Trabajo

Una italiana de 101 años se levanta al amanecer para atender su bar a las 6:30 de la mañana: lleva abierto desde la II Guerra Mundial

Anna Possi
Anna Possi, barista de 101 años. Imagen de Youtube @InsideEdition.

Anna Possi tiene 101 años y cada mañana se levanta al amanecer para ponerse al frente del bar Centrale, en Nebbiuno, una localidad del Piamonte situada a orillas del lago Mayor. A las 6:30 ya está detrás de la barra preparando cafés para sus primeros clientes, después de haber cortado la leña necesaria para calentar el establecimiento.

Su jornada no termina hasta alrededor de las seis de la tarde. Y, cuando acaba, Anna todavía encuentra tiempo para tejer, consultar las noticias locales y seguir la actualidad económica desde su ordenador. Es una rutina que mantiene desde hace 67 años y que ha convertido su historia en algo excepcional.

Anna Possi lleva 67 años al frente del bar Centrale

Anna comenzó a trabajar cuando solo tenía 18 años, ayudando a unos familiares en el sector hotelero. Después pasó por una trattoria en Génova hasta llegar a Nebbiuno, donde abrió el bar que continúa regentando actualmente.

Desde entonces, apenas ha cerrado el establecimiento. Su rutina comienza al amanecer y, antes de las 6:30, ya se ocupa de preparar el local para recibir a los primeros clientes. Entre sus tareas está incluso cortar la leña que utiliza para calentarlo.

A lo largo de las décadas, el bar Centrale se ha convertido en una parte inseparable de su vida. Anna continúa atendiendo la barra y sirviendo cafés a diario, pese a haber cumplido ya 101 años.

Su relación con el establecimiento es tan estrecha que solo contempla una circunstancia capaz de hacer que cierre sus puertas. Quiere cumplir uno de sus sueños pendientes: visitar Turín por primera vez junto a su hija Cristina.

«Será la única vez que cierre el bar», asegura Anna, que mantiene así una rutina que ha marcado buena parte de su vida.

El sencillo menú con el que Anna explica su longevidad

Cuando le preguntan por su secreto para haber llegado a los 101 años, Anna no habla de ninguna fórmula extraordinaria para la longevidad. Su alimentación, según explica, siempre ha estado marcada por la sencillez y, sobre todo, por la moderación.

Cada mañana desayuna una taza de té acompañada de una porción de pastel de manzana. El dulce lo prepara ella misma utilizando manzanas de la zona.

A mediodía come espaguetis, que puede preparar con mantequilla o con ajo, aceite y guindilla. El plato se acompaña de una pieza de fruta o de un poco de queso.

Por la noche suele escoger un puré de alubias y garbanzos, con el que incorpora proteínas vegetales, además de fruta cocida. Su forma de resumir esta alimentación es sencilla: «Siempre muy poco de todo».

Durante una época también disfrutaba de una copa de vino, aunque dejó de hacerlo después de ser diagnosticada de una hernia de hiato. Desde entonces, su alimentación sigue basada en pequeñas cantidades y platos sencillos.

Viajeros de todo el mundo acuden a conocerla

La historia de Anna ha acabado traspasando las fronteras de Italia. En los últimos años, personas procedentes de Alemania, Suiza, Reino Unido, Perú e incluso China han viajado hasta Nebbiuno atraídas por la posibilidad de conocer a la camarera centenaria y tomar un café servido por ella.

Anna conserva recuerdos de muchos de esos visitantes. Guarda cuadernos llenos de dedicatorias, además de fotografías y mensajes que le han dejado las personas que pasan por el bar.

Pero, para Anna, su actividad diaria parece tener un significado que va mucho más allá de atender a los clientes. Seguir teniendo algo que hacer forma parte de su manera de entender la vida.

«Me gusta tener siempre algo que hacer y nunca estar quieta», explica. Para ella, mantener una actividad que le gusta es también una forma de evitar el estrés.

 

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