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Paula Nuévalos, ingeniera y agricultora valenciana (27 años): «Hay pocos trabajos tan gratificantes como la agricultura»

Paula Nuévalos
Paula Nuévalos. Imagen de TikTok @agropauli.

Paula Nuévalos tiene 27 años, es ingeniera y trabaja como agricultora en Valencia, y defiende que su profesión guarda una parte profundamente gratificante pese a las dificultades económicas del sector. «Hay pocos trabajos tan gratificantes como la agricultura», afirma, dejando claro que no está dispuesta a reducir el campo únicamente a sus problemas.

La joven lo contó en un vídeo de su cuenta de TikTok, @agropauli, donde respondía a quienes le piden dejar de «romantizar el campo». Para ella, lo que debería dejar de normalizarse son los bajos precios que reciben los agricultores, no el valor personal y emocional de trabajar en contacto directo con la tierra.

Por qué le parece un trabajo tan gratificante

Nuévalos describe algunos de los momentos que más aprecia de su rutina, como levantarse al amanecer, aprovechar el fresco de las mañanas de verano y caminar entre los cultivos. A eso se suma el silencio del entorno, el sonido de los pájaros y la posibilidad de compartir esas jornadas con su perro, algo que valora especialmente frente al ritmo de una oficina.

Ese vínculo con la naturaleza, insiste, forma parte de lo que hace especial su profesión. Trabajar al aire libre y seguir el ritmo de las estaciones son aspectos que, a su juicio, difícilmente pueden compararse con otras ocupaciones más alejadas del entorno rural, por muy estables que resulten sobre el papel.

El aviso sobre la rentabilidad del campo

Sin embargo, la agricultora deja claro que esa satisfacción no elimina los problemas reales del sector. «Otra historia es que con el salario recibido se pueda vivir», señala, separando así dos cuestiones que considera bien distintas y que a menudo se confunden en el debate público sobre el campo.

Por un lado sitúa el orgullo y el disfrute de la profesión; por otro, la capacidad real de obtener unos ingresos suficientes para vivir de ella.

La joven resume así una visión que combina vocación y reivindicación a partes iguales. Su testimonio conecta con el de muchos jóvenes agricultores que sienten un vínculo genuino con la tierra, pero que reclaman al mismo tiempo mejores condiciones y precios más justos para poder seguir viviendo de su trabajo en el campo, sin tener que elegir entre vocación y sueldo digno.

Un perfil cada vez más habitual en el campo español

El caso de Nuévalos, una ingeniera que decidió dedicarse a la agricultura, refleja un fenómeno cada vez más visible en las zonas rurales españolas: jóvenes con formación universitaria que eligen quedarse en el campo o volver a él, en lugar de buscar salidas exclusivamente urbanas o ligadas a su titulación.

Ese relevo generacional se enfrenta, sin embargo, a obstáculos conocidos: la escasa rentabilidad de muchas explotaciones, el peso de los intermediarios en la cadena de precios y la dificultad de competir con producciones más baratas llegadas de fuera. Son, precisamente, los problemas que Nuévalos señala junto a la parte más positiva de su oficio, sin que uno reste importancia al otro.

Voces como la suya contribuyen a dar visibilidad a una agricultura distinta de la que muchas veces se representa: más conectada con la tecnología y la comunicación digital, pero igual de expuesta a la incertidumbre de los precios y el clima que la de generaciones anteriores.

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