Economía

El espejismo del consumo se agota mientras el ahorro cae a mínimos y la inversión no se recupera

comercio minorista
Viandantes a la entrada de un comercio (Foto: GETTY).

El gasto en consumo público representa ya el 25% del consumo total en España

El consumo privado se ha recuperado gracias al petróleo barato y el 'dinero negro' aflorado

El ahorro ha caído a tasas históricamente bajas

La inversión es 10 puntos inferior a la que había en 2007

El consumo de los hogares, que ha tenido un papel muy relevante en la recuperación, empieza a mostrar signos de agotamiento. España afronta la llegada del fin de los estímulos con tasas de ahorro históricamente bajas y la inversión en niveles muy inferiores a los años anteriores de la crisis.

Las cifras del INE sobre la evolución del PIB advierten de un espectacular aumento del consumo en detrimento de la inversión productiva, que es la que debe generar estabilidad laboral y un crecimiento más sostenible. Así, desde el lado de la demanda, la recuperación también muestra un cierto cansancio.

Si al inicio de la crisis el peso en el PIB del consumo final en España era del 74,6%, ahora lo es del 76,4%, es decir, ha subido en casi dos puntos. Es como consecuencia de alza del consumo de los hogares y curiosamente también del consumo público que, a pesar de los ajustes anunciados, no
ha parado de crecer con un déficit por encima de los objetivos de los planes de Estabilidad.

Demanda PIB
Demanda PIB

El consumo de los hogares representa ahora el 75% del consumo total en España y el 57% del PIB, un punto más que en 2007. Nunca se había llegado a este porcentaje tan elevado. Se debe, además de la mejoría laboral, a que en los últimos años se había producido un viento de cola inesperado,
la caída del precio del petróleo, que ha trasvasado a los bolsillos de los ciudadanos una media entre 10.000 y 15.000 millones por año y que ha actuado de fuelle de la economía.

Desde el lado de la demanda se observa que el principal componente del PIB es el consumo de los
hogares, que alcanza el 57%, casi tres veces más que la inversión

También se debe a que con el crecimiento económico a partir de 2014 se ido desembalsando el dinero que estaba guardado como ahorro para hacer frente a la crisis y también ha salido parte del dinero negro que se encontraba “debajo del colchón”. El caso es que, desde hace al menos tres años, los billetes de 500 euros han vuelto al mercado. Se han visto en operaciones inmobiliarias o incluso en las compras de bienes duraderos relacionados con el repunte de la construcción o de, por ejemplo, los coches de alta cilindrada.

El alza de consumo, que se ha produjo incluso con el incremento del crédito bancario, ha propiciado una caída del ahorro a tasas históricamente bajas y cercanas al 6% de los ingresos de los hogares. Es decir, se han registrado tasas casi similares a las de los años del boom económico y lejos del 13,4% de, por ejemplo, en 2010. Además, España necesita ahorro nacional para financiar la deuda cuando el BCE deje de comprar o de renegociar las emisiones, que ya alcanzan los 250.000 millones de euros, y no tener que acudir a los mercados foráneos.

Aumenta el consumo público

Por su parte, el gasto en consumo público, que no ha cesado de subir durante la crisis, representa ya el 25% del consumo total en España, dos puntos más que hace 11 años. Y ha crecido hasta el 18,4% del PIB frente al 17,6% de antes de hace 11 años.

En el gasto de los hogares se aprecia ya un agotamiento, lo que afectará al crecimiento de la demanda nacional. Es la consecuencia del mantenimiento del empleo precario y del descenso de los sueldos privados por debajo del IPC a pesar de los acuerdos firmados por la CEOE y los sindicatos para su elevación.

El gasto en consumo de las administraciones públicas supera el 18% del PIB, sólo tres puntos más
que el conjunto de la inversión pública y privada

Mientras, el otro componente de la demanda interna, es decir, la inversión, ha pasado de representar el 31,5% del PIB en 2007 a sólo el 21,8% pese al repunte de los últimos años. Se debe a la espectacular caída en la construcción, que ha pasado de pesar el 21,5% del PIB en 2007 a sólo el
10,7% en 2018. En este descenso tiene que ver de forma importante que gran parte del ajuste público se ha hecho recortando la inversión de las administraciones, que ahora se encuentra a niveles de hace 50 años.

Este “tijeretazo público” ha supuesto un duro ajuste en el empleo privado
y en la actividad económica, así como en la modernización de las estructuras y la productividad del país. La única buena noticia es que la inversión en maquinaria y en bienes de equipo, es decir, la inversión productiva y generadora de empleo en el sector privado, se ha acelerado en este periodo, beneficiada también por el efecto rebote tras las graves caídas de años anteriores, y ha pasado de representar el 24,1% de la inversión total en 2007 hasta el 34,1% en 2018. Sin embargo, su peso en el PIB se mantiene en el entorno del 7,5%.

La otra buena noticia del PIB desde el lado de la demanda, de momento, es que el sector exterior colabora en el crecimiento de la economía (representa un 1,8% del PIB 2018 frente al -6,1% en 2007) gracias al aumento de las exportaciones y al descenso de las importaciones energéticas por el descenso del precio del petróleo en los últimos años. Sin embargo, además del repunte del precio del crudo, ya hay alertas sobre el aumento de las dificultades a las exportaciones por la guerra arancelaria iniciada por Estados Unidos que empieza a afectar a las economías occidentales. A ello se añade el posible repunte de los tipos de interés a medio plazo.

Para evitar males mayores o medio plazo sobre todo, España tendría que crecer de una forma más sana. Es decir, con menos consumo público y privado; más inversión productiva, sobre todo pública, generadora de más y mejor empleo y a la vez mayor potencial exportador; así como con empresas de mayor tamaño. Es lo que se menciona en el programa del actual Gobierno que duerme ahora en un cajón de la sede socialista. Es lo que deberían propiciar los Presupuestos en detrimento de los intereses electorales cortoplacistas.

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