La imagen de sumisión de tres musulmanas tapadas con niqab en plena Gran Vía y en el Madrid del ‘Orgullo’

En plena plaza de Callao en Madrid, a las 12:00 del mediodía, epicentro turístico y comercial, tres mujeres caminan envueltas en tela negra de la cabeza a los pies. Llevan el niqab, el velo islámico integral que oculta todo el cuerpo y el rostro, dejando únicamente una rendija para los ojos. Caminan sumisas, aparentemente tuteladas por un hombre con gafas que marca el paso por delante de ellas desde que salen de una conocida tienda de Gran Vía. Las tres mujeres caminan varios pasos detrás de él. Al fondo de la plaza, fundiéndose la imagen con las tres mulmanas tapadas, un escenario con los colores del Orgullo LGTBIQ+ que se celebra este fin de semana en Madrid.
El plano de las tres musulmanas tapadas con la bandera arco iris detrás resume perfectamente la nueva «diversidad» y «normalidad» que la izquierda y el Gobierno van imponiendo. Porque lo verdaderamente llamativo del vídeo grabado hoy en pleno centro de la capital de España no es sólo el atuendo de las tres musulmanas, sino la reacción del entorno: ninguna. Absolutamente nadie se gira. Nadie se escandaliza. Los viandantes pasan de largo, cruzándose con ellas con total indiferencia, asumiendo como parte del panorama de ese momento la invisibilidad forzada de las tres mujeres mientras el varón (en bermudas y camiseta) camina delante de ellas.
Esta escena, grabada a plena luz del día en verano de 2026, no es casual. Es la consecuencia a pie de calle de una realidad que ya cuenta con la aprobación del Congreso de los Diputados. La sumisión de las mujeres pasea por España con total normalidad gracias al blindaje político que la extrema izquierda y la izquierda parlamentaria le otorgaron hace tan solo unos meses.
La votación que contradijo al «Gobierno más feminista de la historia»
Hay que remontarse al pasado mes de febrero para entender cómo hemos llegado a esta anestesia social. Fue entonces cuando el autodenominado «Gobierno más feminista de la historia» certificó su sorprendente connivencia con el machismo religioso. El bloque de investidura liderado por el PSOE —secundado por Sumar, ERC, PNV, Bildu, Podemos e, incomprensiblemente, por un Junts que en Cataluña rechaza el velo— tumbó una proposición de ley que buscaba prohibir el uso del burka y el niqab en los espacios públicos.
Aquel día, el cinismo se apoderó de la tribuna. La diputada socialista Andrea Fernández reconoció abiertamente que el niqab y el burka parten de «lógicas machistas destinadas a ocultar la identidad de las mujeres». Pero, en un giro incomprensible, su partido pulsó el botón del ‘no’. Desde la extrema izquierda, Podemos justificó su rechazo alegando que prohibir esta cárcel de tela era un intento de «recortar libertades y estigmatizar» a la comunidad islámica.
Frente al sectarismo de izquierdas, la diputada del Partido Popular, Ester Muñoz, reprochó con dureza a la izquierda su complicidad con el machismo religioso, cuestionando abiertamente «cuándo compraron los postulados más radicales del islam radical a cambio de dejar tiradas a las mujeres más vulnerables». Muñoz insistió en que combatir el velo integral no atenta contra ninguna fe, sino contra «la invisibilidad forzada» en una nación occidental que ha avanzado firmemente en igualdad y libertad.
La respuesta a esa pregunta se ha podido ver hoy paseando por la plaza de Callao. Mientras la izquierda siga anteponiendo sus equilibrios parlamentarios a la defensa real de la igualdad, la eliminación de la mujer del espacio público seguirá normalizándose ante los ojos de una sociedad que, trágicamente, ya se ha acostumbrado a mirar hacia otro lado.