

Respuesta.- Los recuerdo como de los más emocionantes de mi vida, en el sentido de que pasamos de la felicidad y el éxito a la tristeza y el fracaso. El 1 de julio celebrábamos la liberación de José Antonio Ortega Lara por parte de la Guardia Civil y fueron momentos de entusiasmo. El 12 de julio asesinaban a Miguel Ángel Blanco. Fue un asesinato a cámara lenta desde la crueldad de la venganza por el éxito que había significado para España, para la Guardia Civil, para el Estado de Derecho, la liberación de Ortega Lara.

P.- ¿Siempre supo que iba a ser asesinado?

R.- Nunca puedes tener la seguridad, pero yo siempre creí que iba a ser asesinado. Yo siempre creo saber que es una venganza que va a acabar con el asesinato de Miguel Ángel. Hacemos durante 48 horas lo que podemos pero era buscar una aguja en un pajar. Era casi imposible. Y yo no creí nunca que pudiéramos ceder a dialogar con los secuestradores y tener una conversación sobre lo que aparentemente nos pedían, que no era así. Era simplemente una formalidad, nos dieron 48 horas pero no había otra. Iban a matarle.

P.- ¿Qué tuvo de particular este secuestro y asesinato para producir la conmoción y el revulsivo social que supuso frente al terrorismo de ETA? 

R.- Fue la gota que colmó el vaso. Y esa gota, en mi opinión, fue la crueldad del asesinato. Eso fue lo que hizo rebasar la paciencia, que hubiese un «¡basta ya!» y que muchos jóvenes españoles del País Vasco y de fuera del País Vasco organizaran esas vigilias, esas manos blancas y esas manifestaciones.

P.- ETA exigía para la liberación de Miguel Ángel Blanco el acercamiento de presos y el Gobierno nunca se planteó ceder a ese chantaje, ¿cómo ha vivido usted que años después no sólo se haya acercado a presos sino que se les haya ido sacando de las cárceles y que se haya transferido la competencia de prisiones al Gobierno Vasco?

R.- Cuando en el año 2001 quisimos, tanto Nicolás Redondo como yo, hacer una alternativa al Gobierno del nacionalismo, al no conseguirlo, es evidente que ya sabíamos que sería una etapa difícil. Cuando en 2004 hubo un atentado terrorista que cambió el rumbo de España, el 11M, a partir de ese momento se inicia un proceso y España es gobernada por un proceso en el que el protagonista es ETA. Es decir, España ha pasado a tener a ETA como una organización terrorista a que cogobierne un proceso con el Gobierno de España. A partir de ese momento, cuando nos gobierna ese proceso con ETA a la cabeza, es evidente que todo lo que sucede está en la lógica macabra del proceso que nos gobierna. A mí no me ha extrañado la transferencia de la política penitenciaria porque está al servicio de ese proceso. Lo grave, lo dramático, es que eso ha sido escondido, ha sido opaco. Es el mal llamado proceso de paz en el que ETA cogobierna España en el día de hoy.

P.- ¿Qué hubiera ocurrido si en ese momento el Gobierno hubiera accedido al chantaje de ETA?

R.- Yo en aquel momento no tuve ninguna duda. Sí que sufrí porque sabía que iban a matarle, pero no había opción. En aquel momento no podíamos aceptar. Es lo que ellos querían, que era simplemente que pareciese que el Gobierno cambiaba de política y accedía a la negociación con los terroristas. El PNV se empeñó en presionar para que cambiáramos de política, pero no se nos ocurrió nunca. En ningún momento. Sí es cierto que en el ámbito personal cuando te quedas solo en un despacho tienes sensación de agobio y angustia. Pero en lo político no hubo ninguna duda, no se podía negociar. Tanto yo como el presidente del Gobierno, José María Aznar, no tuvimos ninguna vacilación en eso.