El país de la UE con mayor déficit

España tendrá que importar la mitad de la leche y lácteos que consume en una década si no frena la desaparición de granjas

En nuestro país quedan 9.000 explotaciones de vacas lecheras frente a las 60.000 que había a inicios de siglo

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La guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, la invasión rusa de Ucrania, la agresividad comercial de China o los aranceles de EE.UU. a Europa. En los últimos años, el mundo y nuestro país han asistido a un seísmo geopolítico que ha puesto en jaque el dogma del libre comercio y las sociedades abiertas y ha hecho que conceptos como el de la soberanía estratégica vuelvan a estar en primera línea.

Quedó claro durante la pandemia de Covid-19. Los Estados modernos no pueden fiarlo todo a la buena fe de sus socios y necesitan un cierto grado de autonomía; y eso pasa por la energía, la industria, la defensa y, por supuesto, la alimentación.

Si de eso se trata, España tiene un problema, y el mejor ejemplo de ello es lo que le sucede al sector lácteo. En lo que llevamos de siglo la profesión ha vivido una verdadera sangría, pues si en el 2000 había 60.000 ganaderos con vacas lecheras, en 2025 esa cifra había caído por debajo de los 9.000 (según datos del Ministerio de Agricultura). Si se añaden al balance los productores de leche de cabra y oveja, el dato escala hasta los 14.800 profesionales en activo actualmente, aunque la tendencia es idéntica; solo entre 2024 y 2025, el número de autónomos del sector cayó un 7%.

Evidentemente, esto responde a una miríada de factores, entre los que destaca el envejecimiento de la economía agraria -un problema que no es único del lácteo-. Además, hay que tener en cuenta que hoy se puede hacer más con menos, pues donde antes había granjas de diez o veinte cabezas ahora las hay de noventa animales (el tamaño medio actual de las explotaciones lecheras en España).

Sin embargo, aun teniendo en cuenta esto último el saldo es claramente negativo, pues el sector no ha sido capaz de aumentar su producción al mismo ritmo que crecía la población, hasta el punto de que España es el país de la Unión Europea con el mayor déficit comercial en lácteos; concretamente, el balance en 2025 fue de -1.500 millones de euros, que es la diferencia entre el valor de la leche (y sus derivados) importados y exportados.

Actualmente la industria nacional es totalmente incapaz de satisfacer la demanda, pues el año pasado las ganaderías españolas produjeron 8,4 millones de toneladas de leche (ya sea de vaca, cabra u oveja) mientras que el consumo fue de 12,9 millones de tn; esto último, si se mide en equivalente leche, un indicador necesario para hacer el análisis porque incluye el consumo de los subproductos lácteos contabilizándolo a partir del número de litros que se requieren para producir cada uno de ellos; para hacer un kilo de queso, por ejemplo, se necesitan ocho litros de leche.

Los datos son de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), que el pasado miércoles presentó un informe en el que advierte de que, con los actuales datos de consumo y producción, en una década España tendrá que importar la mitad de la leche y lácteos que consume (actualmente ya compra fuera el 35%). Según explicó Javier Roza, presidente de Fenil, todo empieza por los ganaderos, que tienen un problema que «no se puede obviar».

Lo cierto es que las organizaciones agrarias llevan años denunciando la falta de rentabilidad en el sector y las ventas a pérdidas, en una pelea que muchas veces les ha enfrentado a la industria y a la distribución; en el caso de esta última, porque reiteradamente la acusan -lo han vuelto a hacer este año- de utilizar la leche como producto reclamo en los supermercados.

En lo segundo, envasadores y ganaderos han estado de acuerdo en el pasado, pues hace ahora un lustro ambos eslabones de la cadena hicieron causa común contra las grandes cadenas, aunque en opinión de Fenil ese problema está superado -aunque se mantienen vigilantes- y consideran que la distribución ha actuado con «responsabilidad». Y respecto a lo primero, desde la industria tienen ya un listado de soluciones que quieren que estén en el radar del Gobierno que salga de las urnas el próximo 29 de noviembre.

Para Fenil, el problema de la rentabilidad se soluciona con innovación, reducción de cargas burocráticas, medidas que faciliten el arraigo de las comunidades rurales y el relevo generacional de las explotaciones -y eso pasa por la fiscalidad, explicó Javier Roza- y, sobre todo, economías de escala. En relación a esto último, hay que recordar que España es el único gran país productor de la UE que impone una limitación al número de vacas por granja (725 animales).

Luego está la inversión, y en esto el sector apuesta por concentrar buena parte del esfuerzo en el queso, que para Fenil es el producto clave que permitirá que la industria crezca en valor (y pueda repartir ese valor a lo largo de la cadena).

De nuevo, los datos son claros, pues lo cierto es que la mayor parte del déficit comercial del lácteo en España se explica por las importaciones de queso; concretamente, el año pasado nuestro país compró 434.844 toneladas de este derivado y vendió apenas 131.696. Se trata, según apuntó el presidente de Fenil, de crear las condiciones para que la industria nacional pueda producir más lácteos y, con esto, aumentar la demanda, los precios y los incentivos para que los ganaderos conserven sus explotaciones.

 

 

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